La ópera vuelve al Baluarte con un solvente 'Ballo'

Pamplona

07 / 02 / 2022 - Alberto OSÁCAR - Tiempo de lectura: 4 min

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unballo-baluarte-operaactual-agao (2) Sergio Escobar (Gustavo III) y María Pía Piscitelli (Amelia) © Baluarte / Iñaki ZALDÚA
unballo-baluarte-operaactual-agao (3) Artur Rucinski (Conde de Anckarström) © Baluarte / Iñaki ZALDÚA
unballo-baluarte-operaactual-agao (1) Una escena del montaje de Waut Koeken © Baluarte / Iñaki ZALDÚA

Fundación Baluarte

Verdi: UN BALLO IN MASCHERA

Sergio Escobar, Artur Rucinski, Maria Pia Piscitelli, María José Montiel, Nina Solodovnikova, Darío Maya, David Lagares, Gianfranco Montresor, Julen Jiménez. Dirección musical: Yves Abel. Dirección de escena: Waut Koeken. 4 de febrero de 2022.

Con este Un ballo in maschera volvía a la temporada de Fundación Baluarte la ópera representada, la cual había quedado suspendida por la pandemia. En colaboración con la Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera de Navarra (AGAO) se eligió esta obra fundamental del catálogo verdiano en la versión previa a la censura, la que tiene a Gustavo III, rey de Suecia, como protagonista, un título de gran exigencia a nivel vocal contando para la ocasión con la coproducción de las Óperas de Lorraine, Luxemburgo y Angers-Nantes estrenada en 2018. El montaje está basado en la idea de teatro dentro del teatro y no aportó ningún elemento original. La puesta en escena de Waut Koeken, con escenografía y vestuario de Jean-Philippe Guilois, no cuida en muchos momentos a los protagonistas, quienes tuvieron que cantar desde un pequeño escenario condicionando la correcta emisión de la voz. Cada uno de los actos necesitó de un descanso para los cambios de decorados, aspecto poco comprensible en un teatro moderno. De todo lo visto, sin duda el acto mejor logrado fue el cuarto, dando vistosidad y color a la escena del baile.

"Yves Abel concibió una versión equilibrada, cuidó a los cantantes y al mismo tiempo imprimió ritmo a la representación"

Musicalmente el resultado ofreció sorpresas agradables y otras ya esperadas. El maestro canadiense Yves Abel tiene un largo recorrido y es bien conocida su eficacia en el podio. Concibió una versión equilibrada, cuidó a los cantantes y al mismo tiempo imprimió ritmo a la representación. A sus órdenes tuvo a una correcta Orquesta Sinfónica de Navarra. Entrando en el apartado vocal, el protagonista fue el tenor toledano Sergio Escobar, poseedor de una voz importante de lírico-spinto que encaja perfectamente con un personaje que no le presentó mayores dificultades y con la que destacó, sobre todo, en el aria del tercer acto, “Ma se m’è forza perderti”, llena de dificultades, que supo solventar. A su lado, en el papel de Amelia, estuvo Maria Pia Piscitelli, soprano de larga trayectoria y experiencia que aportó una interpretación global equilibrada consiguiendo los primeros aplausos en su aria del segundo acto “Ecco l’orrido campo”, aunque pareciera que ya no está en sus mejores momentos a nivel vocal.

El tercero de los papeles protagonistas, el de Renato, corrió a cargo del barítono polaco Artur Rucinski, poseedor de una voz noble, homogénea en todos el registro y con una zona aguda brillante: fue el gran triunfador de la velada y quien consiguió las mayores ovaciones con su famosa aria “Eri tu, che macchiavi quell’anima”. La mezzosoprano madrileña María José Montiel se hizo cargo con excelencia del papel de Ulrica, rol que conoce desde hace tiempo; se trata de un personaje pensado para una voz de contralto y siendo ella una mezzo lírica, en algunos momentos tuvo que llevarse a su terreno los graves más extremos ya que, en ocasiones, su hermosa voz, en esa zona, no pareció del todo natural. La sorpresa vino también de la mano de la soprano rusa Nina Solodovnikova en el siempre agradecido papel de Oscar, el paje. Voz de soprano ligera, homogénea en toda la tesitura y muy bien manejada.

Del resto de personajes cabría destacar a Gianfranco Montresor y a David Lagares en sus papeles de conspiradores. Mención especial también merece el Coro de la AGAO, siempre solvente en sus cometidos operísticos. El público, que se mantuvo muy parco y frío en aplausos inicialmente, supo corresponder a los artistas y especialmente a Rucinski en los saludos finales.  * Alberto OSÁCAR, corresponsal en Pamplona de ÓPERA ACTUAL