CRÍTICAS
NACIONAL
La segunda Carmen pasaba por allí
Sevilla
Teatro de La Maestranza
Bizet: CARMEN
Reparto alternativo
Gabriela Flores, Alejandro del Cerro, María Miró, Badral Chuluunbaatar, Mercedes Arcuri, Anna Gomá, Javier Castañeda, Alejandro Sánchez, Pablo Gálvez y Pablo García López. Dirección musical: Salvador Vázquez. Dirección de escena: Emilio Sagi. 18 de junio de 2025.
La mezzo mexicana Gabriela Flores era, en cierto modo, nueva en el Teatro de La Maestranza, con más inconvenientes que virtudes para enfrentarse a un papel tan icónico y complejo como esta Carmen del reparto alternativo (ver crítica del primer cast en este enlace). Posee un bello timbre, suficiente potencia y fraseo exquisito, además de capacidad para cantar la partitura con holgura e impecable profesionalidad; pero nada de eso es suficiente si no le acompaña el carisma y el arrojo necesarios para afrontar el carismático personaje con convicción. Su paso por Sevilla se antojó falto de gracia y contundencia: faltó sensualidad y pasión, tanto en el aspecto estrictamente dramático como en su forma de modular la voz, que hubiera requerido más flexibilidad y capacidad irónica. Con más trayectoria profesional, y más papeles protagonistas a sus espaldas, el cántabro Alejandro del Cerro se empeñó más a fondo en su forma de entender el ambiguo y pendenciero papel de Don José, tan propenso a la ternura como al hieratismo más absoluto cuando las circunstancias le son adversas. Así, entonó «La fleur que tu m’avais jetée» con una considerable dosis de romanticismo, controlando reguladores y cambios de registro con tanta sensibilidad como cierta afectación, mientras aportó visceralidad a la trágica escena final.
Es difícil sustraerse a la ternura de Micaela, y quizás eso propició la fuerte ovación que mereció María Miró, cuya potencia vocal es ciertamente impresionante, pero que acusa excesiva rigidez tanto en su forma de actuar como de cantar, además de evidenciar una voz de timbre algo estridente. Mejorar al Escamilla de Dalibor Jenis no es tarea difícil, y desde luego el joven Badral Chuluunbaatar lo consiguió a pesar de carecer del carisma y de la contundencia necesaria para el rol, lo que le llevó a entonar la canción del toreador con cierta desgana y falta de arrojo, si bien se agradeció su flexible entonación y firme línea de canto, sin altibajos y siempre audible.
Hay que aprovechar la ocasión para reparar más en el resto del elenco de lo que se hizo en la reseña del estreno. La soprano Mercedes Arcuri y la mezzo Anna Gomà fueron dignas amigas de la protagonista, logrando un buen trabajo de equipo en su participación en el quinteto del segundo acto y, especialmente, en una escena de las cartas de alto nivel. También el barítono granadino Pablo Gálvez y el tenor cordobés Pablo García-López alcanzaron un excelente desempeño en sus breves intervenciones, especialmente en el quinteto aludido. El barítono palentino Javier Castañeda compuso un Zúñiga sólido, sobrio como actor, autoritario como cantante. Menos acertado estuvo el barítono peruano Alejandro Sánchez, por acusar una voz algo temblorosa, aunque resultó eficaz en su breve cometido.
No es fácil acercarse al universo de la gitana sevillana desde el foso; requiere un sentido del drama acusado, a la vez que una buena dosis de sensualidad y un nivel de ternura capaz de captar la personalidad poliédrica de la desventurada protagonista. Podría decirse que Salvador Vázquez, director de la Orquesta de Córdoba, logró ceñirse en un buen porcentaje a estas exigencias, si bien prefirió asentarse en texturas suaves, incluso amables, que acentuaran el carácter pre impresionista de la partitura, a la vez que potenciaran su ternura romántica. La tragedia también quedó perfectamente plasmada en los pasajes más dramáticos de la pieza. * Juan José ROLDÁN, colaborador de ÓPERA ACTUAL
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