La generosidad de Camarena

Zúrich

14 / 07 / 2020 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 3 min

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Camarena Liceu El tenor mexicano Javier Camarena en su última actuación en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / A. BOFILL

Opernhaus Zürich

Recital JAVIER CAMARENA

Obras de Donizetti, Lalo, Bellini, Verdi y Schubert. Enrico Maria Cacciari, piano. 10 de julio de 2020.

Bajo el epígrafe de Finale la Opernhaus de Zúrich ha organizado durante una semana una serie de conciertos y recitales de algunos de los cantantes más vinculados a la casa. El tenor mexicano Javier Camarena, ligado al coliseo suizo desde su época como miembro estable de la compañía, protagonizó uno de los momentos más espectaculares del festival con un recital donde lo dio todo. Ofreció una primera parte integrada por arias de Donizetti, en sus versiones francesas y de Le Roi d’Ys d’Édouard Lalo. Del compositor de Bérgamo empezó con “Je suis joyeux” de Rita ou Le Mari battu, una divertida página no exenta de dificultad técnica que salvó con sobrado aplomo, siempre apuntando a las notas agudas con seguridad apabullante.

Le siguió “Un ange, une femme inconnue” de La Favorite en una versión de reclinatorio, con un control absoluto del fraseo y del canto legato, que culminó en “elle toujours” ascendiendo al Re natural y que despertó el entusiasmo del siempre algo frío público de Zúrich.

"En “Un ange, une femme inconnue” de 'La Favorite' en una versión de reclinatorio, Camarena lució un control absoluto del fraseo y del canto 'legato', que culminó en “elle toujours” ascendiendo al re natural y que despertó el entusiasmo público de Zúrich"

Desde ahí hasta las tres propinas, todo el recital resultó una demostración de generosidad –y fortaleza– del cantante mexicano, que ni tan solo se apoyó en las piezas a piano solo, de rigor, que muchos utilizan para poder descansar. Siguió, pues, con una elegante y sentida versión de “Vainement, ma bien-aimée” de Le Roy d’Ys (Lalo), para continuar con los Donizetti franceses: “Seul sur la terre”, de Dom Sébastien y la célebre cavatina de La fille du régiment, “Ah! Mes amis, quel jour de fête”. Si la primera resultó un alarde de musicalidad, buen gusto y prodigioso squillo, la segunda esgrimió la pirotecnia, marca de la casa, que hizo poner al público en pie. Era el final de la primera parte, y el propio Camarena tuvo que recordar al público que aun quedaba mucho recital, con sus propinas incluidas.

La segunda parte estuvo íntegramente dedicada al bel canto italiano, a excepción de la conclusiva escena de La Traviata. Así, incluyó la difícil cavatina de Gualtiero “Nel furor delle tempeste” que interpretó de manera formidable y que culminó con insultante aparente facilidad la cabaletta “Per te di vane lagrime”. Le siguió la delicada “Com’è soave quest’ora di silenzio… Anch’io provai” de Lucrezia Borgia donde sacó a flote toda la musicalidad y elegancia con un control absoluto de las medias voces. Con Betly, ossia La capanna svizzera, Camarena quiso darle un guiño al país en el que reside desde hace años con el aria de Daniele. El programa oficial terminó con la escena de Alfredo de La Traviata, aparentemente, la página más sencilla para el tenor mexicano, que consiguió despertar el entusiasmo del público. En los bises destacó ese control absoluto de la messa di voce que exhibe en “Una furtiva lagrima”, “Litanae” de Schubert en homenaje a las víctimas de la Covid-10 y la repetición de «Ah! Mes amis», con Re sobreagudo añadido a los nueve Do. El pianista Enrico Maria Cacciari fue el cómplice perfecto para una noche de absoluta generosidad musical.