La oscuridad y el caos se apoderan del épico final del 'Ring'

Zúrich

13 / 05 / 2024 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 4 min

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Una escena de 'Siegfried' en Zúrich © Operhaus Zürich / Monika RITTERSHAUS
Sigfried Zúrich Klaus Florian Vogt en 'Siegfried' © Operhaus Zürich / Monika RITTERSHAUS
La producción de Andreas Homoki de 'Götterdämmerung' © Opernhaus Zürich / Monika RITTERSHAUS

Opernhaus Zürich

Wagner: SIEGFRIED / GÖTTERDÄMMERUNG

Siegfried

Klaus Florian Vogt, Wolfgang Ablinger-Sperrhacke, Tomasz Konieczny, Christopher Purves, David Leigh, Anna Danik, Camilla Nylund, Rebeca Olvera.

Götterdämmerung

Klaus Florian Vogt, Daniel Schmutzhard, Christopher Purves, David Leigh, Camilla Nylund, Lauren Fagan, Sarah Ferede, Freya Apffelstaedt, Lena Sutor-Wenich, Giselle Allen, Uliana Alexyuk, Niahm O’Sullivan, Siena Licht Miller.

Dirección musical: Gianandrea Noseda. Dirección de escena: Andreas Homoki. 7 y 9 de mayo de 2024.

Con Götterdämmerung concluyó el primer ciclo completo seguido en Zúrich (ver crítica de las dos primeras jornadas en este enlace), desde la última edición completa, en 2002, firmada por Robert Wilson. Y lo hizo por la puerta grande, como los grandes teatros, un ciclo exhibido completo, con músculo y sabiduría solo reservado para la primera liga operística.

En Siegfried, Andreas Homoki se movió con agilidad entre la comicidad y la épica, destacando el carácter volátil y juvenil del protagonista, y que Klaus Florian Vogt utilizó para llevar la interpretación a su terreno vocal. La plataforma giratoria reforzaba la idea de un ciclo perpetuo de traición y poder, reflejando así la naturaleza del héroe que desafía dragones y dioses en su camino hacia el amor y la gloria. La simplicidad de la escenografía permitió que cada elemento tuviera un peso simbólico más fuerte. Paredes teñidas de negro y un mobiliario extragrande reforzaron, por un lado, la visión de Siegfried de niño-adolescente y por el otro, lo lúgubre del nibelungo Mime y de Fafner. ¡Qué gran momento con el dragón en escena! Homoki utiliza la simbología del ciclo perpetuo a través del movimiento cíclico de la escenografía, pero respetando la historia y el libreto. Sin entrar en reinterpretaciones marxistas, pseudofreudianas o proféticas, Homoki busca en el “Festival escénico” la esencia de su dramaturgia. Ya era hora, y valió la pena.

Vogt cantó y muy bien el rol titular de la segunda jornada. Utilizó sus recursos vocales y su característico color blanquecino para ofrecer una actuación vocal, sincera y emotiva, y también llena de vigor, evolucionando desde la inocencia hasta la valentía desafiante. Su timbre claro y directo dotó al personaje de una frescura juvenil que encajaba perfectamente con el concepto de Homoki. Su química con Brünnhilde (Camilla Nylund) en el despertar de la valquiria aportaron una verdadera intensidad emocional y dotando a la relación de una profundidad conmovedora. Nylund exhibió un instrumento de proyección sobrada y de agudos atacados con total seguridad, culminando el tercer acto, ambos, de manera conmovedora.

El astuto y cómico Mime de Wolfgang Ablinger-Sperrhacke aportó un contrapunto perfecto a la heroica ingenuidad de Siegfried. El Caminante (Wotan), interpretado por Tomasz Konieczny, equilibró poder y melancolía, mientras que Alberich (Christopher Purves) apostó la intensidad y la astucia, realzando su deseo de venganza. Por su parte, Fafner (David Leigh) y Erda (Anna Danik) añadieron profundidad al relato, con Leigh encarnando a un dragón imponente y Danik ofreciendo un tono misterioso y profético. Rebeca Olvera fue un Pájaro del Bosque encantador y fresco.

La orquesta, dirigida por Gianandrea Noseda, mejoró, si cabe, la prestación de los anteriores capítulos, equilibrando el sonido y con unos metales más cuidados y esgrimiendo la energía y el tono épico que requiere la obra; ya desde la Escena del Bosque hasta el despertar de Brünnhilde, la Philharmonia Zürich ofreció una ambientación envolvente de equilibrada majestuosidad y sutileza. La narrativa musical fluyó sin interrupciones, destacando especialmente en la escena de la forja y el despertar de la Valquiria.

