CRÍTICAS
INTERNACIONAL
La luz ‘belcantista’ de Bellini resplandece en Japón
Tokio
New National Theatre Tokyo
Bellini: LA SONNAMBULA
Coproducción con el Teatro Real de Madrid
El New National Theatre de Tokio (NNTT) inauguró su nueva temporada con La Sonnambula, de Bellini, en su primera representación en el coliseo tokiota. En el estreno, la interpretación alcanzó un nivel sublime y el mérito es sin duda del director de orquesta Maurizio Benini, quien en el NNTT ya había dirigido Rigoletto y Tosca con gran éxito, pero el bel canto es diferente, ya que se trata de un género que requiere de un maestro que conozca el estilo y la voz al dedillo. Benini, con su punto de vista, ha creado para esta Sonnambula un mundo vibrante en el que no solo la orquesta, sino también los cantantes y el coro, han sido cuidadosamente formados en su estética belcantista.
La producción, coproducida por el Teatro Real y el Liceu (ver crítica del estreno en este enlace), está dirigida por Bárbara Lluch, que propone un concepto contemporáneo: una hija sin nada más que su juventud y belleza en un pueblo cerrado con una visión estrecha, luchando contra las estructuras de la opresión. Para expresar todo esto, Lluch utiliza un escenario oscuro y hace el sacrificio de casi silenciar la expresión emocional de los otros personajes para centrarse en la psicología de Amina. En este sentido, por ejemplo, funcionan las inquietantes danzas que expresan la psicología de Amina o la espectacular escena final, y la propuesta fue bien recibido por el público.
Claudia Muschio, que cantó Amina, acababa de debutar en este papel en la Ópera de Stuttgart el pasado mes de julio; es todavía una ca cantante joven, pero su técnica vocal es firme, hay madurez en el timbre de su voz y también el volumen es más que suficiente. Su mejor momento fue la escena y el aria “Ah non credea mirarti”, cuya voz dominó el silencioso teatro.
Antonino Siragusa, que cantó Elvino, es un veterano del bel canto que ha cantado este papel innumerables veces: su voz tiene el mismo brillo, y esculpió el personaje con un fraseo poético y apasionado. Hidekazu Tsumaya, el Conde Rodolfo, es un bajo habitual en este teatro, y, aunque no es un artista especializado en ópera italiana, mantuvo la ligereza y elegancia requeridas para el papel. Hare Ito como Lisa, una soprano lírica, cantó con pasión, expresando el sufrimiento del personaje. Kei Kondo, Alessio, hizo una buena interpretación del joven del pueblo con una hermosa voz. Mutsumi Taniguchi, Teresa, posee una voz rica y brillante, y su contenida actuación encajó en el papel. Y Masachika Watanabe, el Notario, se mostró como un tenor de voz brillante.
La Filarmónica de Tokio hizo gala de una concentración poco común y tocó como si la batuta de Benini la conocieran desde siempre, mientras que el canto del coro estuvo extraordinariamente expresivo: todos sus miembros dominaban la dicción y la afinación resultó perfecta, creando una variedad de armonías para cada escena. La habilidad del director del conjunto, Hirofumi Misawa, se hizo evidente. Tras la representación, los artistas fueron llamados al escenario varias veces, entre aplausos entusiastas y aclamaciones del público. * Mika INOUCHI, corresponsal en Tokio de ÓPERA ACTUAL
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