La Luna al alcance de Offenbach

Niza

17 / 02 / 2022 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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lavoyagedanslalune-nice-operaactual (3) Una escena del montaje de Olivier Fredj © Opéra de Nice
lavoyagedanslalune-nice-operaactual (3) Violette Polchi (Caprice) © Opéra de Nice
lavoyagedanslalune-nice-operaactual (3) Una escena del montaje de Olivier Fredj © Opéra de Nice

Opéra de Nice Côte d'Azur

Offenbach: LE VOYAGE DANS LA LUNE

Nueva producción

Sheva Tehoval, Chloé Chaume, Violette Polchi, Marie Lenormand, Matthieu Lecroart, Kaëlig Boché, Eric Vignau, Thibaut Desplantes, Pierre-Antoine Chaumien. Dirección musical: Chloé Dufresne. Dirección de escena: Olivier Fredj. 15 de febrero 2022.

Diez años después de la publicación del best seller de Jules Verne De la Terre à la Lune (1865) Jacques Offenbach se apropió del espacio lunar para una nueva obra, una sátira en realidad, del régimen pasado –el Segond Empire de Napoleón III se había acabado en 1870–, del presente –la tercera Republique– y, de seguro, de todos los regímenes habidos y por haber. Algo de anarquista se escondía en el alma del genial autor. La historia dice así: Caprice, hijo del rey V’lan, cansado de viajar por el planeta Tierra pide a su padre ir a la Luna. Llegados allá, conoce y se enamora de Fantasia, hija del rey selenita Cosmos. Sorpresa: los selenitas no conocen el amor pero Fantasia, mordiendo una manzana venida de la Tierra, se rinde ante Caprice y tras alguna dificultad con la administración lunar, todo acaba bien. Diálogos y situaciones rebosan de alusiones a lo político y a lo religioso de finales del siglo XIX, por desgracia o por suerte la mayoría de ellas no son comprensibles hoy.

La música contiene toda clase de ritmos y modulaciones –rondós, galops, canciones melodiosas,…– propias del maestro que explicitan su origen, con una sorpresa: la utilización en la obertura del conocido tema (por lo menos lo era entonces) “Scintille diamant!” que toma prestado a la aria de Méphiste del Faust (1859) de Charles Gounod.

"Apoyado por una escenografía sencilla, Oliver Fredj pidió a los cantantes crear el dinamismo exigido por la curiosa historia ateniéndose a los textos"

Chloé Dufresne al frente de la orquesta de la casa, electrizó el ambiente durante las casi dos horas de espectáculo, siempre sonriente, apremiando a sus músicos, cantando con el coro (y por momentos con los solistas), acelerando y frenando en seco cuando convenía. Fue el alma de la noche. Oliver Fredj imaginó la puesta en escena teniendo en cuenta que el espectáculo está siendo presentado en más de quince teatros en Francia. Introdujo con acierto a siete bailarines acróbatas que dinamizaron con sus cabriolas las escenas que pedían movimiento –los galops y transiciones en particular– y también las transiciones. Apoyado por una escenografía sencilla, fácil de transportar –Jean Lecointre y Malika Chauveau– pidió a los cantantes crear el dinamismo exigido por la curiosa historia ateniéndose escrupulosamente a los textos.

Violette Polchi –Caprice– hizo honor a su nombre sobre todo ante sus padres, Matthieu Lecroart (V’lan impecable) y Marie Lenormand (Popotte, un papel demasiado corto para la artista). Sheva Tehoval cautivó al público por su canto y también por su presencia escénica. Thibaut Desplantes fue su padre (Cosmos) con un disfraz gracioso, nada fácil de endosar. Eric Vignau (Microscope) y PierreAntoine Chaumien (Cactus) se encargaron de (mal) aconsejar, cada uno a su rey, con vis comica e innegable ciencia de las tablas. Chloé Chaume (Flamma) y Kaëlig Boché (Quipasseparla), de innegable presencia en el escenario completaron el reparto. No se olvide el canto y el dinamismo del coro de la casa que introdujo y mantuvo un complemento indispensable a las locuras escénicas de la noche.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL