La música salió triunfante

Santander

18 / 08 / 2020 - Agustín ACHÚCARRO - Tiempo de lectura: 3 min

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María Espada brilló como solista del programa barroco © Festival Internacional de Santander / Pedro PUENTE HOYOS
María Espada brilló como solista del programa barroco © Festival Internacional de Santander / Pedro PUENTE HOYOS
Un instante del concierto de María Espada y el conjunto La Real Cámara © Festival Internacional de Santander / Pedro PUENTE HOYOS

Festival Internacional de Santander

Recital de MARÍA ESPADA

Concierto dedicado al 350º aniversario del nacimiento de Antonio Caldara

Arias y piezas instrumentales de óperas de Antonio Caldara y Tomasso Albinoni. María Espada, soprano. La Real Cámara. Dirección: Emilio Moreno. Palacio de Festivales, 13 de agosto de 2020.

Emilio Moreno, violinista y director de La Real Cámara, en una primera referencia, hizo alusión a las obras programadas de Antonio Caldara y de Tomasso Albinoni relacionándolas con la figura del archiduque Carlos de Austria –quien fue expresamente citado como Carlos III de España y VI del Sacro Imperio Romano Germánico–. Del emperador, destacó su amor hacia España y que podía decirse que habían confeccionado un programa de música española, con obras estrenadas en Barcelona y Viena.

No resulta sencillo aclimatarse a las normas de seguridad impuestas por la pandemia de la Covid­–19 en los auditorios. Habrá que agradecer a organizadores, en este caso al Festival Internacional de Santander, músicos y público el empeño, en un ambiente poco propicio, por mantener los conciertos en vivo. El propio violín director antes de comenzar la actuación hizo alusión a este tema en los siguientes términos: “Nosotros tenemos la necesidad de tocar juntos y estamos emocionados de poder hacerlo, pues la música no existe sin intérpretes y público”.  A lo que sumó una reflexión sobre que la situación era un problema irracional para la cultura si se valoraba en relación al trato recibido por otros sectores.

"La soprano es una de las grandes cantantes internacionales y su voz fluyó plena, poblada de armónicos y una insultante facilidad para la coloratura, en donde tendió a evitar artificios y una acentuación muy marcada"

Pero habrá que dejar estas circunstancias negativas para centrarse en lo realmente importante: la música. La Real Cámara empezó algo fría en la Sinfonia de L´Atenaide y con la necesidad de adaptar el sonido a la amplia sala. Coincidiendo con la primera intervención de María Espada lo dicho anteriormente se quedó en una sensación pasajera. La soprano es una de las grandes cantantes internacionales y su voz fluyó plena, poblada de armónicos y una insultante facilidad para la coloratura, en donde tendió a evitar artificios y una acentuación muy marcada. Cuando los instrumentos se calentaron, adquirieron la afinación precisa, y empezaron a surgir los contrastes, el empaste tímbrico y el fluir de la melodía.

La interpretación de las obras se basó, por lo general, en la contención, en un estilo galante, en la delicadeza en los matices y acentos, y en el equilibrio entre el conjunto instrumental y la soprano. Sirvan como ejemplo de lo dicho el aria de la ópera de Caldara “Quella Liria innamorata” de Il più bel nome con el canto de María Espada sobre el punteado de la tiorba; la Sinfonía del oratorio La morte di Abel, de sonido contrastante al resto de las obras, por su coloración más oscura y un trazo más grueso; o su forma de interpretar “Aure, andate e baciate” de Il nascimiento dell´Aurora, con un pasaje a capella que exaltó el contexto general del aria.

Al final los reiterados aplausos del público consiguieron que volvieran a interpretar “Quella Liria innamorata”.