La OBC y Núria Rial rinden tributo a Gerhard

Barcelona

14 / 03 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 2 min

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Núria Rial Núria Rial © Mercè RIAL

Temporada OBC

Simfonia Zero

Núria Rial, soprano. Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya. Dir: Francesc Prat. Obras de Mompou y Gerhard. L’Auditori. 13 de marzo de 2021.

Pese a que no cabe duda que Robert Gerhard es uno de los compositores españoles más destacados del siglo XX, el destino parece empeñado en no acabar de reconocer sus méritos. Como discípulo de Schoenberg y músico vinculado a la Segunda Escuela de Viena, en su momento fue contemplado con cierta aprensión y distancia. Su exilio en Inglaterra tampoco contribuyó a la popularidad de su obra y figura en España y, por si fuera poco, en 2020, cuando todo daba a entender que iba a ser el año de su justo reconocimiento y se iban a suceder los homenajes a los cincuenta años de su muerte, una pandemia mundial dio al traste con toda actividad musical. El colmo para un autor que tiene como uno de sus títulos más destacados una obra titulada La peste.

Pero nunca es tarde para descubrir, escuchar y celebrar a Gerhard pues, en parte por esa escasa divulgación y en parte por su gran calidad y originalidad, siempre acaba fascinando. Una fascinación que presidió el concierto que ofreció la OBC con la soprano Núria Rial como solista, en el que se pudieron escuchar tres obras del autor vinculadas con la figura de quien fue su primer profesor, Felip Pedrell: Sis cançons populars catalanes, escritas en 1931, y Pedrelliana y Cançoner de Pedrell, ambas de 1941.

"Núria Rial mantiene una rara pureza en su timbre que, por momentos, emociona simplemente por su belleza"

La OBC, dirigida por Francesc Prat, dio inicio al concierto interpretando las Variaciones sobre un tema de Chopin, de Frederic Mompou y en la orquestación que realizara Josep Soler, una obra que es un híbrido, una superposición de estilos y personalidades. Del Preludio Nº 7 en La, Op. 28 de Chopin, Mompou realizó una serie de variaciones previstas inicialmente para violonchelo y piano que finalmente lo fueron solo para piano. Años más tarde el compositor trató de convertirlas en un ballet para el Royal Ballet de Londres y amplió la obra, aunque nunca llegó a ejecutarse como tal y se publicó finalmente como Variacions sobre un tema de Chopin (1957) para piano solo. Para acabar de rizar el rizo, Josep Soler orquestó la obra en 1994. El resultado acaba siendo difícilmente identificable con el estilo de ninguno de sus creadores pese a que posee momentos de considerable belleza melódica y brillantez orquestal.

Llegado el turno de Gerhard, apareció en escena Núria Rial, quien interpretó los dos ciclos de canciones del autor, Sis cançons populars catalanes y el Cançoner de Pedrell. El primero, curiosamente, lo había interpretado el día anterior el barítono Josep-Ramon Olivé acompañado al piano por Victoria Guerrero y fue interesante observar la diferente concepción entre uno y otro intérprete, inevitablemente condicionados por el tipo de acompañamiento. Rial mantiene una rara pureza en su timbre que, por momentos, emociona simplemente por su belleza. Su bagaje en la música antigua le permite una messa di voce y un juego entre la voz fija y el manejo del vibrato absolutamente magistrales y de gran expresividad. Especialmente en el segundo ciclo canciones como «Soledad» supusieron un auténtico regalo pues, cuando la voz puede cantar legato en la franja central y aguda, es de una calidad superior y se proyecta sin dificultad.

Por otro lado, cuando se trató de canciones con mayor articulación del texto, como sería el caso de «Enemic de les dones» o «Els ballaires«, la voz se perdía sepultada por el magma orquestal. Ahí la soprano topó con las conocidas dificultades acústicas para las voces de la sala grande del Auditori barcelonés. Una lástima, porque la interpretación fue de gran refinamiento y merecería ser reconocida, quien sabe si a través de la grabación del concierto.

El poema sinfónico Pedrelliana, con su brillantez temática procedente de una ópera de Pedrell y la orquestal aportada por su alumno Gerhard, completó un programa en el que la OBC se mostró en buena forma, con excelente trabajo de maderas y metales, bajo la conocedora y eficiente dirección de Francesc Prat.