Camarena, o la aristocracia del canto

Barcelona

08 / 01 / 2022 - Marcelo CERVELLÓ - Tiempo de lectura: 2 min

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Javier Camarena Liceu /operaactual.com Javier Camarena, junto a Ángel Rodríguez en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Javier Camarena Liceu /operaactual.com Javier Camarena en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Recital de JAVIER CAMARENA

Obras de Delibes, Massenet, Verdi, Donizetti, Cilea y otros. Ángel Rodríguez, piano.  7 de diciembre de 2022

Podría sostenerse sin temor a apartase mucho de la verdad que hoy ya no hay voces como las de antes, pero que en cambio se canta mejor que nunca. Lo acaba de demostrar el tenor mexicano Javier Camarena en el Liceu en el curso de una gira que le llevará a otros escenarios españoles y que se caracterizó, una vez más, por la nada convencional programación de su contenido, con las arias operísticas agrupadas en la primera parte y con el material de relleno –dicho sea con todos los respetos– destinado a rematar la faena antes de recurrir al verduguillo con la ya habitual oblación a los dioses locales del ejecutante (Maria Grever, en su caso) y de la parroquia (Josep Ribas).

Lo inédito en el capítulo de las siempre bien recibidas propinas, vendría con la inclusión de un dúo, el del primer acto de La Cenerentola, en el que recibiría la colaboración de la mezzosoprano ucraniana Lena Belkina, buena conocedora del rol de Angelina y a las puertas de incorporar la Olga de Pikovaya Dama en este mismo teatro.

En la primera parte del recital Camarena todo lo hizo bien. Un legato de alto rango, un fraseo exquisito y un registro agudo limpio y rutilante –con el Spirto gentil” no se juega– avalaron su producción vocal, con un apenas susurrado “En fermant les yeux” de musicalidad impecable y una versión exultante de “La mia letizia infondere” que añadió puntos extra a una emisión que sigue pareciendo destinada a un repertorio más ligero y que le sirvió para matizar magistralmente el aria de Gerald de Lakmé. Menos convincente resultaría su versión de las canciones napolitanas de la segunda parte, excesivamente elaboradas y ofrecidas con un refinamiento tal que cortaba su imprescindible espontaneidad. En todo caso cantó bien la jota de la zarzuela de Pérez Soriano y el Rossini de la propina con Belkina resultó no solo vocalmente impecable, sino gestualmente divertido. Ángel Rodríguez se lució en dos versiones a piano solo de la popular Habanera de Carmen y el intermedio de La boda de Luis Alonso jubilosamente recibidas por el público. * Marcelo CERVELLÓ, crítico de ÓPERA ACTUAL