La producción de Andreas Homoki de 'Götterdämmerung' © Opernhaus Zürich / Monika RITTERSHAUS
ring zurich Una escena de la producción de Andreas Homoki de 'Götterdämmerung' © Opernhaus Zürich / Monika RITTERSHAUS

En Götterdämmerung, la conclusión épica de la Tetralogía, Homoki sacó a relucir lo más oscuro y crítico de su estilo. La plataforma giratoria se transformó en un escenario de caos y derrumbe, simbolizando la batalla entre los Gibichungos y Siegfried. Homoki ahondó en las tensiones entre las fuerzas de poder, traición y amor que llevan a la caída de los dioses. Se apoyó en el simbolismo de la plataforma para mostrar el declive y la traición, reflejando así el conflicto entre los personajes. La composición de las escenas buscó un equilibrio entre lo clásico y lo contemporáneo, jugando con elementos visuales de impacto. La relación entre Brünnhilde y Siegfried es central en esta obra, y Homoki construye un drama intenso a través de una narrativa clara. El contraste entre los personajes se vuelve más pronunciado, con Siegfried como una figura ingenua que cae víctima de su propia valentía y Brünnhilde como la vengadora.

"Camilla Nylund proyectó una Brünnhilde poderosa y llena de matices. Su voz resonó con un tono cálido y deslumbrante, que dotó a su personaje de una intensidad emocional que se reflejó en cada agudo punzante que lanzó"

En su papel, Camilla Nylund proyectó una Brünnhilde poderosa y llena de matices. Su voz resonó con un tono cálido y deslumbrante, que dotó a su personaje de una intensidad emocional que se reflejó en cada agudo punzante que lanzó. Su escena de traición y venganza frente a Siegfried y Hagen resultó dramáticamente cautivadora, llevando al público a través de un torbellino de emociones que culminó en el clímax de la obra, el célebre «Starke Scheite, schichtet mir dort».

Hagen, interpretado por David Leigh, personificó la astucia y la traición con su timbre oscuro y profundo. Su conspiración para destruir a Siegfried resaltó el ingenio maquiavélico del personaje, mientras que sus interacciones con el magnífico Alberich de Purves aportaron el toque onírico y profético que envuelve a la producción. Leigh entregó un Hagen implacable, cuya sed de poder y venganza impulsan el drama hacia el desenlace trágico.

La prestación de Klaus Florian Vogt como Siegfried de la jornada final, previsiblemente, no terminó de ser del todo redonda. Con su excelente línea y musicalidad, —y, claro, lo bien que canta– mostró la complejidad emocional del personaje y cumplió con nota la difícil empresa. Sin embargo, su característico timbre le pasó factura en la escena final del primer acto, y en el enfrentamiento del segundo; con todo, culminó su escena final con gran emoción y entrega, dejando un buen recuerdo. Por su parte, los hermanos Gibichungos, Gunther y Gutrune estuvieron excelentemente interpretados por unos magníficos Daniel Schmutzhard y Lauren Fagan. Unos afectados hijos favoritos que vestían ropas de montar y actitudes afectadas y amaneradas, propias de niños bien. Sarah Ferede gustó mucho con su escena como Waltraute, destacando su proyección y musicalidad. Por su parte, muy bien las dos primeras nornas Freya Apffelstaedt y Lena Sutor-Wernich y algo calante y gritona la tercera de Giselle Allen. Las tres hijas del Rin repitieron la calidad de las anteriores prestaciones.

En Götterdämmerung, Noseda, a pesar de un primer acto más convencional, alcanzó un clímax impresionante a lo largo del resto de la obra. Ya centrado en el segundo acto y hasta las últimas notas del Finale, la orquesta navegó con maestría entre la grandiosidad de los pasajes épicos y la sutileza de los momentos más íntimos. Los tonos sombríos y las armonías vibrantes se entrelazaron para crear un tapiz sonoro que capturó el dramatismo y la tensión emocional de la obra. La Trauermarsch resonó con una fuerza conmovedora, mientras que la escena final elevó la narrativa a una dimensión mística, con un Erlösungsmotiv que brilló con una luminosidad casi celestial. Los músicos interpretaron con un equilibrio notable entre los metales poderosos y las cuerdas delicadas, aportando una vitalidad única que añadió una profundidad emocional adicional a cada escena.

La transmisión en directo del ciclo se podrá seguir por streaming en la web de la Opernhaus (www.opernhaus.ch/stream) los días 18, 20, 24 y 26 de mayo.  * Albert GARRIGA, corresponsal en Zúrich de ÓPERA ACTUAL