La tediosa e incomprensible 'Flauta' de Damiano Michieletto

Roma

18 / 01 / 2024 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 3 min

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flauta michieletto La producción de Damiano Michieletto de 'La flauta mágica' © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI
flauta michieletto Markus Werba como Papageno en 'La flauta mágica' de Roma © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI
flauta michieletto Aleksandra Olkzyk (Reina de la Noche) y Emöke Baráth (Pamina) 'La flauta mágica' de Roma © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI

Teatro dell'Opera di Roma

Mozart: LA FLAUTA MÁGICA

Emöke Baráth, Aleksandra Olczyk, Caterina di Tonno / Mariam Suleiman, Juan Francisco Gatell, Markus Werba, John Relyea, Marcello Nardis, Arturo Espinosa, Nicola Straniero. Dirección musical: Michele Spotti. Dirección de escena: Damiano Michieletto. 13 de enero de 2024.

Esta producción de La flauta mágica llegaba a la Ópera de Roma con las ideas del director de escena Damiano Michieletto, de quien se espera una interpretación personal, ya sea genial o discutible, pero siempre interesante. Esta vez era el turno de las ideas oscuras y contradictorias y, lo que es peor, abrieron paso a un espectáculo pobre y aburrido, especialmente en su segunda parte.

Michieletto se tomó el libreto de Schikaneder como una fábula estúpida para niños y eliminó todos sus momentos cómicos o fantásticos. Papageno fue presentado no como un personaje de fantasía, sino como el viejo y achacoso bedel de una escuela, que cantaba su vivaz aria de entrada mientras barría fatigosamente el suelo. Su Papagena no se transforma de viejecilla fea en agraciada joven, sino que se convierte en otra mujer (y no en el momento previsto para su transformación) por lo que este personaje fue interpretado por cantantes distintas. La Reina de la Noche, que aparece en un cuchitril y vestía a la moda de los años 50, no tenía nada de fantasioso o de terrorífico.

El regista eliminó toda referencia a la masonería a la que alude Shikaneder para hacer honor a sus ideas y a las del propio Mozart para hablar del proceso de maduración de Tamino. Prescindió asimismo del rito iniciático que Tamino y Pamina deben superar, por lo que en el segundo acto se produce una desconexión entre texto y música, cuyo resultado fue no solo incomprensible sino también tedioso.

"Markus Werba consiguió a pesar de todo dotar de vivacidad a su personaje de Papageno y hacerlo simpático, aunque fuese cerrando los ojos para no verlo"

Una regia como esta no podía no tener su reflejo en el tratamiento musical, pero Markus Werba consiguió a pesar de todo dotar de vivacidad a su personaje de Papageno y hacerlo simpático, aunque fuese cerrando los ojos para no verlo. Emöke Baráth fue una espléndida Pamina que cantó maravillosamente su melancólica aria del segundo acto. Volvía por tercera vez a Roma Juan Francisco Gatell para cantar Tamino, y aunque lo hiciera impecablemente la impresión fue de adaptarse mal personaje marcado por la dirección escénica, encontrándose asimismo con dificultades Alexandra Olczyk en las dos arias de la Reina de la Noche.

Muy bien, en cambio, John Relyea (Sarastro) y Macello Nardis (Monostatos), así como el chileno Arturo Espinosa y Nicola Straniero, intérpretes de los dos sacerdotes y de los hombres armados. Modestas las dos intérpretes de Papagena, Caterina di Tonno y Maiam Suleiman. La orquesta sonó con precisión pero sin demasiado relieve a las órdenes del joven Michele Spotti, que no dio la impresión de estar lo bastante maduro para una obra como La flauta mágica. El público aplaudió sin gran entusiasmo y abundaron las muestra de desaprobación para Michieletto.  * Mauro MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL