La Scala aplaude las maravillas de Cavalli

Milán

16 / 11 / 2021 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 4 min

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lacalisto-operaactual-scala (1) Olga Bezsmertna como Diana © Teatro alla Scala / Brescia & Amisano
lacalisto-operaactual-scala (1) Una escena de la producción de David McVicar © Teatro alla Scala / Brescia & Amisano
lacalisto-operaactual-scala (1) Véronique Gens como Giunone © Teatro alla Scala / Brescia & Amisano

Teatro alla Scalla

Cavalli: LA CALISTO

Estreno local. Nueva producción

Christophe Dumaux, Chen Reiss, Markus Werba, Véronique Gens, Luca Tittoto, Olga Bezsmertna, John Tessier, Luigi Di Donato, Federico Guida, Chiara Amarù, Svetlina Stoianova, Damiana Mizzi. Dirección musical: Christophe Rousset. Dirección de escena: David McVicar. 13 de noviembre 2021.

El tardío debut en La Scala de una ópera de Francesco Cavalli, La Calisto, con libreto de Giovanni Faustini, libremente inspirado en las Metamorfosis de Ovidio, una auténtica obra maestra poética y dramatúrgica, no podía acogerse a mejores auspicios: una espléndida puesta en escena firmada por David McVicar con escenografía de Charlkes Edwads, vestuario de Doey Luthi, diseño luces de Adam Silverman, coreografía de Jo Meredith y proyecciones video de Rob Vale, una exquisita ejecución musical de Christophe Rousset al frente de Les Talents Lyriques y profesores de la orquesta del Teatro alla Scala con instrumentos históricos y un reparto ideal los configuraban.

En la última representación la sala ofrecía un consolador aspecto con un lleno absoluto, ya sea por el boca oreja mediático o sobre todo por la venta de localidades a precio reducido, con afluencia de un público nuevo y de jóvenes como sería siempre de desear. Esta ópera en particular podría ser el gancho para atraer a nuevos aficionados: el recitar cantando, con la ayuda de los sobretítulos y también en virtud de la óptima dicción italianas de todo el reparto, ofrecía en este caso una versión comprensible del texto cantado. Los stornelli tenían la ventaja de la brevedad, y las cadencias y los vocalizzi no complicaban la audición a quienes no están familiarizados con los da capo y las variaciones que adornan las óperas sucesivas.

"El extraordinario contratenor Christophe Dumaux, de musicalidad perfecta y de preciosa voz, perfectamente identificado con el personaje"

La originalidad de la música y el texto en 1651 no escandalizaba ya a nadie e ilustraba la aparición del siglo de las luces que imputaría al Olimpo la conducta licenciosa practicada por la nobleza y el pueblo. Todo está aquí sutilmente sobreentendido, pero cuesta poco entender cómo había de practicarse la confusión de los géneros antes de que, cuatro siglos más tarde, quedase regulada como políticamente correcta. Calixto cree amar a Diana que es en realidad el disfrazado Júpiter, mientras Diana ama a Endimión, contraviniendo así las leyes divinas que exigen su castidad, mientras sátiros y ninfas, guiados unos por Pan y Silvano y otras por Linfea, cometen toda clase de tropelías frente a una Juno ácida pero impotente salvo por su capacidad de vengarse.

Dirigió Rouset con soltura y sentido del etilo sin perder nunca de vista la escena. El ambiente único recreaba el observatorio de Galileo Galilei, al que se identifica con el personaje de Endimión, el extraordinario contratenor Christophe Dumaux, de musicalidad perfecta y de preciosa voz, perfectamente identificado con el personaje. En el centro se veía un enorme telescopio, un pavimento con los signos del zodíaco y una cúpula estrellada que se abre para la aparición de la luna (Diana, aquí designada con diversos nombres como Cintia o Febea) mientras a intervalos regulares se abren en la biblioteca circular enormes puertas-ventanas desde las que se distinguen varias vistas ambientales y, en el conmovedor final, la constelación de la Osa Mayor. McVicar, gracias a la utilización de la pasarela, acierta a identificar a los artistas y a conseguir la complicidad del público, culminando así una representación extraordinaria.

En el reparto se ha mencionado ya a Endimión, pero no le fueron inferiores los demás, desde Chen Reiss a la veterana Juno, la imponente Véronique Gens y al apropiado Mercurio de Markus Werba, un barítono muy querido en la Scala y aquí en forma superlativa. Con ellos brilló el arrogante Júpiter del bajo Luca Tittoto, doblado en su papel de Diana por la estupenda Olga Bezsmertna. Muy bien todos los demás, con el tenor Johnm Tessier, el bajo Luigi Di Donato, Federico Guida (La Eternidad y una de las Furias) y Svetlina Stoyanova (Otra Furia y Desiderio). Mención especial para la soprano Damiana Mizzi, Satirino que corteja a la Linfea de la mezzosoprano Chiara Amarù, mereciendo ambas un irrefrenable aplauso en escena por vitalidad escénica y perfecta vocalidad.  * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL