La férvida Napoli de Pergolesi

Barcelona

11 / 02 / 2020 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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La formación Forma Antiqua, encabezada por los hermanos Zapico © Palau de la Música

Ibercamera

Pergolesi: STABAT MATER

Obras de Conforto, Avison, Porpora, Vinci y Pergolesi. María Espada, soprano. Carlos Mena, contratenor. Forma Antiqua. Dirección: Aarón Zapico. Palau de la Música Catalana, 7 de febrero de 2020.

Como es habitual en cada uno de sus conciertos, la formación Forma Antiqua, encabezada por los hermanos Zapico, ha presentado, en su nueva aparición en el ciclo de Ibercamera, un elaborado programa centrado sobre todo en la música italiana del siglo XVIII. Y más concretamente en la música napolitana, o de influencia napolitana, una de las escuelas decisivas en la configuración del barroco italiano, tanto en lo referente a la música instrumental como al repertorio sacro y operístico.

Con un conjunto de tan solo trece instrumentistas más su director, Aarón Zapico, que también ejerció de clavecinista y organista, junto a dos solistas vocales, Forma Antiqua emprendió este recorrido musical por la efervescente ciudad partenopea a través de obras de Nicola Conforto, el inglés Charles Avison, Nicola Porpora, Leonardo Vinci y el trascendental Giovanni Battista Pergolesi quien, a pesar de su prematura muerte, dejó un racimo de milagrosas composiciones como su famoso Stabat Mater, que fue la pieza que cerró de manera brillante el programa.

"La expresividad de María Espada, así como su capacidad para empastar con la voz de Carlos Mena, permitió disfrutar de una excelente y emotiva versión de la obra maestra de Pergolesi"

Un programa perfectamente construido que se iniciaba, en cada una de las dos partes, con una obertura. En la primera, la de la ópera Siroe, de Conforto, obra prácticamente olvidada a partir de un libreto del referencial Metastasio, en la que ya se pudo apreciar la expresividad y calidad del conjunto compuesto por tres violines primeros, tres segundos, dos violas y, en el bajo continuo, dos violonchelos, un contrabajo y los dos restantes hermanos Zapico, Pablo y Daniel, en los instrumentos de cuerda rasgada: archilaúd y tiorba. En la segunda parte, la obra inicial fue la sinfonía de un oratorio de Vinci: Maria Dolorata.

El planteamiento estilístico de Forma Antiqua se basa en el rigor estilístico, la calidez de los acentos y colores y un impulso rítmico contenido pero implacable, que sedujo tanto en la Obertura de Siroe como en el posterior Concerto que el inglés Charles Avison compuso a partir de las famosas sonatas del napolitano Domenico Scarlatti. Todo ello fue el preludio instrumental a la primera obra vocal del concierto, el Salve Regina de Nicola Porpora. Compositor a menudo poco valorado, las obras de Porpora sorprenden siempre por su expresividad y su fluidez melódica. Dividida en seis partes, el Salve Regina incluye a una voz solista que, en esta ocasión, corrió a cargo de unos de los mejores especialistas españoles: el contratenor Carlos Mena. Formado en la mejor escuela posible, la Schola Cantorum Basiliensis, posee una atractiva voz de contraltista que se proyecta con facilidad y con variedad de colores. La línea de canto es impecable, de gran elegancia y un amplio registro. Si bien en el Salve Regina de la primera parte se percibió alguna estrechez en la franja aguda, en el Stabat Mater firmó una actuación brillante, dominando todos los registros y ofreciendo momentos de una intensidad dramática incuestionable.

Eso fue en una segunda parte, que se había iniciado con la obertura de Vinci, en la que se percibieron pequeños desajustes puntuales en la afinación en los violines primeros. Afortunadamente fue un problema pasajero que se corrigió con la interpretación del Stabat Mater, pieza en la cual la formación dio lo mejor de sí misma, encabezada por un Aarón Zapico que supo controlar con maestría las pausas, los tempi y resaltar los affetti de una obra sin par. De la parte de soprano se encargó María Espada, gran especialista del repertorio barroco que combinó una exquisita messa di voce con cierta estridencia en los pasajes en forte. A pesar de ello, su expresividad, así como su capacidad para empastar con la voz de Mena, permitió disfrutar de una excelente y emotiva versión de la obra maestra de Pergolesi.