Glorioso debut de Saioa Hernández como Santuzza en La Scala

Milán

29 / 04 / 2024 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 min

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cav pag milán Saioa Hernández como Santuzza en Milán © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
cav pag milán La producción de Mario Martone de 'Pagliacci' © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
cav pag milán La producción de Mario Martone de 'Pagliacci' © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
cav pag milán Saioa Hernández como Santuzza en Milán © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO

Teatro alla Scala

Mascagni: CAVALLERIA RUSTICANA / Leoncavallo: PAGLIACCI

Saioa Hernández, Brian Jagde, Roman Burdenko, Francesca Di Sauro, Elena Zilio, Fabio Sartori, Irina Lungu, Mattia Olivieri, Jinxu Xiahou. Dirección musical: Giampaolo Bisanti. Dirección de escena: Mario Martone. 26 de abril de 2024.

La fortuna aiuta gli audaci. El popular dicho italiano tuvo su aplicación el 26 de abril en el Teatro alla Scala, cuando por la enfermedad que le obligó a cancelar a la prevista Elina Garanca, Saioa Hernández (ver entrevista en este enlace), que tenía en agenda su debut en el rol de Santuzza de Cavalleria rusticana el próximo día 30, tuvo que subir casi sin previo aviso al escenario del coliseo milanés, interpretando el papel por primera vez en su ya gloriosa carrera. Al apagarse las luces en la sala, el director del teatro, Dominique Meyer, salió a dar el anuncio ya que no hubo tiempo de cambiar ni el cartel ni el programa de mano. El director Giampaolo Bisanti a la salida del teatro, comentó: «Solo intercambiarnos dos palabras: ‘Maestro, déjeme tan solo respirar en ese momento y luego haga lo que quiera’ dijo la heroína de la noche, Saioa Hernández».

"Su vocalidad arrolladora, su musicalidad y su proyección soberbia subrayan el sentimiento y el dramatismo del rol de manera ideal"

La suya fue una actuación espléndida y memorable, ya que el papel le viene como anillo al dedo y se nota que Hernández lo siente en el alma; su vocalidad arrolladora, su musicalidad y su proyección soberbia subrayan el sentimiento y el dramatismo del rol de manera ideal. Todo ello fue premiado por unos aplausos atronadores. Hay un detalle que a veces escapa a los más entendidos: la maldición que Santuzza hace a Turiddu, “A te la mala Pasqua”, casi siempre chillada, Hernández la cantó con todas sus notas, dándole un toque trágico escalofriante. La soprano española estuvo muy bien acompañada: gustó mucho el tenor Brian Jagde, un Turiddu valiente en el agudo y sobrado de voz. Bien el Alfio del barítono Roman Burdenko, con un toque de violento machismo, perfectas tanto la joven Lola de la excelente mezzosoprano Francesca Di Sauro y la Mamma Lucia de Elena Zilio, un icono del canto italiano con sus 82 primaveras, luciendo unos armónicos y una agilidad escénica que muchas treintañeras quisieran.

Pagliacci tuvo su ápice en la gran actuación de Fabio Sartori como Canio, quien, a los 54 años, atraviesa un momento de forma vocal extraordinaria, brillando en el Si agudo de “A ventitre ore!”; pero lo que llega al corazón es su canto matizado de colores, intenso de intenciones humanas y trágicas, con un timbre que contiene la lágrima en la dulzura de frases como “Sperai, tanto il  delirio accecato m’avea” para luego sacar el temperamento violento y sanguinario que lleva al personaje arrebatado por los celos al cruento final.

En el rol de Nedda, la soprano Irina Lungu, que hizo anunciar que no estaba en buen estado de salud, cantó muy bien su papel. Tonio fue otra vez el barítono Burdenko, que tuvo un desliz en el prólogo, pero que también salió airoso de su pérfido personaje. Mattia Olivieri, barítono brillante, dio el justo relieve actoral y vocal a su creíble Silvio, y el tenor chino Jinxu Xiahou fue un Beppe de inusitado peso lírico.

Para la Orquesta de La Scala estos dos títulos son pan comido, y lo mismo para el sensacional coro de la casa instruido de manera impecable por Alberto Malazzi. Paolo Bisanti dirigió con profesionalidad dando color, fuerza y brillo a las dos partituras. La puesta en escena firmada por Mario Martone (escenografía de Sergio Tramonti, vestuario de Ursula Patzak y luces de Pasquale Mari) data de 2011, ya repuesta en 2015, una de las más logradas de La Scala con su minimalismo en Cavalleria y su asumible actualización en Pagliacci.  * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL