Joyce DiDonato. Las edades del barroco

Barcelona

21 / 09 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Joyce DiDonato / operaactual.com Joyce DiDonato durante el recital en el Palau de la Música © Antoni BOFILL
Joyce DiDonato / operaactual.com DiDonato e Il Pomo d'Oro inauguraron la temporada del Palau de la Música © Antoni BOFILL
Joyce DiDonato / operaactual.com DiDonato planteó un viaje por la ópera barroca © Antoni BOFILL

Palau de la Música Catalana

Recital de JOYCE DIDONATO

Concierto inaugural de la temporada

Obras de Rossi, Monteverdi, Cesti, Merula, Buonamente, Dowland, Hasse, Händel y Rameau. Il Pomo d’Oro. Concertino y dirección: Zefira Valova. 20 de septiembre de 2021.

Joyce DiDonato ha sido la encargada de inaugurar la temporada del Palau de la Música Catalana, en Barcelona. Y lo ha hecho como solo las divas saben hacerlo, pisando el escenario con enorme carisma y destilando carácter y expresividad en todas sus intervenciones. Junto a ella, el conjunto Il Pomo d’Oro en estado de gracia liderado magistralmente por Zefira Valova, que proporcionó a la cantante un colchón instrumental de lujo sobre el que mecerse.

La mezzo norteamericana, afincada en Cataluña, planteó un programa tan bello como interesante a nivel musicológico, pues proponía un recorrido por dos etapas diferenciadas de la ópera barroca. La primera, que el programa titulaba como Los antiguos, estuvo centrada en la ópera veneciana de mediados del siglo XVII, período en el que los compositores tantearon, con inusitada lucidez, las posibilidades expresivas y formales del nuevo género. Una etapa que los intérpretes abordaron a través de una selección de escenas de óperas de Claudio Monteverdi y Pietro Antonio Cesti, aliñadas con «Si dolce è’l tormento», del noveno libro de madrigales del primero, y rematada con una concesión a John Dowland (Come again, sweet love).

En cambio, la segunda parte del concierto, la dedicada a Los modernos, transcurría alrededor de un siglo más tarde, cuando el género ya está consolidado y ha encontrado su vehículo expresivo a través del aria da capo que, precisamente, se impuso en el estilo napolitano que floreció entre los dos períodos planteados en este recital. Entre estos modernos, DiDonato incluyó a Adolph Hasse como precursor y a Georg Friedrich Händel, su favorito, como máximo exponente de la opera seria y como principal protagonista de la velada. No en vano, el título de éste era My favorite things.

"Una primera parte de gran nivel que se adaptó como un guante a las características vocales actuales de una DiDonato que se mostró más irregular en la segunda"

DiDonato apareció en escena al tiempo que el pequeño ensemble que le acompañó durante la primera parte y, desde el primer momento, exhibió su bello, penetrante timbre de mezzosoprano y un volumen considerable. Tras cantar con prudente elegancia la escena de Penélope de Il ritorno d’Ulisse in patria, «Illustratevi o cieli», y con refinamiento «Intorno all’idol mio» de L’Orontea, el punto culminante de la primera parte llegó con un sentido «Addio Roma». En este deslumbrante monólogo de L’incoronazione di Poppea, una de las grandes creaciones monteverdianas, DiDonato puso toda la carne en el asador,  aportando acentos incisivos a una versión cargada de patetismo.

Una primera parte de gran nivel que se adaptó como un guante a las características vocales actuales de una DiDonato que se mostró más irregular en la segunda. Arrancó con una buena interpretación de «Morte col fiero aspetto», del Marc’Antonio e Cleopatra de Hasse, donde la cantante demostró que su coloratura se mantiene inmaculada. Algo que se puso de manifiesto también en el bloque dedicado a Händel que culminaba un programa tan difícil como agotador. Esta exigencia, probablemente, fue la que propició que, en las tres últimas arias, surgieran progresivamente asperezas en el registro agudo que se empezaron a poner de manifiesto en la famosa «Piangerò la sorte mia». DiDonato siempre ha poseído un registro agudo extraordinariamente penetrante, lo cual supone, paradójicamente, un arma de doble filo pues, cuando éste no está emitido con total libertad, la pérdida de belleza en el sonido se hace más evidente.

Si en «Scherza infida», la primera de las dos arias de Ariodante, se impuso la explosiva capacidad expresiva de la cantante por encima de cierto endurecimiento del sonido no fue así en la que cerraba el recital, «Dopo notte», donde los problemas mencionados se acrecentaron, con sonidos ásperos y afinación incierta que menoscabaron el resultado final. Un final que no estuvo a la altura de lo escuchado anteriormente e, incluso, posteriormente, pues en la segunda y última propina, «As with rosy steps the morn» de Theodora, una melodía tan sencilla como hermosa, DiDonato volvió a demostrar su clase, así como su capacidad para agarrar al público por la solapa desde el principio y no soltarlo hasta el final.

Una mención final muy especial a la extraordinaria prestación de Il Pomo d’Oro durante toda la velada. Tanto en la primera mitad, con pocos efectivos, como en la segunda, donde participaron hasta diecinueve instrumentistas, destacó la perfecta afinación y articulación del conjunto así como su capacidad para colorear con sutileza y expresar con vigor. Si los violines rayaron a gran nivel, no le fue a la zaga, ni mucho menos, el bajo continuo liderado por un espectacular Gianluca Geremia a la tiorba. * Antoni COLOMER, crítico de ÓPERA ACTUAL