La guerra de las Valquirias madrileñas

Madrid

13 / 02 / 2020 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

Print Friendly, PDF & Email
Stuart Skelton (Siegmund) y Ricarda Merbeth (Brünnhilde) © Teatro Real / Javier DEL REAL
Adrianne Pieczonka (Sieglinde), Stuart Skelton (Siegmund) y René Pape (Hunding) © Teatro Real / Javier DEL REAL
Escena de la oscura producción de Robert Carsen © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Wagner: DIE WALKÜRE

Stuart Skelton, René Pape, Tomasz Konieczny, Adrianne Pieczonka, Ricarda Merbeth, Daniela Sindram. Orquesta Titular del Teatro Real. Dirección: Pablo Heras-Casado. Dirección de escena: Robert Carsen. 12 de febrero de 2020.

En su puesta en escena de El oro del Rin de la temporada pasada, Robert Carsen planteó un Anillo ecologista. La intención ha cambiado en esta segunda entrega, con una Valquiria más política, centrada en las relaciones de poder y en la fatídica superioridad de las deidades wagnerianas. Con un escenario casi siempre vacío –salvo en el segundo acto, con el consabido salón art nouveau poblado de vistosos figurantes uniformados, metralleta en ristre– lo demás transcurre en un escenario vacío, casi siempre en plena nevada y en contexto bélico: Hunding y su pandilla son unos traficantes de armas. No hay referencias a la primavera.

"El Hunding de René Pape resultó admirable y humanidad salvaje, siempre al borde del abismo: el instrumento, profundo y denso, sigue intacto"

En cambio, aquí las valquirias son muchachitas de buena familia, recién salidas de un colegio de pago, que brincan felices por el escenario poblado de cadáveres: los héroes muertos. Lejos de cualquier evocación de la naturaleza –en particular de la naturaleza enfurecida–, esta Valquiria se mueve entre el post apocalipsis cinematográfico y la inspiración vagamente marxista, sin excesos: todo dentro de un orden, gélido en general, como correspondió a la dirección de Pablo Heras-Casado, bien entonada, llena de contrastes, sin caídas de tensión ni dispersiones, de gran aliento dramático, aunque falta de lirismo, en particular en el primer acto. Extraordinaria la orquesta, expresiva y resplandeciente de colores y matices a pesar de algún desajuste inicial. El reparto del estreno era, sin duda, de gran gala.

Stuart Skelton compuso un Siegmund malherido, acosado pero viril, aunque se vino abajo cuando no supo encarar la escena primaveral del primer acto. Luego se recuperó. El Hunding de René Pape resultó admirable y de humanidad salvaje, siempre al borde del abismo: el instrumento, profundo y denso, sigue intacto. Tomasz Konieczny dio vida a uno de los mejores Wotan que se puede escuchar en la actualidad, con recursos vocales y expresivos para cubrir toda la complejidad del personaje, desde su largo parlamento del segundo acto a la furia desatada en el tercero, con un dominio extraordinario de la media voz y sin perder nunca la línea de canto. Adrianne Pieczonka cantó una gran Sieglinde, sabiendo variar expresión y color para un personaje abrumado por la desdicha y rescatado momentáneamente por el amor (incestuoso).

Ricarda Merbeth debutaba el personaje de Brünnhilde y, como a Pieczonka, le perjudicó un vestuario poco adecuado. Aun así, encontró todos los registros del personaje, desde el heroico al compasivo y al propio del amor filial. La Fricka de Daniela Sindram resultó inteligente, matizada, lejos de cualquier parodia. Muy bien las ocho valquirias, entre ellas Sandra Ferrández y Marifé Nogales. Gran éxito de un público que no dio el menor signo de cansancio.