La OBC de Morlot empieza su andadura con luces y sombras

Barcelona

03 / 10 / 2022 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 2 min

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morlot-operaactual-obc La soprano Carolyn Sampson © May ZIRKUS
morlot-operaactual-obc Audrey Luna y Ludovic Morlot © May ZIRKUS
morlot-operaactual-obc Ludovic Morlot © May ZIRKUS

OBC

Abrahamsen: LET ME TELL YOU. Mahler: SINFONÍA Nº 4

Concierto inaugural

Audrey Luna y Carolyn Sampson, sopranos. OBC. Dirección: Ludovic Morlot. Auditori, 30 de septiembre de 2022.

Cerrada la etapa de Kazushi Ono, la OBC abrió una nueva con Ludovic Morlot como titular. Para su primer concierto en el cargo, el director francés planteó a la orquesta el reto de un programa exigente tanto en el aspecto tímbrico, con la obra Let me tell you de Hans Abrahamsen, así como en cuanto a las grandes estructuras sinfónicas, con la Sinfonía Nº4 de Gustav Mahler. Un reto del que salió airoso en algunos aspectos, aunque con resultados menos convincentes en otros. Un primer test aún insuficiente para valorar si la elección de Morlot para llevar las riendas de la orquesta barcelonesa durante los próximos años ha sido adecuada.

Para su presentación, en una clara y saludable declaración de intenciones, el flamante nuevo director escogió una obra reciente de considerable calado. El danés Hans Abrahamsen es, sin duda, uno de los compositores actuales más consolidados y Let me tell you una de sus más importantes creaciones de madurez, motivo por el cual su estreno en España es, ya de por sí, un acontecimiento musical. Miembro destacado del movimiento Nueva Simplicidad, surgido en los años 60 como reacción a la fiebre serial impulsada desde Darmstadt, Abrahamsen ha evolucionado desde entonces hacia un lenguaje personal que pone el acento en el aspecto tímbrico. Let me tell you, basada en un texto de Paul Griffiths a su vez inspirado en el personaje de la Ofelia shakespeariana, fusiona la forma del poema sinfónico con la del ciclo de canciones, aspecto que lo vincula claramente con obras de Mahler, entre ellas su Sinfonía Nº4.

La obra posee una seductora riqueza tímbrica que Morlot y la OBC supieron exponer. El trabajo del director francés en ese aspecto fue notable, como también en resaltar el detalle y el aspecto camarístico de la composición, y la orquesta respondió con un despliegue sonoro destacable. Menos convincente, en cambio, fue la aportación de la soprano Audrey Luna, que no fue capaz de extraer la necesaria expresividad a sus intervenciones en una obra que, por su concepción minimalista de la línea vocal, requiere de una soprano de gran personalidad y capacidad para aportar peso al texto y variedad de colores.

"La lectura de Morlot, si bien ofreció claridad en las texturas y extrajo un sonido brillante de la OBC, se reveló un tanto plana en lo expresivo"

Pese a las texturas sutiles de la obra, Morlot tuvo dificultades en mantener el balance entre orquesta y solista, de tal modo que la línea vocal quedó en líneas generales sepultada por la masa instrumental. Mucho más conseguido fue, en cambio, el equilibrio sonoro con Carolyn Sampson, la soprano que asumió la parte solista del cuarto movimiento de la sinfonía mahleriana interpretada en la segunda parte. La cantante inglesa mostró mucho más aplomo, desplegando lirismo, claridad en la dicción y calidad de fraseo en el humorístico «Das himmlische Leben» que cierra la obra.

«Das himmlische Leben» fue, en su origen, una canción concebida por Mahler para formar parte de su ciclo de canciones Des Knaben Wundenhorn. Más allá del cuarto movimiento, Des Knaben Wundenhorn es el sustrato que subyace en la Sinfonía Nº4, así como en las dos anteriores creaciones sinfónicas del compositor bohemio. Ese sustrato popular se mezcla, como es característico en Gustav Mahler, con un dramatismo existencial que se manifiesta, a nivel musical, en un juego de tensiones que aporta toda su grandeza y originalidad a la obra. Ese aspecto decisivo se echó en falta a la lectura de Morlot quien, si bien ofreció claridad en las texturas y extrajo un sonido brillante de la OBC, tanto en conjunto como en las intervenciones solistas, se reveló un tanto plana en lo expresivo. El camino no ha hecho más que empezar y la orquesta, con algunas caras nuevas y Vlad Stancuelasa como concertino (brillante su intervención en el segundo movimiento), parece en buena forma y motivada. Ahora solo queda esperar que Morlot pueda trabajar al conjunto, aportar ilusión y elevar, paulatinamente, el nivel de una OBC con indudable potencial. *Antoni COLOMER, crítico de ÓPERA ACTUAL