La ópera cómica del siglo XXI sigue siendo un intento

Sevilla

31 / 01 / 2022 - Ismael G. CABRAL - Tiempo de lectura: 3 min

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colazzo-operaactual-turina Los solistas y el AgoArt Ensemble © ÓPERA ACTUAL

Espacio Turina

Colazzo: LA LOCANDIERA, MUSICAPE E IL GIOVIN SIGNORE

En versión de concierto

Patricia Zanardi, Paolo Leonardi, Giuseppe Calliari. Taller Sonoro. AgoArt Ensemble. Dirección: Cosimo Colazzo. 28 de enero de 2022.

Por una regla no escrita el género de la ópera cómica no parece haber suscitado excesivo interés en los compositores ya desde los albores de la modernidad musical. Todavía hoy, cuando se presenta –tal es el caso– una obra lírica con esta intención hay cabida al ceño fruncido y a la duda razonable sobre su éxito. Ópera cómica –o que aparentaba tal cosa– fue la hoy olvidada Von Heute auf Morgen, de Arnold Schönberg, que se estrenó en 1930. Y mucho más recientemente la compositora Raquel García-Tomás se empeñó, con notable éxito de público, con su Je suis Narcissiste (2019). Vaya anticipadamente que la obra que centra estas líneas es, además de abierta (o pretendidamente) cómica, también escueta en duración y ambición, además de modesta en efectivos (tres voces y quinteto instrumental).

Gracias al intercambio celebrado entre el conjunto instrumental sevillano Taller Sonoro y el ensemble de Rovereto AgoArt, el Espacio Turina de Sevilla acogió la segunda representación de La locandiera, Musicape e il giovin signore (2020) de Cosimo Colazzo (1964). En la nota de concierto ofrecida se hablaba de una “sátira de extrema actualidad sobre cierto populismo-soberanía machista”. Y algo de eso pudo entreverse en una obra cuya traducción al castellano se demostró imposible, dejando por el camino buena parte de la comicidad a la que se apresta un libreto construido a base de juegos de palabras y dobles sentidos.

"En líneas generales la escritura estuvo ausente de escollos y fue bien defendida por el bajo Paolo Leonardi, sobre el que recayó la mayor parte del protagonismo"

Musicalmente Colazzo construye una partitura de fuerte vigor rítmico que sigue casi obsesivamente la cedencia de las recitaciones de los protagonistas, a quienes se les demanda una línea de canto entre el parlato y un lirismo de opereta. En líneas generales la escritura estuvo ausente de escollos y fue bien defendida por el bajo Paolo Leonardi, sobre quien recayó la mayor parte del protagonismo. En ocasiones ciertas agilidades recordaron vagamente al Rossini más vitriólico; y el canto del italiano fue, en ese sentido, de fuerte acentuación silábica y generoso legato. A su lado, la soprano Patricia Zanardi hizo las veces del contrapunto de los disparatados monólogos de su partenaire, sin que ni por ejecución ni por relevancia su papel destacara. Sí lo hizo en cambio el narrador, Giuseppe Calliari, cuya voz amplificada se encargaba de tornar cabal el descalabrado libreto imprimiendo un tono de melodrama radiofónico.

Antes de la operita de Colazzo, Taller Sonoro, a solas, interpretó con su habitual solvencia un interesante programa de cuatro piezas contemporáneas. De la inherencia poética (2018), de Francisco Martín Quintero, resultó singularmente inspirada en el manejo de los tiempos dentro del contexto de un serio academicismo; ecos feldmanianos hubo en la (ya temprana) valiosísima miniatura para piano a cuatro manos Siete imágenes de Saturno en blanco y negro (2006). De Daniela Terranova el ensemble rescató Still life with roses (2017), una muy estimable pieza que entrecruza el silencio y lo esbozado con las técnicas extendidas y cierta querencia lachenmaniana.  * Ismael G. CABRAL, corresponsal en Sevilla de ÓPERA ACTUAL