El Liceu sube el barrio al escenario

Barcelona

06 / 10 / 2022 - Aniol COSTA-PAU - Tiempo de lectura: 3 min

Print Friendly, PDF & Email
operaactual-liceu-lagataperduda (1) Una escena del estreno de 'La gata perduda' © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
operaactual-liceu-lagataperduda (1) Una escena del estreno de 'La gata perduda' © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
operaactual-liceu-lagataperduda (1) Una escena del estreno de 'La gata perduda' © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Arnau Tordera I: LA GATA PERDUDA

Estreno absoluto

Pau Armengol, Marta Infante, Albert Casals, Joan Sáenz, Rocío Martínez, Dianne Ico, Óscar Peñarroya. Dirección musical: Alfons Reverté. Dirección de escena: Ricard Serra. 5 de octubre de 2022.

El Gran Teatre del Liceu de Barcelona ha sido siempre un símbolo de la alta cultura, escenario ilustre de las óperas clásicas del repertorio, y lugar de prestigio frecuentado mayoritariamente por burgueses de clase alta y amantes de la lírica. Un templo de ambiente melómano y refinado que, ciertamente, choca con la realidad humilde, multicultural, festiva y bulliciosa del barrio que le envuelve, el Raval. Así, con el objetivo de abrir las puertas e integrar el teatro operístico con su entorno particular, el Liceu ha concebido La gata perduda, una ópera con música de Arnau Tordera y texto de Victoria Szpunberg, cocreada con las asociaciones culturales de su entorno del Raval. El proyecto, pues, va más allá de las pretensiones puramente artísticas y aspira a convertirse también en una obra política y social, integradora y participativa. Lo denotaba el público del estreno, formado por numerosos grupos de entidades vecinales que acudían por primera vez al coliseo barcelonés, además de importantes autoridades en el palco, encabezadas por el Presidente de la Generalitat Pere Aragonès (la alcaldesa Ada Colau acudirá a la función del día 7).

"Arnau Tordera ha compuesto una partitura eficaz y atractiva, capaz de integrar con inteligencia diferentes estilos musicales ajenos a la lírica, pero propios del Raval"

Teniendo en cuenta la naturaleza del proyecto, con músicos y coristas mayoritariamente no profesionales, el resultado fue más que convincente. El libreto de Szpunberg supo encontrar el tono acertado e inventó una historia simple y amena que gira en torno la desaparición de la famosa escultura con forma de gato de Fernando Botero, ubicada en la Rambla del Raval. La narración, ideal para un público joven y familiar, combina momentos graciosos y paródicos, ridiculizando a los grupos de turistas que masifican la ciudad o bromeando sobre los camellos que ofrecen todo tipo de sustancias, con otras escenas reivindicativas y punzantes, que ensalzan la clase trabajadora, la riqueza multicultural y la organización ciudadana. El director de escena Ricard Soler recreó la búsqueda de la gata con un simple andamio de obras que envolvía una habitación flotante; una opción un tanto estática que solo adquiría dinamismo cuando el escenario se poblaba de los cantantes de las agrupaciones del barrio, que, aún sin movimientos actorales muy afinados, daban un punto de caos necesario.

Sobre esta misteriosa y divertida historia, el músico Arnau Tordera ha compuesto una partitura eficaz y atractiva, capaz de integrar con inteligencia diferentes estilos musicales ajenos a la lírica, pero propios del Raval, como el rap, la rumba, las batucadas o el heavy metal. Con su escritura, Tordera, siguiendo el mismo camino que en sus trabajos como líder del grupo de rock sinfónico Obeses, demuestra un talento natural para escribir melodías épicas y culminantes, himnos corales y contrapuntes riquísimos, sumados a una facilidad pasmosa para integrar, adaptar e imitar cualquier género musical. Su trabajo, pues, resultó clave para el éxito de la ópera. Una obra que, de hecho, siendo estrictos, se acerca más al teatro musical que al lírico, puesto que todos los solistas, incluso los de voz impostada, cantaban con micrófono. En esta sonorización que resaltaba los cantantes por encima de la joven orquesta del Conservatori del Liceu, sobresalió el timbre compacto del barítono Pau Armengol (Magnate), las afiladas coloraturas de la soprano Rocío Martínez (Arquitecta) y la gravedad de la mezzosoprano Marta Infante (Curadora), así como la emisión brillante del tenor Albert Casals (Detective).

Así pues, vista la calidad del resultado, los sonoros aplausos del público, feliz de verse representado en escena, y el ingente trabajo que ha supuesto montar la producción, sería interesante que, después de las dos funciones previstas, el Liceu reprogramara el espectáculo en las próximas temporadas. Sería, sin duda, la manera más fiel de dar continuidad al proyecto ciudadano y mantener así las puertas del paraíso abiertas al barrio.  * Aniol COSTA-PAU, crítico de ÓPERA ACTUAL