Una infanticida evoca su crimen desde la cárcel

Viena

28 / 02 / 2022 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 3 min

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jenufa-theaterwien-operaactual (1) Pavol Breslik (Števa Buryja) y Svetlana Aksenova (Jenůfa) © Theater an der Wien / Werner KMETITSCH
jenufa-theaterwien-operaactual (1) Svetlana Aksenova (Jenůfa) © Theater an der Wien / Werner KMETITSCH
jenufa-theaterwien-operaactual (1) Svetlana Aksenova (Jenůfa) y Nina Stemme (Kostelnička Buryjovka) © Theater an der Wien / Werner KMETITSCH

Theater an der Wien

Janáček: JENŮFA

Nueva producción

Svetlana Aksenova, Nina Stemme, Pavel Černoch, Pavol Breslik, Hanna Schwarz. Dirección musical: Marc Albrecht. Dirección de escena: Lotte de Beer. Theater an der Wien, 26 de febrero de 2022.

La nueva producción de Jenůfa es la última que acoge el Theater an der Wien antes de las obras de reforma previstas, tras la culminación de las cuales el coliseo contará con un nuevo intendente, Stefan Herheim. Roland Geyer pudo despedirse con un nuevo éxito artístico que valida la apuesta de la institución por el modelo de stagione frente al sistema de repertorio de la vecina Ópera Estatal. El triunfo del montaje se gestó, de entrada, en el foso, donde Marc Albrecht presidió una lectura de una tensión dramática infalible.

Empleando la edición de 1908 establecida por Charles Mackerras y John Tyrrell, el director alemán no escondía las asperezas de la partitura y exacerbaba una pulsión rítmica implacable. Ello no quiere decir que el lirismo no encontrara su lugar en una versión electrizante, por ejemplo, en las referencias al bebé de la protagonista en el inicio del segundo acto. La Sinfónica de la ORF ofreció una prestación excelente, tanto en los tutti más abrasivos como en los múltiples detalles solistas que Albrecht mimaba con cuidado, como el evocador solo de violín del segundo acto. Por su parte, el Coro Arnold Schoenberg, recién celebrado su cincuenta aniversario, demostró una vez más su versatilidad vocal y escénica.

La producción de Lotte de Beer partía de una premisa, no por evidente, no siempre tenida en cuenta: el título original de la ópera, y de la pieza teatral de Gabriela Preissová en la que se inspira, es Její pastorkyňa (Su hijastra). Es, por tanto, la relación entre las dos auténticas protagonistas la que exploraba la directora holandesa. En esta propuesta, la Kostelnička Buryjovka evoca desde la prisión donde paga por el infanticidio cometido los hechos que la han conducido allí. Un espacio decrépito, de imponentes muros, conformó el decorado giratorio de Christof Hetzer, mientras que el vestuario de Jorine van Beek situaba vagamente la acción a principios del siglo XX, ganando colorido en su evocación de los trajes folklóricos campesinos. La iluminación de Alex Brok jugó un papel crucial en el tránsito entre la gris realidad de la Kostelnička, rechazada por las otras reclusas, y sus recuerdos.

La meticulosa dirección de De Beer (responsable a partir de la temporada siguiente de la Volksoper de Viena) seguía con atención los principales hitos de la trama, dejando abierta la posibilidad de que los recuerdos de la Kostelnička fueran más una construcción que no un reflejo fiel de la realidad: si la violación de Jenůfa por un Števa bajo una piel de lobo en el primer acto así lo indicaba, la escena final no estaba exenta de ambigüedad. Tras visitar a su madrastra en la cárcel, Jenůfa reaparecía con Laca en la parte superior del decorado, bañados ambos con una irreal luz amarillenta. Pero si la orquesta explotaba entonces con todo su esplendor, la desesperación de Kostelnička, sola en su celda, hacía dudar que la ansiada expiación fuera posible.

"Si en 2005 Nina Stemme debutaba en el Liceu como Jenůfa, ahora se presentaba por primera vez en el Theater an der Wien como Kostelnička, con una voz perfectamente asentada en el centro y el grave"

Con una voz luminosa, de expansión fácil en el agudo, y un fraseo de gran dulzura, Svetlana Aksenova fue una Jenůfa conmovedora, brillante también como actriz: su desazón en la escena de la boda subrayaba cómo, pese a todo, Laca no era el hombre al que amaba. Si en 2005 Nina Stemme debutaba en el Liceu barcelonés como Jenůfa, ahora se presentaba por primera vez en el Theater an der Wien como Kostelnička, con una voz perfectamente asentada en el centro y el grave, y un registro superior aún percutente. Omnipresente en escena, la soprano sueca llevó sobre sus hombros el peso de la representación, y si en el segundo acto los acentos alucinógenos eran impactantes, la desesperación del tercero también hacía diana. Pavol Breslik dibujó un Števa petulante pese al atractivo color lírico de su voz, mientras que Pavel Černoch interpretaba un Laca que alternaba impulsividad y remordimiento con un canto que negocia sin problemas los pasajes más arduos. El impecable reparto reunido por el Theater an der Wien contaba también con la veterana Hanna Schwarz como Stařenka Buryjovka y con las bien ajustadas intervenciones, entre otros, de Zoltán Nagy (Stárek), Valentina Petraeva (Karolka) y Anita Giovanna Rosati (Jano).  * Xavier CESTER, crítico de ÓPERA ACTUAL