Sabine Devieilhe y Bernard Richter, impresionantes en La Bastille

París

11 / 03 / 2025 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

paris debussy Sabine Devielhe cantó el rol de Mélisande junto a Bernard Richter © ONP / Benoîte FANTON
paris debussy La producción de 'Pelléas et Mélisande' de Wajdi Mouawad © ONP / Benoîte FANTON
paris debussy Sabine Devielhe cantó el rol de Mélisande junto a Bernard Richter © ONP / Benoîte FANTON

Opéra national de Paris

Debussy: PELLÉAS ET MÉLISANDE

Nueva producción

Sabine Devieilhe, Bernard Richter, Gordon Bitner, Jean Teitgen, Anne-Blanche Trillaud Ruggeri, Amin Ahangaran, Sophie Koch. Dirección musical: Antonello Manacorda. Dirección de escena: Wajdi Mouawad. Opéra La Bastille, 4 de marzo de 2025.

Sorprendieron e impresionaron la dicción y la presencia escénica de Bernard Richter en el papel de Pelléas, remplazando en el último momento a Huw Montague Rendall, de baja por enfermedad, en el Pelléas et Mélisande de la Opéra national de Paris. El barítono suizo encarnó el joven enamorado con valentía y entereza, brindando una lección de recitativo francés que será recordada. Altivo, lo mismo ante Golaud, su medio hermano que ante su abuelo Arkel, verosímilmente enamorado de Mélisande desde un buen principio, no escatimó ternura ni temeridad a la hora de morir. Su dicción clara, bien timbrada y el perfecto control de su proyección redundaron en una consistencia vocal que, combinada con la suavidad de sus maneras, alcanzaron la perfección.

"Sabine Devieilhe, Mélisande atormentada, tenue y frágil sí, pero también muy decidida a rebelarse contra el sombrío mundo que la envolvía y, sobre todo, salirse de la tiranía en la que le iba acorralando su marido"

Igual nivel alcanzó la soprano Sabine Devieilhe, aquí como una Mélisande atormentada, tenue y frágil, pero también muy decidida a rebelarse contra el sombrío mundo que la envolvía y, sobre todo, salirse de la tiranía en la que le iba acorralando su marido, un día su protector. Su emisión, cristalina, fuerte como el diamante, brillante como el oro, fue percibida en la inmensidad de La Bastille con el respeto y el silencio que se deben a un mensaje extraterrestre, a una invocación religiosa: su más mínima emisión en pianísimo se pudo percibir en su totalidad desde el último rincón de la sala. Ambos protagonistas conformaron una pareja de enamorados creíble, aun recitando sílaba a sílaba los flojos textos de Maurice Maeterlinck y pasando por alto las convenciones sociales de Allemonde.

Ante ellos Gordon Binter opuso su colosal envergadura como para frenar el ímpetu amatorio de la pareja; su interpretación vocal y dramática de Golaud, compleja y variada, encajó a la perfección —timbre, volumen, prosodia, ritmo— con sus estados anímicos. Acogedor al principio, desconfió de su mujer después e indujo a su propio hijo a desconfiar de su madrastra en una escena de gran violencia; su arrepentimiento final llegó tarde y no le redimió. Sophie Koch —Geneviève— leyó la célebre carta de Pelléas en tono solemne y aconsejó a su nueva nuera con gran tino en tranquila tonalidad. Jean Teitgen —Arkel— mostró, sobre todo en el último momento, sus innegables cualidades vocales de dicción, claridad y ancho diapasón. Completaron el reparto Amin Ahanragaran —Médecin— y Anne-Blanche Trillaud Ruggeri en el apreciado rol del Petit Yniold.

En el podio, Antonello Manacorda logró de la polifacética orquesta de la casa una lectura estrictamente fiel a la idea que uno podía hacerse de la voluntad del compositor —más sosiego que exaltación, lo mismo de misterio que de lirismo—, y todo ello muy a pesar de las dimensiones de la sala, nada propicia a producir esta música, y de la poca frecuencia con la que la obra ha sido interpretada en La Bastille desde su inauguración en 1989.

Wajdi Mouawad acertó en la puesta en escena, redujo las dimensiones del escenario gracias a la inteligente iluminación de Éric Champoux y dispuso la escenografía —firmada por Emmanuel Clolus, muy ligera por lo demás— en tres o cuatro niveles con poca diferencia de altura entre unos y otros. Centró la atención del público sobre una tela de fondo realizada solo con los hilos de la trama, pero sin la urdimbre; ello autorizó la aparición y la desaparición fácil de los intérpretes en el escenario con un efecto sorprendente. Completaron la escenografía los videos de Stéphanie Jasmin en seguimiento simbólico de los lugares de la acción, con agua en todas sus formas y estados y naturaleza salvaje. Desde el punto de vista dramático, el director de escena, obligado por las dimensiones del escenario, optó por movilidad y realismo, dejando mucho de lado el simbolismo preconizado por los autores. ¿Por qué no?  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en París de ÓPERA ACTUAL

.wt-cli-cookie-bar-container { display: none !important; } #etiquetas_noticias_relacionadas, #pf-src-icon, #cabecera_noticia { display: none !important; } #pf-content #pf-header-img { max-height: 100px !important; margin-bottom: 40px !important; } #pf-content img { width: 100% !important; height: auto !important; } #printfriendly img { width: 100% !important; height: auto !important; }