La perfección musical del 'Orfeo' del Jacobs

Oviedo

13 / 06 / 2023 - Pablo GALLEGO - Tiempo de lectura: 3 min

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orfeo oviedo Imagen de 'Orfeo ed Euridice' en el Auditorio de Oviedo con René Jacobs © Auditorio de Oviedo
orfeo oviedo Imagen de 'Orfeo ed Euridice' en el Auditorio de Oviedo con René Jacobs © Auditorio de Oviedo
orfeo oviedo Imagen de 'Orfeo ed Euridice' en el Auditorio de Oviedo con René Jacobs © Auditorio de Oviedo

Auditorio Príncipe Felipe

Gluck: ORFEO ED EURIDICE

En versión de concierto

Helena Rasker, Polina Pastirchak, Giulia Semenzato. Freiburger Barockorchester. RIAS Kammerchor. Dirección: René Jacobs. 11 de junio de 2023.

El mito de Orfeo y su descenso al inframundo a la búsqueda de su esposa Eurídice, en sus diferentes versiones musicales, se ha convertido en una de las líneas argumentales de la presente temporada lírica, dentro y fuera de España. El ciclo de Los Conciertos del Auditorio, en Oviedo, forma parte de ese corpus cultural europeo, eligiendo la versión de Gluck sobre esta historia fundacional de la ópera para cerrar la temporada previa a su 25º aniversario. Una velada, con la Orquesta Barroca de Friburgo, el RIAS Kammerchor y las solistas Helena Rasker (Orfeo), Polina Pastirchak (Euridice) y Giulia Semenzato (Amore), todos ellos a las órdenes del maestro (con todo el valor de la palabra) René Jacobs, rayana con la perfección musical.

No por relativamente habitual —esta era la cuarta vez que Jacobs visitaba el Auditorio ovetense, tras dedicar sus conciertos anteriores a dos óperas de Mozart, La finta giardiniera y Don Giovanni; y a la monumental Misa Solemnis de Beethoven— deja de ser de esencial importancia su presencia en Oviedo. Tanto por lo que esto implica en cuanto a respeto por la calidad de la plaza —este Orfeo ed Euridice, además de la capital del Principado, en España visitó únicamente el Liceu de Barcelona (consulta aquí la crítica del Liceu) y el Teatro Real de Madrid—, como por el despliegue musical que ofrece al público y el hechizo con el que le somete, capaz de elevar siempre el listón fijado en la memoria, más allá de la incursión de algún inapropiado fotógrafo aficionado, empeñado en guardar ese tesoro en la galería de su teléfono móvil en lugar de en su cerebro.

"De manual el Amore de Giulia Semenzato, poniendo toda sus habilidades al servicio de rol que mueve la acción dramática"

Comenzando por el maestro, Jacobs fue, desde su asiento, el hacedor supremo del espectáculo. Una suerte de pantocrátor que dirige los designios de hombres, mujeres, héroes y furias con precisión y naturalidad, desde un profundo conocimiento alejado de imposturas, hasta que el exigente periodo de trabajo necesario para llegar a este nivel musical —y cultural, y teatral y hasta estético— destila una poderosísima sencillez. Todo estaba en su sitio, nada sobraba, faltaba ni fallaba, y cada parte respondía de forma óptima, siempre al servicio de la obra. Larga vida al maestro.

La Orquesta Barroca de Friburgo, una de las referencias en el campo de las interpretaciones historicistas, dio una importante lección como broche a la temporada no solo por la elevadísima calidad de sus profesores en este refinado lenguaje —a destacar la ingente labor de la concertino Cecilia Bernardini, la arpista Mara Galassi y el extraordinario oboe del tarraconense Josep Domènech—, sino por su capacidad de funcionar como un todo, un cuerpo físico y sonoro que respira y casi vive como un único instrumentista de descollante afinación. La suma generosa siempre será superior a la individualidad de las partes, aunque no todos lo vean así.

Orfeo y Eurídice, la primera ópera de reforma de Gluck, busca en su poesía, lenguaje y acción dramática, alejados de las convenciones de aquel tiempo y quizá también de las actuales, reflejar la sencillez y el poder de la tragedia griega. El coro juega en ella un papel fundamental, y es posible pensar para esta aventura órfica en formaciones alternativas al alemán RIAS Kammerchor, pero muy difícilmente superiores. Con apenas una treintena de efectivos bien equilibrados, sus cantores dan vida al universo de esta ópera de manera apabullante, con un empaste envidiable, timbre de una cegadora brillantez y entrega al juego de una representación en versión de concierto ajena al estatismo. Gestos sencillos, como cantar de espaldas convertidos en furias que sopesan el valor del héroe, cambian por completo el paradigma habitual y abren la puerta a la imaginación.

Mucho más allá de la merecida fama de su número más célebre –“Che farò senza Euridice?”–, el largo papel protagónico exige una o un intérprete a la altura, territorio que mantiene indistintamente en disputa a mezzosopranos, contratenores y algún tenor. La contralto holandesa Helena Rasker puede, por derecho propio, reclamar aquí la parte como suya, dando voz a un Orfeo valeroso y juvenil que únicamente perdió algo de fuerza en las zonas más graves del registro. De manual el Amore de Giulia Semenzato, poniendo toda sus habilidades al servicio de rol que mueve la acción dramática. E impactantes la proyección, riqueza vocal y recursos estilísticos de la soprano Polina Pastirchak como Eurídice, que hizo olvidar lo reducido de su parte para recordarle al público que, al menos aquí, el amor todo lo puede. Siempre que haya, claro, mucho trabajo detrás.  * Pablo GALLEGO, corresponsal en Oviedo de ÓPERA ACTUAL