Full de ases y reyes con Strauss

Toulouse

02 / 02 / 2024 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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frau toulouse La proudcción de 'Die Frau ohne Schatten' de Nicolas Joel © Théâtre du Capitole / Mirco MAGLIOCCA
frau toulouse La proudcción de 'Die Frau ohne Schatten' de Nicolas Joel © Théâtre du Capitole / Mirco MAGLIOCCA
frau toulouse La proudcción de 'Die Frau ohne Schatten' de Nicolas Joel © Théâtre du Capitole / Mirco MAGLIOCCA

Théâtre du Capitole

Strauss: DIE FRAU OHNE SCHATTEN

Issachah Savage, Elisabeth Teige, Sophie Koch, Brian Mulligan, Ricarda Merbeth, Aleksei Isaev, Dominic Barberi, Damien Bigourdan, Thomas Dolié, Julie Goussot, Pierre-Emmanuel Roubert, Rose Nagar-Tremblay, Katharina Semmelbeck. Orquesta, Coros y Maîtrise de la Opéra national du Capitole. Dirección musical: Frank Beermann. Dirección de escena: Nicolas Joel. 31 de enero de 2024.

 

Con Die Frau ohne Schatten Toulouse vivió una noche mágica a la que el título de este artículo no da verdadera justicia, porque, en realidad, los cinco principales artistas en el escenario realizaron un full de ases y ases, mano imposible en el juego del póker.

Desde un buen principio y durante la totalidad del primer acto los cantantes, en lucha desigual, igualaron y hasta superaron con ardor, con desenfado, con alguna petulancia por momentos también el nivel sonoro desencadenado, impuesto por la orquesta, no sin dejar al paso, unas y otros, peccata minuta, alguna imperfección vocal. Siguió la orquesta en sus trece en los dos actos siguientes. Los cantantes sin menoscabo de su entrega total a su personaje ni a su desafío con el foso, fueron afinando su canto, uno tras otro, hasta converger al final del segundo acto un nivel de canto que rozó un nivel de perfección insospechado y desembocó en un tercer acto, y un finale en particular, sobrecogedores.

"Elisabeth Teige —la Emperatriz— resolvió con derroche de potencia y una línea de canto sutil, bien timbrada, la difícil ecuación impuesta a su personaje"

Issachah Savage —el Emperador— se expresó desde un buen principio, sin esfuerzo aparente, con voz de trueno, justa, hierática, de amplio espectro. A su lado, Elisabeth Teige —la Emperatriz— resolvió con derroche de potencia y una línea de canto sutil, bien timbrada, la difícil ecuación impuesta a su personaje: altivez para todos y misericordia para con la mujer de Barak, hasta el punto de alzarse contra sus propios intereses. Sophie Koch –la Nodriza— muy presente durante los dos primeros actos, no escatimó esfuerzos vocales y dramáticos para conseguir, por todos los medios, la necesaria sombra para la Emperatriz, Brian Mulligan —Barak— en un alarde de equilibrio vocal, añadió al lirismo de sus decires (aunque también violentos por momentos) el carácter humano de su personaje, enamorado de su esposa. Ricarda Merbeth —la tintorera— , notable, justa desde un buen principio, alcanzó al final del segundo acto un alto nivel vocal —fuerza, justeza, sin pathos de ninguna clase—, y arrastró con él a los demás actores por idéntico camino hasta el cabo de la noche.

Punto fuerte de la velada fue el excelente nivel de los papeles de menor cuantía. Los hermanos de Barak, Aleksei Isaev, —el tuerto—, Dominic Barberi —el manco— y , Damien Bigourdan —el jorobado—, así como en diversos papeles complementarios interpretados por Thomas Dolié, Julie Goussot, PierreEmmanuel Roubert, Rose Nagar-Tremblay, Katharina Semmelbeck. No se olviden las intervenciones dentro y fuera del escenario del coro de la casa y el coro infantil bien preparados por Gabriel Bourgoin.

Nada de cuanto precede hubiese sido posible sin la presencia y el constante apoyo de la orquesta de la casa, pletórica de pupitres esta vez, bajo el mando de Frank Beermann, buen conocedor de la partitura, nada dispuesto a hacer la mínima concesión a los cantantes.

La puesta en escena, firmada por Nicolas Joel en 2006, merecía no ser olvidada. Contó con los apoyos artístico y técnico de Ezio Frigerio (escenografía) y Franca Squaciapino (vestuario). El escenógrafo dividió horizontalmente el escenario en dos partes. En la parte inferior dispuso el mundo de los humanos y en el superior el del emperador y su mujer, montado sobre un ascensor que le permitía sobreponerse al mundo humano y ocupar todo el espacio teatral cuando le era necesario.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL