Klaus Florian Vogt conquista con su Tristan la Semperoper

Dresde

28 / 01 / 2024 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 3 min

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tristan dresden Camilla Nylund como Isolda en Dresden © Semperoper Dresden / Ludwig OLAH
tristan dresden Klaus Florian Vogt y Camilla Nylund como Tristán e Isolda © Semperoper Dresden / Ludwig OLAH
tristan dresden La producción de 'Tristan und Isolde' de Marco Arturo Marelli © Semperoper Dresden / Ludwig OLAH

Semperoper Dresden

Wagner: TRISTAN UND ISOLDE

Klaus Florian Vogt, Camilla Nylund, Georg Zeppenfeld, Tanja Ariane Baumgartner, Martin Gantner. Dirección musical: Christian Thielemann. Dirección de escena: Marco Arturo Marelli. 25 de enero de 2024.

La Semperoper Dresden acogió el último debut del celebrado tenor Klaus Florian Vogt en un rol wagneriano. Con Tristan, el papel que le quedaba por encarnar, Vogt ha completado el peculiar póquer original del Heldentenor. Y de qué manera: bajo la batuta de Christian Thielemann al mando de la Staatskapelle Dresden y al lado de Camilla Nylund como compañera de viaje psicodélico.

El encuentro de esos nombres alrededor de Tristan und Isolde ha significado un verdadero acontecimiento en el universo Wagner. Vale decir que al wagneriano medio de hoy en día le tiende a bastar con que el profeta Thielemann tome el mando para convertir una producción en todo un acontecimiento. Pero en Dresde se han juntado, además, tres imprescindibles del Festival de Bayreuth: Vogt, que cantará los dos Siegfried en la edición de este año, Nylund, que asumirá Isolde, y Georg Zeppenfeld, el Gurnemanz del momento. Todo un caramelo.

"Parece que no hay ningún papel wagneriano que ponga a prueba el timbre de Klaus Florian Vogt. Más bien es al revés"

La verdad es que, con la lista de nombres de músicos excelentes que conforman el reparto, se acaban los atractivos de este Tristan sajón. La dirección de escena de Marco Arturo Marelli es simplemente inexistente: el regista suizo se limita a diseñar un espacio complaciente para los ojos, claramente anclado en la tradición de escenografías abstractas del llamado «nuevo Bayreuth» de Wolfgang y Wieland Wagner. Por lo demás, la puesta en escena no dice nada, es casi una versión de concierto camuflada. Vale la pena preguntarse por qué esta rendición absoluta es tan frecuente en producciones de Tristan und Isolde. Seguro que no se debe a la «insuficiencia como lectores a la hora de acercarse a ese drama», tal y como escribe Thielemann en el programa de mano. Más bien es el resultado de no dignarse a proponer un enfrentamiento real con el texto de la obra, que ofrece, como cualquier otro clásico, una multitud de ángulos desde donde abordarla.

Hay que hablar aquí de la música, protagonista absoluta de la velada. Christian Thielemann y la Staatskapelle Dresden ofrecen, de serie, un Wagner sorprendentemente transparente, y este Tristan no fue una excepción. El berlinés dirigió con paciencia, muy cerca de los cantantes, pero a la vez atento a destacar cada textura orquestal. Su acercamiento experimentado y confiado se mueve, como cualquier atrevimiento, entre la genialidad y la desmedida. Genial, por ejemplo, la interpretación del Liebestod, especialmente en las cuerdas, que desdibujaron completamente el tetracordio final, cambiando el tremolo por semicorcheas pausadas y audibles; quizás un tanto fuera de lugar estuvo la homogeneidad atmosférica, que trabajó a veces, más allá de las grandes cantidades de agógica, contra las tensiones intrínsecas de la partitura.

La tríada Vogt-Nylund-Zeppenfeld fue sin duda el plato fuerte de la tarde. Parece que no hay ningún papel wagneriano que ponga a prueba el timbre de Klaus Florian Vogt. Más bien es al revés: su voz pacifica y normaliza cada rol con el que se enfrenta. También el de Tristan, con sus picos neuróticos, tanto melódicos como temperamentales, en el tercer acto. Lo mejor, sin duda, los pianísimos del dúo del segundo acto; lo mismo vale para Camilla Nylund, que se mostró, sin embargo, un tanto tímida en los momentos de apertura de Isolde, especialmente en la primera escena del segundo acto. Toque de atención por lo que hace al texto, que los dos desatendieron mayormente. No así el siempre excelente Georg Zeppenfeld, cuyo rey Marke, cuidadoso con la pronuncia y musicalmente deslumbrante, hubiera hecho las delicias de Richard Wagner. Mención especial para Tanja Ariane Baumgartner y para Martin Gantner, unos sólidos Brangäne y Kurwenal.  * Lluc SOLÉS, crítico internacional de ÓPERA ACTUAL