La primera gran noche de Saioa Hernández en el Real

Madrid

21 / 09 / 2020 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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Saioa Hernández fue la gran triunfadora de la noche © Teatro Real / Javier DEL REAL
Ballo Una escena de la producción de Gianmaria Aliverta en el Teatro Real © Teatro Real / Javier DEL REAL
Una imagen del público joven del Real © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Verdi: UN BALLO IN MASCHERA

'Première' para público joven

Saioa Hernández, Ramón Vargas, George Petean, Silvia Beltrami, Elena Sancho Pereg, Tomeu Bibiloni, Daniel Giulianini, Goderdzi Janelidze, Jorge Rodríguez-Norton. Orquesta Titular del Teatro Real. Dirección: Nicola Luisotti. Dirección de escena: Gianmaria Aliverta. 16 de septiembre de 2020.

El Teatro Real arrancó la temporada con un guiño de marketing bien proyectado, que pretendía no solo normalidad operística, sino novedad de apertura: una première para jóvenes a precios populares que hacía partícipes a los menores de 35 años de una función que reconvertía un ensayo general. La idea funcionó como un reloj, y el Real rejuveneció notablemente la edad media de su aforo reducido, aunque no dejara de resultar curioso que la mayor parte de esos jóvenes acudiera al coliseo como si de una boda regia se tratase. O, dicho de otra manera, la media de edad bajó en treinta años, pero apagadas las luces del patio de butacas, los brillos y los trajes de chaqueta eran los mismos que los de cualquier día de estreno. También se notaba la novedad en el recibimiento a los artistas: pocas intervenciones quedaron sin aplaudir.

"El debut de Saioa Hernández, idolatrada en Italia pero con poco espacio en su tierra natal, apuntó a futuras grandes noches, dibujando una Amelia convincente gracias a su habitual fraseo minucioso y atención al detalle"

Sobre el escenario, el equipo artístico del Real avanzó otro paso respecto a lo que había sido la Traviata, y puso en escena un adaptado montaje de Gianmaria Aliverta ya visto sin tantas restricciones en La Fenice hace un par de años, y con idénticos pecados de inocencia y superficialidad. Debe entenderse, sin duda. El montaje de Alden, que era el inicialmente previsto, no podía llegar, así que se optó por querer lo que se tiene en lugar de tener lo que se quiere. La reivindicación no es el montaje en sí mismo, sino el hecho de que haya un montaje, aunque diste de ser el más lúcido de las últimas temporadas. Más bien al contrario.

El atractivo de la velada estaba en el debut en el Real de la soprano madrileña Saioa Hernández, idolatrada en Italia pero con poco espacio en su tierra natal. Por suerte no habrá que esperar hasta su Abigaille en el Nabucco allá por 2022. Su estreno apuntó a futuras grandes noches, dibujando una Amelia convincente gracias a su habitual fraseo minucioso y atención al detalle, como ya demostrara en el Ballo gallego de hace unos años. Su centro está cada vez mejor timbrado y se agradece la proyección fácil y llegada franca al territorio del agudo. La secundaba un más que apurado Ramón Vargas en el papel de Riccardo, y un muy meritorio Renato de George Petean, que fue creciendo a medida que avanzaba la noche. Como ya ocurriera antes del verano, la batuta de Nicola Luisotti apuró su técnica y conexión con la orquesta para solventar algunas inconcreciones y acudir en auxilio de más de un cantante con propensión a la entrada confusa. La orquesta enseñó una nutrida paleta de colores entre afrancesada e italianizante, tal y como exige la partitura.

Tras las ovaciones múltiples por parte del público ocurrió lo que no se ve en una función cualquiera: mientras el personal de sala se afanaba en desalojar a unos pocos selfie-adictos, Luissoti pedía cinco minutos a la orquesta para repasar unos compases. Bendito compromiso.