Humor, lirismo y picardía con Mel Brooks

Metz

02 / 11 / 2021 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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Una escena de la producción de Paul–Émile Fourny © Opéra de Metz
Una escena de la producción de Paul–Émile Fourny © Opéra de Metz
Una escena de la producción de Paul–Émile Fourny © Opéra de Metz

Opéra Théâtre de Metz Métropole

Mel Brooks: FRANKENSTEIN JUNIOR

Vincent Heden, Jean–Fernand Setti, Grégory Juppin, Lisa Lanteri, Léonide Renaud, Valérie Zaccomer, Laaurent Montel, Christian Tréguier, Paul Bougnotteau, Ludovic Gerastre. Dirección musical: Aurélien Azan Zielinski. Dirección de escena: Paul–Émile Fourny. 28 de octubre 2021.

Paul-Émile Fourny puso en escena el musical de Mel Brooks –también autor del célebre film homónimo– con ciencia y arte. Acumuló bromas y chistes venidos de la película con otros de su propia cosecha y consiguió dar continuidad trepidante a la historia. Contó para ello con la escenografía de primer orden realizada por Emmanuelle Favre, (la virtuosa iluminación de Patrice Willaume subrayó con gracia los efectos todos) que supo combinar los elementos físicos con los virtuales creando las atmósferas irreales que demandaba el cuento.

Siguiendo la batuta de Aurélien Azan Zielinski, en el foso se destacó, por encima de todo, alegría que vertieron a la noche sin remilgos los músicos. Los metales en particular, pudieron esta vez trocar el frecuente tremendismo romántico, o la indispensable emoción contenida del barroco, por el trepidante swing–foxtrot de un big band digno de Duke Ellington. El público se lo agradeció con entusiasmo –perdonó también algún tempo y alguna nota fuera de lugar– y también con una gran salva de aplausos al cabo de la noche.

"Paul-Émile Foruny acumuló bromas y chistes venidos de la película con otros de su propia cosecha y consiguió dar continuidad trepidante a la historia"

No era nada fácil alinear la distribución que requería esta obra tan específicamente americana, y que se representaba en francés gracias a una estudiada traducción de Stéphane Laporte, gran especialista, y se requerían actores del país. Si bien todos los artistas se mostraron a la altura de sus roles, felicítese en primer lugar a la pareja protagonista. La comicidad y la picardía de Vincent Heden –el hierático Dr. Frederick Frankenstein– y Lisa Lanteri –la bella y espabilada Inga–, la agilidad física y vocal que dieron a sus personajes y, con ello, a la indispensable continuidad de la velada, tan difícil de conseguir, mereció la ovación final.

No les fue a la zaga Valérie Zaccomer en el papel del ama de llaves –Frau Blücher–, mandona y enigmática, dotada de una mímica prodigiosa, ni el simpático Grégory Juppin en el rol de Igor, de increíbles dificultades. Jean-Fernand Setti encarnó la figura del monstruo con buena voluntad y ganas de quedar bien. Lo consiguió plenamente.

Se intercaló a poco de la conclusión final, en conformidad con la obra original, un extraordinario número de claqué con música de Irving Berlin (“Puttin’ on the Ritz”) a la manera de los años treinta. Un momento de magia sonora y visual preparado por el coreógrafo Graham Erhart-Kotowich y realizado por los artistas del Ballet de la Opéra de Metz, que puso literalmente en pie la sala entera.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL