Gancedo, nostalgia y sones de cabaret

Barcelona

02 / 09 / 2020 - Toni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Mercedes Gancedo, premio El Primer Palau el 2017 © Palau de la Música Catalana

Palau de la Música Catalana

Recital MERCEDES GANCEDO

Estius al Palau

Obras de Guastavino, Ginastera, Weill, Satie, Bolcom, Britten y Poulenc. Mercedes Gancedo, soprano. Beatriz Miralles, piano. Palau de la Música Catalana, 1 de septiembre.

El ciclo Estiu al Palau ha supuesto todo un acierto. Creado en plena pandemia para reactivar la actividad musical en Barcelona, se ha convertido en una interesante plataforma a través de la cual confirmar y consolidar el talento local. Un talento que quedó ratificado en el concierto de clausura protagonizado por la soprano Mercedes Gancedo y la pianista Beatriz Miralles. Hace tiempo que la soprano argentina, residente en Barcelona, viene destacando tanto en ópera como en recital. Hace apenas tres años fue la ganadora del premio Primer Palau, mostrando indudables cualidades, pero en este período su maduración y consolidación parece más que evidente. Su último recital es la prueba.

El programa, necesariamente corto y sin pausa, contenía dos bloques diferenciados. El primero estuvo dedicado a dos de los más importantes compositores de su país de origen: Carlos Guastavino y Alberto Ginastera. Gancedo arrancó con la famosa Pueblito, mi pueblo, quintaesencia de la nostalgia de su tierra, algo intrínseco en buena parte de la producción de Guastavino. La soprano derrochó elegancia en el decir y la simplicidad expresiva requerida, alejada de falsos amaneramientos y encontrando el punto justo de expresividad. Lo mismo en una ensoñadora Canción al árbol del olvido, de Ginastera, así como en sus Cinco canciones populares, acompañadas con mimo y atención al detalle por la pianista Beatriz Miralles quien, desde hace años, forma dúo con la soprano.

"La voz de Mercedes Gancedo ha ganado en solidez y volumen, especialmente en la franja central, sin perder belleza en su ascensión al agudo"

La voz de Mercedes Gancedo ha ganado en solidez y volumen con el paso del tiempo, especialmente en la franja central, sin perder belleza en su ascensión al registro agudo. Pero más que en cuestiones tímbricas o exhibiciones vocales, las virtudes de la soprano se encuentran en la calidad indiscutible de su fraseo y un instinto dramático-teatral de primer orden. Así, si en la primera parte destacó la sutileza y la interiorización de las canciones argentinas desgranadas con deleite y emoción, en la segunda se soltó el pelo a través de una cuidada selección de piezas vinculadas al mundo del cabaret.

Empezó con una sutil Speak low, de Kurt Weill y La diva de l’Empire, de Satie, para acabar con unos Chemins de l’amour de Poulenc un tanto cortos de vuelo. Lo mejor llegó en la parte central. Siempre es de agradecer un programa bien diseñado que huye de los tópicos, y en este sentido Gancedo y Miralles regalaron tres canciones de William Bolcom y dos de Benjamin Britten (con textos de Auden) que constituyeron el punto álgido de su espléndido recital. La soprano bordó, con el punto justo de teatralidad y humor, piezas que, lamentablemente, se escuchan poco a menudo, como Amor, Song of Black Max y George, del compositor americano. Lo mismo que en Tell me the truth about love y Calypso del autor inglés, con las que consiguió una extraordinaria conexión con el público.

Una sola propina, la Piccola serenata de Leonard Bernstein, cerró un recital que confirma a Mercedes Gancedo como una excelente cantante, de indiscutible personalidad y enorme carisma.