Krzysztof Warlikowski revive los traumas de la familia de Elektra

Salzburgo

20 / 08 / 2021 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 3 min

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elektra-operaactual-salzburgo 3 Ausrine Stundyte (Elektra), Vida Miknevičiūtė (Chrysothemis) © Festival de Salzburgo / Bernd UHLIG
elektra-operaactual-salzburgo 3 Una escena de la producción de Krzysztof Warlikowski © Festival de Salzburgo / Bernd UHLIG
elektra-operaactual-salzburgo 3 Tanja Ariane Baumgartner (Klytämnestra) y Ausrine Stundyte (Elektra) © Festival de Salzburgo / Bernd UHLIG

Festival de Salzburgo

Strauss: ELEKTRA

Ausrine Stundyte, Asmik Grigorian, Tanja Ariane Baumgartner, Michael Laurenz, Christopher Maltman. Dirección musical: Franz Welser-Möst. Dirección de escena: Krzysztof Warlikowski. Felsenreitschule, 18 de agosto de 2021.

La celebración en 2020 del centenario de la fundación del Festival de Salzburgo se vio severamente limitada por las restricciones de la pandemia. Pese a todo, que el certamen siguiera adelante con una programación adaptada a las circunstancias fue una fuente de optimismo en medio de una actividad operística bajo mínimos en medio mundo. Sin ser óptima, la situación este año ha permitido presentar un cartel ambicioso en salas con el aforo al cien por cien. Eso sí, bajo controles estrictos de entrada para el público, que debe llevar en todo momento la preceptiva máscara FFP2 y un certificado sanitario (si es de vacunación, mejor).

Junto a nuevas propuestas, algunas de las cuales no se pudieron llevar a cabo el año pasado, los responsables del festival han tenido el buen tino de reponer las dos únicas producciones operísticas del 2020, Così fan tutte (manteniendo la versión recortada realizada ex profeso) y Elektra, el título que aglutinaba a tres de los padres fundadores de la cita austriaca: Richard Strauss, en su primera colaboración con Hugo von Hofmannsthal, adaptador de la tragedia de Sófocles, y Max Reinhardt, director de la producción teatral de la misma que el compositor alemán vio antes de decidir que la sangrienta historia de los Atridas sería su siguiente proyecto después del éxito de Salome.

"La entrega escénica, un instrumento de timbre personal, con un agudo seguro, y una sagaz comprensión de las facetas de un personaje desquiciado fueron las principales herramientas empleadas por la formidable Ausrine Stundyte"

En este reposición, que contaba con un equipo artístico bastante similar al de 2020, el montaje de Krzysztof Warlikowski, aún sin ser uno de sus trabajos más convincentes, parecía mejor trabado, un retrato más bien gélido de las relaciones entre las tres protagonistas, perseguidas por traumas que se despliegan en el tiempo (el paso del cual está marcado por detalles sutiles, como la caracterización del Viejo Sirviente). El decorado de Małgorzata Szczęśniak, con su piscina, sus duchas y una habitación móvil de plexiglás, ocupa toda la longitud de la Felsenreitschule, aunque es la iluminación de Felice Ross la que ayuda en gran medida a crear el ambiente adecuado de cada escena, mientras el vestuario de la misma Szczęśniak evoca los melodramas del Hollywood de los años 50. Si Klytämnestra abre la función con un prólogo recitado basado en Esquilo, donde el personaje justifica el asesinato de Agamemnon, es Orest quien la cierra perseguido tras su matricidio por las Erinias, representadas por las incontables moscas proyectadas en la pared de sala, atraídas por la sangre.

Según algunas crónicas, Strauss recomendaba dirigir Elektra como si fuera música de hadas de Mendelssohn. Boutade o no, la verdad es que el expresionismo más exacerbado no es la única opción interpretativa en esta partitura, y así lo entendió Franz Welser-Möst. Su búsqueda de los incontables detalles sonoros de la mastodóntica partitura contó con el apoyo incondicional de una Filarmónica de Viena ideal en estos menesteres, en una lectura no por ello faltada de contundencia.

Ausrine Stundyte ha progresado de forma interesante como Elektra, lo cual no implica que la voz tenga el formato idóneo. La entrega escénica, un instrumento de timbre personal, con un agudo seguro, y una sagaz comprensión de las facetas de un personaje desquiciado fueron las principales herramientas empleadas por la formidable soprano lituana. Asmik Grigorian se incorporó a esta reposición recién llegada de Bayreuth con su triunfal Senta bajo el brazo, para volver a encarnar una Chrysothemis para nada débil (una de las aportaciones más logradas de la producción), sino dominada por un lirismo apasionado, servido por un canto generoso. Tanja Ariane Baumgartner se suma a la lista de intérpretes de Klytämnestra de voz más fresca y menos ajada, mientras que Michael Laurenz demostraba que también se puede cantar con buen gusto el papel de Ägisth. La principal novedad de la reposición fue el Orest de sombría concentración de Christopher Maltman. La pléyade de pequeños papeles estuvo al nivel que se espera de un festival como el de Salzburgo.  * Xavier CESTER, corresponsal en Salzburgo de ÓPERA ACTUAL