La papisa Norma en el bosque de crucifijos

Barcelona

20 / 07 / 2022 - Fernando SANS RIVIÈRE - Tiempo de lectura: 5 min

Print Friendly, PDF & Email
Norma Rebeka Liceu Marina Rebeka como la papisa Norma en la producción de 'Norma' de Àlex Ollé © Gran Teatre del Liceu
Norma Rebeka Liceu Marina Rebeka como la papisa Norma en la producción de 'Norma' de Àlex Ollé © Gran Teatre del Liceu
Norma Rebeka Liceu Marina Rebaka y Varduhi Abrahamyan © Gran Teatre del Liceu

Gran Teatre del Liceu

Bellini: NORMA

Marina Rebeka, Riccardo Massi, Varduhi Abrahamyan, Nicolas Testé, Núria Vilà, Néstor Losán. Orquesta y Coro del Gran Teatre del Liceu. Dirección musical: Domingo Hindoyan. Dirección de escena: Àlex Ollé. 18 de julio de 2022.

La apuesta del Gran Teatre del Liceu por Alex Ollé (La Fura dels Baus) como artista residente (ver crítica Pelléas et Melisande) tuvo su primer revés con parte del público en la presentación de esta propuesta escénica de Norma de Bellini creada por el director catalán en 2016 para la Royal Opera House de Londres. Una propuesta que usa símbolos cristianos en un país imaginario del siglo XX, convirtiendo a los druidas celtas en una comunidad religiosa cerrada y alejada del mundo por un bosque inmenso de crucifijos, frente a los ciudadanos normales representados en esta producción en traje y corbata actuales, como sucede con el procónsul romano de la Galia, Pollione, y su confidente, Flavio.

La escenografía de Alfons Flores, realmente espectacular, posee bastante movilidad a pesar de ser casi única para sus dos actos, acercando las partes laterales, subiendo y bajando el altar, la casa de Norma o la gran corona de espinas formada también por multitud de crucifijos. Excelente también el vistoso vestuario de Lluc Castells en cuanto a la comunidad cristiana, desde la papisa Norma a los trajes cardenalicios de las sacerdotisas, pasando por los altos mandos militares con sus trajes de gala y capas blancas o los nazarenos con sus capirotes. Todo ello realzado por la impecable iluminación a cargo de Marco Filibeck. Ollé basa su propuesta en la leyenda de la Edad Media sobre la Papisa Juana –que en el siglo IX llegaría a ser Papa haciéndose pasar por hombre– y convierte a la suma sacerdotisa de los celtas en el Papa de Roma, iniciando el primer acto de forma impresionante y con una escena cargada de símbolos que recuerdan a los católicos o protestantes, ya que la protagonista canta “Casta Diva” desde un púlpito mientras vuela un enorme botafumeiro –réplica del de la Catedral de Santiago– o la escena de la confesión de Adalgisa a Norma explicándole su relación con Pollione, que Ollé ubica en un confesionario real.

La propuesta, en todo caso, va decayendo en las siguientes escenas al ir perdiéndose el protagonismo de la Papisa y del conflicto religioso y político para centrarse en la trama amorosa entre Norma, Pollione y Adalgisa, y el futuro de los hijos de la pareja –que viven en un modernísimo apartamento con escalextric y televisión de plasma–, con lo que la producción devuelve al público al mundo actual, en confrontación al poder de las órdenes religiosas. El montaje destaca en lo visual, pero resulta complejo y enrevesado para su seguimiento frente al libreto original, con numerosas contradicciones, como que aparezcan los celtas-cristianos como opresores de los romanos o que el procónsul amenace a Norma con irse con Adalgisa a Roma y que transforma el final haciendo que Oroveso mate a su hija Norma antes de que se lance a la hoguera, detalles que fueron recibido con numerosos abucheos al final del estreno cuando Ollé salió a saludar.

El aspecto musical fue mucho más redondo, con una muy solvente dirección desde el foso del venezolano Domingo Hindoyan, quien ya tuvo una excelente actuación con Luisa Miller en 2019, y que esta vez repitió un acertado enfoque desde la obertura, con una lectura muy inteligente, vivaz y equilibrada que mantuvo la tensión y subrayó la belleza de la partitura a lo largo de toda la ópera, dejando espacio para el lucimiento de las voces y ofreciendo una gran conjunción de la Orquesta del Liceu, bien arropada por el destacado Coro del coliseo barcelonés.

Marina Rebaka y Varduhi Abrahamyan © Gran Teatre del Liceu
Norma Liceu Abrahamyan Varduhi Abrahamyan y Riccardo Massi © Gran Teatre del Liceu
Norma Liceu Ollè 'Norma' en la producción de Àlex Ollé para el Covent Garden de Londres en su presentación en Barcelona © Gran Teatre del Liceu

El debut de la soprano Marina Rebeka causó sensación en un personaje que ha cantado en los principales teatros del mundo. La soprano letona deslumbró con un instrumento muy bien manejado y de perfecta proyección canora muy apto para este rol, de los más complejos y difíciles del repertorio que Rebeka supo dominarlo en las diferentes escenas con un fraseo y medias voces exquisitas, unos agudos deslumbrantes, buenos graves y control técnico considerable, especialmente en las variaciones propuestas a la partitura original. Quizás el único pero, sea la falta de una mayor calidez vocal en algunos pasajes de su, en general, excelente interpretación canora y actoral.

A su lado el Pollione del tenor Riccardo Massi demostró que tiene el volumen y la potencia para el personaje con un centro carnoso y elegante y buenos agudos, aunque le costó entrar en una partitura compleja en la que se debe dar todo desde la primera intervención. Cerraba el triángulo amoroso una Adalgisa de muchos quilates a cargo de la mezzosoprano armenia Varduhi Abrahamyan, quien ofreció un instrumento de amplio color oscuro, muy redondo y musical; sus dúos con la protagonista y el procónsul romano fueron grandes momentos de la velada.

El Oroveso de Nicolas Testé, que anunció una afección en la garganta no superada, fue correcto. Buena la labor de Núria Vilà como Clotilde y algo desigual el Flavio de Néstor Losán. * Fernando SANS RIVIÈRE, director de ÓPERA ACTUAL