Kaufmann y Harteros triunfan como Tristan e Isolde

Múnich

02 / 07 / 2021 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 4 min

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kaufmann tristan / operaactual.com Una escena de la producción de Krzysztof Warlikowski © Bayerische Staatsoper / WIlfried HÖSL
kaufmann tristan / operaactual.com Kaufmann junto a la Isolde de Anja Harteros © Bayerische Staatsoper / WIlfried HÖSL
kaufmann tristan / operaactual.com Jonas Kauffmann como Tristan © Bayerische Staatsoper / WIlfried HÖSL

Bayerische Staatsoper

Wagner: TRISTAN UND ISOLDE

Nueva producción

Anja Harteros, Jonas Kaufmann, Okka von der Damerau, Wolfgang Koch, Mika Kares, Michael Plumb, Dean Power, Christian Rieger, Manuel Günther. Dirección musical: Kiril Petrenko. Dirección de escena: Krzysztof Warlikowski. 29 de junio de 2021.

De catártica puede definirse la noche del estreno del Tristan und Isolde en Múnich, que supuso el debut en el rol para sus dos protagonistas, Anja Harteros y Jonas Kaufmann contando con la inconmensurable dirección de Kiril Petrenko, exdirector titular de la orquesta de la Staatsoper y actual responsable de los Berliner Philarmoniker. Petrenko exhibió una batuta enérgica, cargada de tensión dramática y también rica en ductilidad y sutilezas. Una maravillosa y memorable versión que buscó en todo momento el lirismo en su discurso, en la acentuación de los cromatismos y del juego de los Leitmotive. Resultó especialmente emotivo el preludio del tercer acto, tan lleno de sensibilidad, de emoción intrínseca, y la melodía del pastor interpretada por la maravillosa solista del corno inglés.

"El Tristan de Jonas Kaufmann es muy sensible, musical, arrolladoramente lírico y su segundo acto está repleto de pasión desbordante"

Sobre el papel se esperaban un Tristan y una Isolde eminentemente líricos, como los de Margaret Price y René Kollo escogidos por Carlos Kleiber en esa referencial –y discutida– versión de estudio. Si Jonas Kaufmann, con su ideal color baritonal, en el segundo acto abusó en alguna ocasión de los efectismos marca de la casa –ataques en piano, no siempre del todo precisos–, hizo completamente suyo el tercer acto, sin forzar en ningún momento y repleto de dramatismo, con seguridad prodigiosa en los brillantes agudos y con suficiente peso para acometer los pasajes más dramáticos. Su Tristan es muy sensible, musical, arrolladoramente lírico y su segundo acto estuvo repleto de pasión desbordante, aunque la dirección de escena de Krzysztof Warlikowski no acompañara.

Anja Harteros demostró que su Isolda, eminentemente lírica, podía ser incisiva y punzante en el primer acto, con agudos pletóricos y sin necesidad de oscurecer el registro grave y con un medio portentoso. En el segundo acto estuvo simplemente excelsa. Y es que en el dúo con Tristan pasó de la exaltación amorosa del «Isolde! Geliebte / Tristan! Geliebter!» al intimismo de «O sink hernieder» sin aparente esfuerzo, con un instrumento siempre homogéneo y una inteligencia musical espléndida, culminando con un Liebestod intenso a la vez que delicado, sutil y estratosférico.

Okka von der Damerau presentó una Brangäne sobrada de proyección y, aunque estuvo más cerca de otros personajes épicos, causó un fuerte impacto y quizá se desmarcó demasiado de la línea lírica preponderante, pero no por ello dejó de impresionar. Por su parte, Wolfgang Kock dibujó un Kurwenal también muy lírico, muy cerca del Wolfram de Tännhauser. Mika Kares como Marke dejó constancia de su buen hacer en la tercera escena del segundo con absoluta rotundidad.

Enmarcado en un ambiente burgués de principios de siglo XX, de estilo Wilhelminiano pero con cámaras de seguridad, Krzysztof Warlikowski basó su concepto en un amor que nunca llega a consumarse –como seguramente ocurrió entre Wagner y Mathilde Wesendonck– con una doble acción, la del escenario con un Tristan y una Isolde que ni se rozan durante el apasionado segundo acto, y donde las cámaras de seguridad siguen a Isolde hasta la habitación en la cual se encontrará con Tristan. Un momento en el que apenas existe el diálogo y solo llegan a rozarse un dedo, cuando yacen en la cama y esta se inunda a lo Inception de Nolan en la entrada del Rey Marke. Lo que funcionó mejor fue el tercer acto, aunque con incomprensibles desdoblamientos con maniquíes. La fiesta de aplausos al finalizar la función se vio turbada por la entrada de Warlikowski y su equipo que fueron sonoramente protestados.  * Albert GARRIGA, corresponsal de ÓPERA ACTUAL