CRÍTICAS
NACIONAL
Kataeva soportó todo el peso de ‘Carmen’ en el Maestranza
Sevilla
Teatro de La Maestranza
Bizet: CARMEN
Maria Kataeva, Piero Pretti, Giulianna Gianfaldoni, Delibor Jenis, Mercedes Arcuri, Anna Gomà, Javier Casteñada, Alejandro Sánchez, Pablo Gálvez, Pablo García López. Escolanía de Los Palacios. Coro del Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Dirección musical: Jacques Lacombe. Dirección de escena: Emilio Sagi. 15 de junio de 2025.
Aunque pueda parecer redundante (se vio en la excelente versión de Calixto Bieito en 2021, cuya crítica puede leerse aquí) si hay un teatro de ópera en España que pueda apostar reiteradamente por Carmen ese es el Teatro de La Maestranza por motivos obvios. Más aún si además media una efeméride, como la celebración del 150° aniversario de este título. Tras la pronta caída del cartel de la anunciada Elina Garanca y del director Karel Mark Chichon, ambos fueron reemplazados por la mezzo rusa Maria Kataeva y el maestro Jacques Lacombe con lo que, en lo que respecta al foso, y como se pudo comprobar, esta Carmen ganó enteros por la enorme competencia en este repertorio que posee el director canadiense. Obtuvo de la Sinfónica de Sevilla momentos de gran delicadeza, supo apianar sin emborronar a la orquesta, trabajó con excelencia pasajes casi camerísticos y, en los instantes dramáticos, apretó para sacar todo el jugo, por ejemplo, cuando Bizet hace emerger el tema de la muerte.
Con una voz fluida, llena de inflexiones que ahondaban en la sensualidad del personaje, Maria Kataeva fue una gran Carmen durante toda la función, ya en el aria de las cartas o tocando ella misma las castañuelas cuando embelesa con su baile a Don José en el segundo acto. Actoralmente fue comedida, sin estridencias, lo que elevó a un personaje tan dado a exageraciones teatrales. Desde su primera aparición, Giuliana Gianfaldoni dibujó a una Micaela vulnerable y de comedida expresividad, con un timbre aterciopelado, puro lirismo cuando acometió «Je dis, que rien ne m’épouvante».
Cantó convincentemente el personaje de Don José el tenor Piero Pretti; aunque rozó alguna nota y no alcanzó agudos vistosos, fue de menos a más, como si se fuera ahormando a la representación conforme esta avanzaba. La Canción del Toreador («Votre toast, je peux vous le rendre») devoró al barítono Dalibor Jenis: no es que Lacombe y la Sinfónica lo taparan, es que por más que desde el foso se calibró el volumen la voz no corría y era engullida. Se ha de valorar también la aportación, en este orden, de Pablo García-López, Anna Gomà, Mercedes Arcuri y Alejandro Sánchez. Así como la de la Escolanía de Los Palacios y el Coro del Maestranza, cuyas voces, bien empastadas, controlaron el volumen y discurrieron con calidez, sin riesgo de masificación.
Seguramente en el Auditorio de Alicante donde se estrenó esta producción de Emilio Sagi el resultado fuera más vistoso que en el escenario del Maestranza. Sin apenas escenografía, todo se confió a una iluminación correcta al inicio y pobrísima al comienzo del tercer acto. Tampoco hubo relectura alguna de lo que se cuenta; todos los tópicos estuvieron presentes en la dirección de actores y, singularmente, en la aparición de un bailaor (Cristian Lozano Porras) que hizo un olvidable solo (capote incluido) sobre un suelo de arena rojiza. Solo hubo acierto al final, cuando el público es sentado en el coso taurino para jalear la corrida; la violencia carnal y psicológica que deriva en el asesinato de Carmen. * Ismael G. CABRAL, corresponsal en Sevilla de ÓPERA ACTUAL
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