Glyndebourne: Mozart en el Sacher Hotel

11 / 08 / 2019 - Eduardo BENARROCH - Tiempo de lectura: 3 min

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La Reina de la Noche de Caroline Wettergreen junto a dos de sus Damas © Glyndebourne Festival / Bill COOPER
El simpático Papageno de Björn Bürger disfrutando de una copa de un 'La Flûte Enchantèe Grand Cru' © Glyndebourne Festival / Bill COOPER

Glyndebourne Festival

Mozart: DIE ZAUBERFLÖTE

Nueva producción

David Portillo, Björn Burger, Jörg Schneider, Caroline Wettergreen, Sofia Fomina, Brindley Sherratt. Dirección: Ryan Wigglesworth. Dirección de escena: Barbe & Doucet. Festival Theatre, 4 de agosto.

 

Este espectáculo muy bien cantado, con ideas bien pensadas y ejecutadas y con un dejo intelectual, demostró que es posible hacer de esta obra sin par algo elegante, diferente y al mismo tiempo aportar un mensaje sutil de igualdad. La obra trata sobre la libertad de elegir y las consecuencias de haberlo hecho.

El dúo artístico Barbe & Doucet toma un camino diferente en su producción ubicando la acción en un hotel vienés, en el que Sarastro es el chef, la Reina de la Noche es su antigua dueña –que desciende desde lo alto del edificio en un ascensor en su primera aparición– y sus Damas son tres doncellas de limpieza, Monostatos es el mecánico de la caldera subterránea, el Orador es el Mayordomo, Tamino es un huésped que aparece caminando sonámbulo por un corredor y las pruebas por las que pasan Tamino y Pamina es un concurso tipo Master chef en el que deben cocinar platos dignos de un restaurante de categoría. En esta versión, las reuniones de los masones tienen lugar, por supuesto, en la cocina…

Más tarde el público se da cuenta de que no todo va bien con respecto a Sarastro: por detrás, en el sótano, corren mujeres con las bandas de suffragettes disminuyendo así la misoginia de la obra. Por último, durante el glorioso finale, Sarastro se une a la causa poniéndose una banda de suffragette e invitando a la Reina de la Noche a la celebración de unidad y amistad.

No es precisamente el mensaje que la obra de Schikaneder y Mozart requiere, pero no le fue nada mal. El espectáculo fluyó con maestría teatral, con personajes reconocibles, y en un marco familiar que bien podría haber sido el Hotel Sacher. Hasta hubo excelente humor cuando uno de los dos Hombres Armados ofrece una botella de vino a Papageno, un La Flûte Enchantèe Grand Cru.

El elenco fue brillante desde todo punto de vista, un Tamino cantado con excelente línea mozartiana por David Portillo, una bella, sufrida Pamina cantada en forma impecable por Sofia Fomina destacando su rendición de “Ach ich fühl’s”. Hubo un maravilloso, flexible y ágil Papageno en la piel de Björn Bürger. La Reina de la Noche brindó sobreagudos de rango increíble, con una Caroline Wettergreen de impecable coloratura, actuando con energía y convicción. También descolló Brindley Sherratt con su elegante y medido Sarastro con voz clara, dicción y fraseo llenos de autoridad y un registro grave que le convierten en uno de los mejores bajos de la actualidad. Y, por encima de todo, el sonido que emanaban de la Orchestra of the Age of Enlightment, de gran calidad y claridad casi transparente, dirigida sin apuro, con mano segura y flexible por Ryan Wigglesworth. Un triunfo musical que no se ve ni escucha muy a menudo