‘La mujer tigre’ no mordió a nadie

Sevilla

15 / 03 / 2022 - Ismael G. CABRAL - Tiempo de lectura: 4 min

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lamujertigre-operaactual-maestranza-labourdette (3) Natalia Labourdette y la bailaora Paula Comitre © Teatro de La Maestranza / Miguel JIMÉNEZ
lamujertigre-operaactual-maestranza-labourdette (1) Natalia Labourdette, protagonista lírica de la ópera de Manuel Busto © Teatro de La Maestranza / Miguel JIMÉNEZ
natalialabourdette-mujertigre-operaactual Natalia Labourdette, protagonista lírica de la ópera de Manuel Busto © Teatro de La Maestranza / Miguel JIMÉNEZ

Teatro de La Maestranza

Manuel BUSTO: LA MUJER TIGRE

Estreno absoluto

Natalia Labourdette. Cantaora: Reyes Carrasco. Bailaora: Paula Comitre. Voz actoral: Julio León Rocha. Trío Arbós. Proyecto Lorca. Dirección musical: Manuel Busto. Dirección de escena: Fran Pérez Román. Teatro Lope de Vega, 12 de marzo de 2022.

La pasada temporada se congratuló por su arrojo programático al Teatro Lope de Vega por proponer la entonces recién estrenada ópera Marie, de Germán Alonso (que se reseñó aquí), apenas un mes antes de que el Maestranza llenara su sala pequeña con la arriesgada y muy viva en el recuerdo Es lo contrario, de César Camarero. Que ahora ambos teatros hayan coproducido juntos una creación contemporánea debería suponer el acicate definitivo para que en la temporada lírica sevillana siempre haya una propuesta que conecte el pasado con el presente (no necesariamente en forma de estreno, o sí), insuflando vida a un género absolutamente vigente desde una óptica actual como es la ópera.

De La mujer tigre se afirmará, de entrada, que es un espectáculo de fusión. Un término que ninguno de sus próceres esgrimió (ópera de cámara, tonadilla escénica contemporánea) pero que es el que, en puridad, mejor se ajusta a lo contemplado. Una obra que funciona en su continuidad y que, por su falta de ambición, se hace digerible en su mezcla de episodios líricos y jondos situados en medio de un libreto, ideológicamente valiente, pero de un candor que, en ciertos pasajes, llegaba a ser risible. La mujer tigre se encarna en una cantaora a la que le disparan en racimo toda suerte de etiquetas y vilipendios, a la que se vio enjaulada, a la que llevan incluso a un reality show y que termina liberada, sacando a la fiera de su interior (sic). Y hasta ahí la dramaturgia de Julio León Rocha, él mismo en el escenario como una suerte de comentarista de esta tragedia griega con hechuras catódicas.

"La soprano Natalia Labourdette, sobre la que recaía musicalmente lo más interesante de la partitura, ejecutó una suerte de 'arioso' / 'parlato' continuo en la que se apreció su clara dicción"

La composición de Manuel Busto avanza mediante la reiteración de recursos y con una escritura muy espartana, climática en el convincente comienzo, y a menudo fuertemente rítmica. En su modestia juega su mejor baza, fiándolo todo a los arranques flamencos de la jovencísima cantaora Reyes Carrasco, a la que se tiene que aplaudir su decisión de involucrarse en un proyecto como este y que brindó los momentos más intensos de la función con una voz rasgada, de torrencial proyección, y un dominio técnico de sus recursos que respaldan una trayectoria multipremiada en el orbe flamenco. La soprano Natalia Labourdette, sobre la que recaía musicalmente lo más interesante de la partitura, ejecutó una suerte de arioso / parlato continuo en la que se apreció su clara dicción, una gestualidad muy controlada, la correcta afinación y un timbre de gran personalidad; esto último es lo que la hace aún más reivindicable. Por medio, y de manera constante, la bailaora Paula Comitre debió acabar exhausta de hacer una y otra vez los mismos movimientos coreográficos en medio de la sencilla pero notable escenografía de Fran Pérez Román soberbiamente iluminada por Benito Jiménez.

Resulta un tanto reiterativo por obvio que sea en Sevilla donde se tenga que alimentar este tipo de productos que enarbolan la bandera de un género, el flamenco, con suficiente abono en una ciudad que invierte cada dos años un generoso pastizal en levantar la Bienal de Flamenco. Si La mujer tigre hubiera sido una iniciativa del Arriaga de Bilbao o del Festival de Música de Canarias, por ejemplo, la obra en sí no habría tenido más ni menos valor, pero su pertinencia y la capacidad de sorpresa sí hubiera aumentado exponencialmente. En todo caso, y visto en perspectiva, la relación de la música contemporánea con el flamenco no parece tener un saldo matrimonial muy positivo. Y, como oyentes, para encontrar los acercamientos más inspirados se tiene que acudir a aquellos compositores que han tomado lo jondo más como una inspiración conceptual, como un armazón puramente ideológico o incluso técnico, no yendo más allá del guiño. Cítese a ese respecto valiosas y atractivas partituras como Homenaje a Carmen Amaya (Joan Guinjoan), Valverde (Eduardo Polonio), Jondo (Francisco Guerrero Marín), Zambra 44.1 (Adolfo Núñez) y Ancient voices of children (George Crumb), entre algunas (muy pocas) otras.  * Ismael G. CABRAL, corresponsal en Sevilla de ÓPERA ACTUAL