Jerez: La abrumadora conquista de Butterfly

19 / 06 / 2019 - Jesús SÁNCHEZ FERRAGUT - Tiempo de lectura: 2 minutos

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Butterfly Jerez La producción de Pablo Viar de 'Madama Butterfly' © Teatro Villamarta / Javier FERGO
Butterfly Jerez La producción de Pablo Viar de 'Madama Butterfly' © Teatro Villamarta / Javier FERGO

Teatro Villamarta

Puccini: MADAMA BUTTERFLY

Maribel Ortega, Leonardo Caimi, Jose Antonio López, Marifé Nogales, Pablo López Dirección: Daniel Gil de Tejada. Dirección de escena: Pablo Viar. 13 junio de 2019.

La jerezana Maribel Ortega debutó como la protagonista de Madama Butterfly en el Villamarta, que llenó aforo, en las vísperas de la celebración de la asamblea semestral de la asociación Ópera XXI que eligió el coliseo andaluz para la cita. La soprano resultó ser lo mejor de la noche; mantuvo una buena línea de canto toda la representación y dio así visibilidad a su agradable voz, aunque a costa de ponerle bridas al aria “Un bel dì vedremo”, por la falta de dramatización del personaje de Cio-Cio San, que a la postre resultó un poco plana. La soprano española triunfó ante su público, que la ovacionó al término de la representación.

Leonardo Caimi, como Pinkerton, acompañó a su Butterfly en ocasiones con dudas en el registro agudo, pero defendiendo aceptablemente su papel pese a que el vestuario no le facilitara la labor. Estuvo, además, correcto en lo dramático. Muy buena impresión dejó Pablo López en su papel de Bonzo, convenciendo al público jerezano. Marifé Nogales y José Antonio López, como los fundamentales Suzuki y Sharpless, resultaron ambos correctos, brindándole realismo a una acción que no encontró apoyo en la escenografía.

La producción de Pablo Viar trasladó el argumento desde la casa de Butterfly a las estancias de una supuesta misión religiosa, con tintes de sanatorio, algo que generó algo de confusión al público que no encontró en esta propuesta la esencia de la tradición japonesa que conlleva el título pucciniano.

La Orquesta de Córdoba se ajustó al foso del Villamarta y superados los momentos iniciales, un poco caóticos, tuvo una correcta intervención bajo la dirección de Daniel Gil de Tejada. Sin mejorías sobre la última representación –Orfeo–, el Coro del Villamarta pasa por un momento peculiar, con dos directores al frente tras la salida de Joan Cabero.

Una Madama Butterfly, en definitiva, que logró evocar una nostalgia digna de la música de Puccini, pero que esta vez se puso al servicio de las pretéritas interpretaciones villamartinas, merecedoras tal vez de más halagos y parabienes.