La generación afortunada revive su historia en el Opera Forward Festival

Ámsterdam

24 / 03 / 2025 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 4 min

nationale opera El estreno absoluto de 'We Are The Lucky Ones' de Philp Venables © DNO / Koen BROS
nationale opera El estreno absoluto de 'We Are The Lucky Ones' de Philp Venables © DNO / Koen BROS
nationale opera El estreno absoluto de 'We Are The Lucky Ones' de Philp Venables © DNO / Koen BROS

Nationale Opera & Ballet - Opera Forward Festival

Venables: WE ARE THE LUCKY ONES

Estreno absoluto

Claron McFadden, Jacquelyn Stucker, Nina van Essen, Helena Rasker, Miles Mykkanen, Frederick Ballentine, Germán Olvera, Alex Rosen. Dirección musical: Bassem Akiki. Dirección de escena: Ted Huffman. 22 de marzo de 2025.

Cada primavera, la Dutch Ópera Nacional & Ballet de Amsterdam presenta dentro de su programación el Opera Forward Festival, auténtico laboratorio para la nueva creación lírica y de exploración de los límites del género que intenta atraer, a la vez, nuevo público a la institución. El plato fuerte de la edición de 2025 ha sido el estreno mundial de We Are The Lucky Ones, la cuarta ópera de Philip Venables, uno de los creadores más singulares de la escena actual.

Singular sin duda lo es también el punto de partida de la nueva obra. Junto con su libretista habitual, Ted Huffman, al cual se ha sumado Nina Segal, el compositor británico explora las vivencias de los nacidos en los años 40 del siglo XX en Europa occidental, una generación que vivió la devastación de la guerra, la reconstrucción posterior, el crecimiento económico y la formación del estado del bienestar, en paralelo a la evolución de las costumbres y el desarrollo de los derechos. Una nutrida clase media que ahora ve cómo sus nietos pueden vivir peor que la generación intermedia y que también observa cómo muchas conquistas están en peligro por los rampantes movimientos reaccionarios que cabalgan a lomo de la desmemoria y la mentira.

Los autores de We Are The Lucky Ones han destilado el fruto de ochenta entrevistas realizadas a miembros de este grupo, estructurando el material de forma cronológica, de 1940 a 2025. Una ópera sin argumento, pero sí con muchas pequeñas historias divididas en 64 secuencias protagonizadas por personajes identificados solo con un número, del 1 al 8, segmentos que buscan, desde la cotidianidad, los elementos comunes a experiencias variadas (el primer beso, la familia, la descendencia, la vejez), vivencias íntimas salpimentadas por referencias históricas más sugeridas que explícitas: el asesinato de Kennedy, la llegada a la Luna, la caída del muro de Berlín, el ataque a las Torres Gemelas (pasaje presentado con no poca ironía por la loa a la expansión de los vuelos económicos). Son segmentos de pocos minutos de duración que, en el tramo final, adoptan un tono más reflexivo, otoñal incluso, en el que los personajes reconocen con naturalidad que, ciertamente, han sido afortunados.

Al calidoscopio de escenas y situaciones responde a la perfección la partitura de Venables, por primera vez componiendo una ópera para orquesta sinfónica, de la que saca un fruto brillante. La música del británico abraza sin ambages un eclecticismo que no hay que confundir con falta de personalidad; pasajes de una densidad entre postmoderna y postminimalista conviven con la evocación de ritmos propios de las décadas evocadas con un claro componente de suntuosidad hollywoodiense, para una música que no cae nunca (como tampoco lo hace el libreto) en el sentimentalismo fácil. Aspecto no menor, Venables también sabe escribir para las voces sin sacrificar la clara enunciación del texto.

"Al calidoscopio de escenas y situaciones responde a la perfección la partitura de Venables, por primera vez componiendo una ópera para orquesta sinfónica, de la que saca un fruto brillante"

La compañía holandesa tuvo que reaccionar con agilidad ante la indisposición de una solista, Claron McFadden, recurriendo a una aplaudida Katrien Baerts que estudió la partitura en dos días, cantando desde un lateral mientras la soprano norteamericana asumía la escena. Todos los solistas brillaron en su labor, pasando sin problemas del canto al recitado, con la apropiada combinación de asertividad y ligereza: Jacquelyn Stucker, Nina van Essen, Helena Rasker, Miles Mykkanen (con inesperadas dotes para el claqué), Frederick Ballentine, Germán Olvera y Alex Rosen. En el foso, la Residentie Orkest ofreció un apoyo impecable bajo la atenta dirección de Bassem Akiki. El montaje de Ted Huffman apostó por la máxima simplicidad, los intérpretes deambulaban, en vestido de coctel, delante del telón de seguridad y en una pasarela tras el foso, mientras que en el fondo se proyectaban fotografías y vídeos que evocaban la época retratada, solo que no eran de archivo, sino fruto de un algoritmo entrenado con imágenes reales. Inquietante, como mínimo.

El denso programa del Opera Forward Festival incluía otras propuestas estimulantes, con independencia de si la etiqueta ópera es pertinente. Así, en Codes el director Gregory Caers y el compositor Bas Gaakeer reunieron en escena a 170 jóvenes en un espectáculo que homenajeaba los 750 años de Ámsterdam con un vitalismo energizante. Oum-A son’s quest for his mother enlaza, de la mano de la compositora Bushra El-Turk y la directora Kenza Koutchoukali, la figura de la mítica cantante egipcia Oum Khaltoum con la carga emocional del dramaturgo Wajdi Mouawad, en un monólogo teatral con música incidental que solo levanta el vuelo cuando una de las canciones emblemáticas de la artista desaparecida hace 50 años toma el protagonismo.

Punto y aparte merece The Sound Voice Project, una instalación en vídeo de la compositora Hannah Conway a partir de personas que han perdido el habla por enfermedad o a consecuencia de alguna intervención quirúrgica: son 30 minutos divididos en tres episodios que no dejan indemne al espectador.  * Xavier CESTER, crítico de ÓPERA ACTUAL

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