La celebración continúa en La Zarzuela

Madrid

19 / 11 / 2020 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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Raquel Lojendio y Gabriel Bermúdez encabezaron un segundo reparto de buen nivel © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
Ángel Ruiz como Espasa en esta elegante producción de Emilio Sagi © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL

Teatro de La Zarzuela

Sorozábal: LA DEL MANOJO DE ROSAS

Reparto alternativo

Raquel Lojendio, Gabriel Bermúdez, Vicenç Esteve, Joselu López, Nuria Pérez, Ángel Ruiz, Milagros Martín, Enrique Baquerizo, César Sánchez, Eduardo Carranza, Joseba Pinela, Daniel Huerta, Alberto Ríos, Francisco José Pardo, Rodrigo Álvarez, Alberto Camón, Román Fernández-Cañadas y Francisco José Rivero. Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección: Guillermo García Calvo. Dirección de escena: Emilio Sagi. 17 de noviembre de 2020.

Sin tanta carga emotiva como la del primer reparto, en el cual Ruth Iniesta y Milagros Martín evolucionaban papeles y Carlos Álvarez se perpetuaba, La del manojo de rosas siguió con su retorno triunfal con un segundo reparto de buen nivel y que mantuvo la alquimia interna tan especial del montaje.

"Raquel Lojendio, convincente en lo dramático, sacó a pasear su timbre claro y homogéneo y una perfecta pronunciación que no se pierde en los extremos de su registro ni en el vibrato"

La Ascensión de Raquel Lojendio se construyó con naturalidad desde el verbo hacia la música, que es como los papeles de zarzuela toman cuerpo, y no al contrario. Convincente en lo dramático, sacó a pasear su timbre claro y homogéneo y una perfecta pronunciación que no se pierde en los extremos de su registro ni en el vibrato. Le costó ajustar la química con su compañero de andanzas amorosas en “Hace tiempo que vengo al taller”, algo que se fue corrigiendo levemente a medida que avanzaba la obra. Por su parte, el Joaquín de Gabriel Bermúdez encontró algunas dificultades, con tendencia a entubar la parte aguda de su registro y acompañándola de portamentos y cambios de color tras el pasaje. Con todo, la falta de brillo vocal se contrarrestó con su natural musicalidad y un trasfondo de sensibilidad interpretativa que funciona muy bien con su papel de mecánico bohemio.

Para los personajes de Capó y Clarita sirvieron sobradamente Joselu López y Nuria Pérez, ambos traídos de un Proyecto Zarza que continúa dando frutos más allá de su concepción original. Pérez confirmó las buenas sensaciones de aquellas ¡24 horas mintiendo! de dos temporadas atrás, y puso de relieve su formación como actriz en cada intervención, aportando desparpajo y chispa en lo cantado, hablado y bailado. Hasta hubo espacio para la improvisación bien resuelta ante una bicicleta rebelde que se negaba a mantenerse erguida. Eso sí, la poca impostación, tan beneficiosa en lo actoral, jugó alguna mala pasada con el volumen canoro de la pareja en momentos aislados. El resto del reparto, repetido del día del estreno, cumplió de forma sobresaliente, destacando –es inevitable, por este personaje no pasan los años– el Espasa de Ángel Ruíz y la emocionante Mariana de Milagros Martín, que sigue ofreciendo mucho más de lo que un personaje como el suyo podría dar.

Mención aparte merece la dirección de Guillermo García Calvo, nostálgica, festiva, muy cómoda en el espíritu políglota de sus retazos estilísticos. Llevó a buen puerto la compleja tarea de hacer sonar a 23 como sesenta, y la orquesta demostró complicidades en cada matiz y ganas de convertir el elegante montaje de Emilio Sagi en una celebración. Y es que mucho de eso hubo, animado en buena parte por un público enfervorecido que se reencuentra con un repertorio que reconoce en forma y fondo. Viva la vocación de equilibrista de Daniel Bianco, actual director del coliseo madrileño.