La 'Butterfly' 2.0 de Michieletto se pasea por la Plaza de Oriente

Madrid

01 / 07 / 2024 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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madrid puccini La producción de Damiano Michieletto de 'Madama Butterfly' © Teatro Real / Javier DEL REAL
madrid puccini Mikeldi Atxalandabaso (Goro) y Saioa Hernández (Cio-Cio San) © Teatro Real / Javier DEL REAL
madrid puccini Saioa Hernández (Cio-Cio San) y Matthew Polenzani (F.B. Pinkerton) © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Puccini: MADAMA BUTTERFLY

Nueva producción

Saioa Hernández, Silvia Beltrami, Matthew Polenzani, Lucas Meachem, Mikeldi Atxalandabaso, Tomeu Bibiloni, Fernando Radó, Marta Fotanals-Simmons, Andrés, Mundo, Xavier Casademont, Íñigo Martín, Elena Castresana, Debora Abramowicz, Legipsy Álvarez. Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real. Dirección musical: Nicola Luisotti. Dirección de escena: Damiano Michieletto. 30 de junio de 2024.

El Teatro Real cierra su temporada con una producción proveniente del Teatro Regio Torino de Madama Butterfly (ver previa en este enlace), una de las óperas más queridas y populares del repertorio. Y es que esta obra maestra de Puccini cumple con todos los requisitos que se le exige a un gran melodrama: una historia trágica, centrada en una mujer aparentemente débil pero dispuesta a asumir su destino hasta el final, un puñado de villanos —malos hasta la degeneración— y un exotismo que permite sublimar la sordidez de lo que ocurre en escena con evocaciones de otro mundo.

La puesta en escena de Damiano Michieletto, en todo caso, arrasa con esto último: el regista reinterpreta la casita japonesa, el nido de amor de Cio-Cio San, para transformarlo en un escaparate de la prostitución y lo coloca en un barrio del Extremo Oriente de hoy en día, dedicado al comercio erótico y, más en particular, al turismo sexual: gran despliegue de neones y carteles, además de un movimiento casi perpetuo en un escenario saturado de imágenes y figurantes. (Excelentes la iluminación, que logra algún momento de hermosa intimidad, así como el movimiento de actores). Al rechazar de plano cualquier sentimentalismo, la dirección de escena deja todo el drama en manos de la música, y muy en particular de la orquesta y del director.

Y como el maestro Nicola Luisotti se inclinó por un fabuloso refinamiento en la puesta en valor de los colores, las modulaciones y las texturas de una partitura exquisita, llena de sorpresas y de novedades armónicas y rítmicas, la frialdad propia del estilo pucciniano resaltó todavía más. Pocas veces se ha podido percibir con tal claridad la gélida crueldad con la que el compositor se delecta en la tragedia de su desdichada chiquilla con el fin de atacar directamente la fibra emocional del público y, por esa vía, su bolsillo. Resulta difícil saber si esa era la intención de los responsables de la representación, pero lo que esta ponía en marcha era una interrogación acerca del significado del voyerismo del público. Y quizás por eso no todo fueron aplausos para los encargados de la puesta en escena…

"Ya en el pianísimo de la entrada, Saioa Hernández dejó claro que iba a trazar un retrato inolvidable: desde la inocencia primera hasta la conciencia trágica del último parlamento"

Como ocurrió en la Medea que abrió la temporada (ver crítica en este enlace), acaparó la atención la soprano madrileña Saioa Hernández, por fin recuperada para la ópera en su país; parecía difícil que con una voz tan poderosa y opulenta como la suya lograra abarcar todos los matices de la pobre Butterfly, pero ya en el pianísimo de la entrada dejó claro que iba a trazar un retrato inolvidable: desde la inocencia primera hasta la conciencia trágica del último parlamento, con un control absoluto, una proyección extraordinaria y una casi infinita sutileza expresiva. Le dio la réplica el Pinkerton de Matthew Polenzani, que sacó a relucir con inteligencia su primerísima categoría de tenor lírico con impecable fraseo y belleza tímbrica para otorgar a una interpretación propiamente verista cierto aroma belcantista. Muy bien Silvia Beltrami como una Suzuki de voz amplia y densa, y correcto Lucas Meachem (Sharpless), ambos adecuados a sus papeles clásicos de “confidentes”. Soberbio el trío español formado por Mikeldi Atxalandabaso (Goro), Tomeu Bibiloni (Yamadori) y Fernando Radó (Tío Bonzo), a los que dieron vida con una inmediatez, una calidez y una vitalidad fuera de serie. Excelentes todos los demás.

El Coro Titular del Real recibió una merecida ovación tras una memorable interpretación de la escena nocturna del final del segundo acto, y la Orquesta del Teatro estuvo a la altura de lo que solicitaba Luisotti: transparencia, limpieza, precisión en los colores y en los tempi. Gran éxito, que no empeñaron del todo las protestas finales.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL