La música salvó a 'La forza' interestelar de Padrissa

Florencia

15 / 06 / 2021 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 4 min

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la forza del destino padrissa / operaactual.com Una escena de la atrevida nueva producción firmada por Carlus Padrissa © Teatro del Maggio / Michele MONASTA
la forza del destino padrissa / operaactual.com Annalisa Stroppa como Preziosilla © Teatro del Maggio / Michele MONASTA
la forza del destino padrissa / operaactual.com Roberto Aronica y Saioa Hernández, como Don Alvaro y Leonora © Teatro del Maggio / Michele MONASTA

Teatro del Maggio Musicale

Verdi: LA FORZA DEL DESTINO

Nueva producción

Roberto Aronica, Amartuvshin  Enkhbat, Saioa Hernández, Annalisa Stroppa, Nicola Alaimo, Ferruccio Furlanetto. Dirección musical: Zubin Mehta. Dirección de escena: Carlus Padrissa. 10 de junio de 2021.

Esta Forza del destino de Zubin Mehta en el Maggio es la cuarta –quinta, si se cuenta el desplazamiento al Bunka Kaikan de Tokyo el 14 de marzo de 2011– desde la ya muy lejana de 1992, hace ya casi 30 años. En estos momentos la madurez artística del maestro ha alcanzado una altura difícilmente superable por la profundidad de la lectura que analiza la partitura hasta sus últimos pliegues y la ilumina de sugestiones, emoción empática y fascinación sonora, al frente de un conjunto orquestal que está demostrando ser uno de los mejores del mundo y que le sigue con devoción, amor y respeto. Todo ello fue perfectamente palpable y una atmósfera que tenía mucho de mágica.

El reparto reunido para la ocasión supera el nivel de excelencia, con la meticulosa colaboración de unas segundas partes como el Cirujano de Roman Lyulkin, la Curra de Valentina Corò y el Alcalde de Francesco Samuele Venuti. Muy destacados el Marqués de Calatrava de Alessandro Spina, y un lujo el tenor Leonardo Cortellazzi en el papel de Trabuco que brinda al personaje sus verdaderas características frente al habitual modelo petulante. No menor fue el mérito de los excepcionales Melitone y Preziosilla de Nicola Alaimo y Annalisa Stroppa; ella perfectamente adaptada por vocalidad y personalidad a un rol verdaderamente ingrato que resuelve no solo con un brillante Do agudo, sino con la ayuda de una gran agilidad escénica y un timbre lleno de pulpa. Alaimo, por su parte, une a su potente vocalidad un carisma y una disposición escénica que le hacen inconfundible. En un contexto en el cual la dirección escénica le pone en serias dificultades –y la cosa vale para todos–, especialmente en el último acto, dotar de humanidad al personaje que solo es bufo en apariencia le hace crecer.

"La soprano Saoia Hernández fue una Leonora de voz imperial que diseñó un personaje de carácter fuerte, perfecta en el uso de las dinámicas y plenamente convincente en los dúos y en las intervenciones solistas"

Ferruccio Furlanetto sigue siendo referente de una vocalidad imponente y de la mayor profesionalidad. Su Padre Guardián, a pesar del imposible atuendo en lamé dorado y el de cavernícola al final, demostró poseer la autoridad vocal y el aura ascética del eremita absorto en la meditación propios del personaje. En su debut en el papel, el mongol Amartuvshin Enkbat, hizo valer su timbre privilegiado y una línea musical irreprochable en un personaje que habrá de proporcionarle muchos triunfos, como el que recogió después de su impresionante «Urna fatale» del tercer acto. Roberto Aronica no experimentó dificultades en la emisión, ni siquiera en el registro agudo tan abundante en este rol, siempre con una voz de hermoso color, timbre varonil y un fraseo perfectamente dotado, dando la imagen de un Don Alvaro vehemente y de canto matizado y bien ligado, especialmente evidente en el aria del tercer acto. La soprano española Saoia Hernández fue una Leonora de voz imperial que diseñó un personaje de carácter fuerte, perfecta en el uso de las dinámicas y plenamente convincente en los dúos y en las intervenciones solistas. Bravissima!

Ríos de tinta han corrido ya para calificar el espectáculo firmado por Carlus Padrissa (La Fura dels Baus) y no parece necesario añadir mucho más al respecto: una producción fea y deslucida por movimientos gratuitos y por un vestuario sin una noción de concepto que haga la menor referencia al texto del Duque de Rivas, agravado todo ello por los largos cambios de escena y unos molestos cortes en la partitura, pecados veniales en definitiva visto el contexto. El guiño final, citando a Einstein, de convertir a los personajes en cavernícolas del tipo Picapiedra, no fue sino, por así decirlo, la guinda del pastel.