La Bayerische Staatsoper despide la temporada con Kaufmann

Múnich

30 / 06 / 2020 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 3 min

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Kaufmann brilló interpretando a Schoenberg, Strauss y Mahler © Staatsoper.tv
Kaufmann, al lado de Petrenko, al frente de la Bayerisches Staatsorchester © Staatsoper.tv
Un 100 de espectadores privilegiados disfrutaron del concierto en directo © Staatsoper.tv

Bayerische Staatsoper

Recital Jonas KAUFMANN

En 'streaming'

Obras de Schoenberg, Stravinsky, Mahler y Strauss. Jonas Kaufmann, tenor. Dirección: Kirill Petrenko. Academia de la Bayerisches Staatsorchester. 29 de junio de 2020.

El ciclo de los Montagskonzerte (Conciertos del lunes) en la Bayerische Staatsoper llegó a su fin, y con él se da prematuramente por culminada una temporada atípica. El teatro reabrirá sus puertas el primero de septiembre con el estreno pospuesto de Seven Deaths of Maria Callas, de Marina Abramovic. Esto, cabe destacarlo, no va a suponer el reencuentro de la escena con el público muniqués, porque ya pudo darse a mediados de junio gracias a la evolución favorable de la pandemia. La velada del pasado lunes discurrió delante de un afortunado centenar de espectadores esparcidos por todo lo amplio de los palcos superiores que pudieron disfrutar —por fin, en directo— de una clausura de temporada capitaneada por las dos instituciones vertebrales del coliseo bávaro: Kirill Petrenko al mando de la Bayerisches Staatsorchester y el tenor Jonas Kaufmann.

El concierto, de más de dos horas de duración, propuso un interesante viaje sinfónico por los albores del siglo XX. La programación ha sido, más allá de los nombres de fama internacional, uno de los mayores atractivos del ciclo de los conciertos del lunes, ya desde las primeras ediciones. Y en la última tampoco quedó en segundo plano. Concebida en cuatro partes equilibradas, la velada ofreció dos sensibilidades novecentistas en diálogo: el modernismo vienés representado por Schoenberg y Mahler, por un lado, y el neoclasicismo en manos de Stravinsky y Strauss, por el otro.

"La voz gruesa de Kaufmann, precisa en el registro medio, emocionó en los vaivenes cromáticos que configuran el lenguaje melódico de Mahler, pero quedó demasiado expuesta o despojada en el falsete"

La familia de la orquesta bávara al completo salió a defender lo exhaustivo y exigente de este programa, moviéndose entre formatos con la maleabilidad característica de un conjunto acostumbrado a las intermitencias del foso. Abrió el concierto la Kammersymphonie Op. 9 de Arnold Schoenberg, interpretada por los jóvenes músicos de la academia de la orquesta de la Ópera. Esta obra para quince instrumentos solistas explora sin reparos los límites de una tonalidad cada vez más tambaleante. Puro ejercicio intelectual, dedicado a la resignificación y transformación de los parámetros básicos de la clásica (melodía, armonía, ritmo), la música de Schoenberg convierte el propio hecho de escuchar en un reto cerebral, pero es sobre todo una pesadilla para cualquier intérprete. Ni el formato de cámara ni la atonalidad naciente fueron, sin embargo, un obstáculo para el talento y la frescura de los músicos de la Academia de la Bayerisches Staatsorchester, que gustan de enseñarse, que parecen sentirse seguros hasta en la intemperie de la Segunda Escuela de Viena. A continuación, la orquesta titular condujo la velada hacia un registro más complaciente —aunque no menos inteligente— con la suite del ballet Pulcinella de Stravinsky, ejemplo paradigmático del movimiento vanguardista musical por excelencia, el neoclasicismo.

El plato fuerte llegó después de la pausa, con la intervención de Jonas Kaufmann. El tenor bávaro subió al escenario para instalar de nuevo un ambiente de sombras expresionistas. La pomposidad clasicista del primer Stravinsky dejaba espacio otra vez a la introspección de la Viena finisecular, encarnada en los deliciosos Lieder eines fahrenden Gesellen, de Gustav Mahler. Kaufmann estuvo más bien cauto con la intricada vocalidad mahleriana, que exige una flexibilidad extrema, inaudita en el género del Lied. Su voz gruesa, precisa en el registro medio, emocionó como de costumbre en los vaivenes cromáticos que configuran el lenguaje melódico de Mahler, pero quedó demasiado expuesta o despojada en el falsete. El extraordinario arreglo para orquesta de cámara de Schoenberg, sin embargo, endulzó el ya de por si noble timbre de Kaufmann con su delicadez tímbrica, especialmente gracias al hipnotizante juego entre piano y armónium. De vienés a vienés, Schoenberg homenajea en su reelaboración de este ciclo de Lieder al concienzudo estilo mahleriano, con una orquestación que se refiere casi explícitamente al culminante Das Lied von der Erde.

Sin moverse de la capital del mundo de ayer, en palabras de Stefan Zweig, la orquesta cogió el relieve de un aclamado Kaufmann para atacar la contundente suite de Der Bürger als Edelmann, de Richard Strauss. Compuesta en 1912, esta obra de música incidental para la comedia de Molière es el resultado de la mezcla entre el ya mencionado neoclasicismo y el sinfonismo extremo de Strauss. Su grandiosidad se destaca de la opción stravinskiana, sobre todo por la potencia dramatúrgica que la acerca a la producción operística del propio compositor vienés (Der Rosenkavalier, por ejemplo, le es sospechosamente cercana en el tiempo). Kirill Petrenko dirigió con estoicismo esta obra total, aunque mayormente desconocida, que ofrece una interesante lectura de las formas antiguas y a la vez una oportunidad para desplegar todos los recursos de la orquesta sinfónica, exponiéndola, explicándola como formato. Con Strauss terminó una velada conclusiva, con el centro en la voz de Kaufmann, sin duda, pero no menos en el conjunto sinfónico que da vida a todas y cada una de las óperas que sonaron, y que volverán a sonar, en la Bayerische Staatsoper.