Jaroussky, repensando a Schubert

Sevilla

13 / 01 / 2020 - Ismael G. Cabral - Tiempo de lectura: 3 min

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Jaroussky, acompañado por Ducros, en un momento del ensayo general © Espacio Turina / Óscar ROMERO
Jaroussky, acompañado por Ducros, en un momento del ensayo general © Espacio Turina / Óscar ROMERO

Espacio Turina

Recital PHILIPPE JAROUSSKY

Obras de Franz Schubert. Jérôme Ducros, piano. 10 de enero de 2020.

Con un escaso margen temporal, otra vez un contratenor volvía a ocupar la máxima atención en el cada vez más asentado Espacio Turina de Sevilla. Al Winterreise que interpretó Xavier Sabata le siguió hace unos días un nuevo programa schubertiano, esta vez con una selección de Lieder a cargo de Philippe Jaroussky.

La cita tenía además el interés de que era la primera ocasión en la que el renombrado cantante francés presentaba en público el inusitado repertorio que centra su próxima grabación discográfica. Suscitó no solo la atención (aforo lleno), sino también la fascinación característica que transmiten los grandes nombres. Su Schubert, hay que decirlo de antemano, no resultó ajeno a ciertos giros barroquizantes y fue visto a través de una estética expresiva ajena al mundo ora tormentoso ora bucólico del compositor vienés. Fue, sí, un recital ejemplarmente planteado por cuanto que la selección escogida recogía todo tipo de afectos, de la emoción de An die Musik al lírico Nachstück atravesando la oscura morbidez de Des Fischers Liebesglück. Esto no impidió que una puntual sensación de monotonía barnizara un programa en el que Jaroussky insistía en exudar una musicalidad que buscaba la belleza con refinados pianísimos y sobresalientes filados.

Y a pesar de que el contratenor evidenció algún síntoma de cansancio en la recta final todavía pudo renacer para ofrecer una paladeada y muy natural interpretación del popular «Ständchen» del ciclo Schwanengesang. Jaroussky irá perfilando en cada nuevo recital su Schubert, dotándolo quizás de un dramatismo aquí algo ausente todavía. Incluso ciertos saltos artificiales de registro le hubieran conferido una mayor teatralidad.

Contó al piano con su colaborador habitual, Jérôme Ducros, quien ofreció un acompañamiento sobresaliente, cuidando los acentos, manejando sin abuso el pedal y ofreciendo versiones muy escolásticas y notables de las dos piezas pianísticas servidas como bisagras, el Klavierstück D.946 Nº 2 y el tercer Impromptu D. 899.