François-Xavier Roth completa el ciclo de Berlioz

Colonia

28 / 09 / 2022 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 4 min

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lestroyens-operaactual-operkoln (1) Isabelle Druet como Cassandre © Oper Köln / Matthias JUNG
lestroyens-operaactual-operkoln (1) Una escena de la producción de Johannes Erath © Oper Köln / Matthias JUNG
lestroyens-operaactual-operkoln (1) Veronica Simeoni (Didon) y Enea Scala (Enée) © Oper Köln / Matthias JUNG

Oper Köln

Berlioz: LES TROYENS

Nueva producción

Isabelle Druet, Veronica Simeoni, Enea Scala, Insik Choi, Giulia Montanari, Adriana Bastidas-Gamboa, Nicolas Cavallier, Dmitry Ivanchey. Dirección musical: François-Xavier Roth. Dirección de escena: Johannes Erath. 24 de septiembre de 2022.

Esta nueva producción de Les troyens sirvió de doble inauguración para la Ópera de Colonia: de la temporada 2022-23 y del mandato del flamante intendente, Hein Mulders. El opus magnum de Berlioz también enviaba un mensaje de ambición artística pese a las limitaciones que la compañía alemana aún experimenta en su exilio en el recinto de la Staatenhaus, forzado desde hace ya siete años mientras no culminen las obras interminables en su sede.

Ya sea por las restricciones del espacio, por decisión del equipo artístico o por las dos razones a la vez, situar en el centro del montaje a la Orquesta Gürzenich (con las seis arpas en un lateral) fue todo un acierto porque la lectura de François-Xavier Roth fue el elemento más relevante de la representación. El director francés ha podido completar así, tras Benvenuto Cellini y Béatrice et Bénédict, el ciclo de óperas berliozanias emprendido en la ciudad de la cual es Generalmusikdirektor. Su batuta encontró en todo momento el equilibrio entre el apasionamiento romántico y la nobleza de raigambre gluckiana que es una de las señas de identidad de la partitura. El discurso fluía con una naturalidad desarmante gracias a unos tiempos ajustados y a un sabio tratamiento de la riqueza orquestal de la obra que evitaba cualquier tentación de exhibicionismo gratuito.

Roth presentó Les troyens sin ningún corte, dedicando la misma atención minuciosa a los fragmentos más episódicos que a los grandes momentos. Si los dos primeros actos de Troya estaban marcados por la tensión ineluctable de la tragedia, por ejemplo, en un octeto con doble coro imponente, cuando la acción se traslada a Cartago la sensualidad se enseñoreó del discurso, culminando en un dúo de amor extático. La magnífica labor de la orquesta (a destacar el clarinete en la aparición de la viuda de Berlioz) tuvo su correlato con un coro compacto, entregado tanto vocal como escénicamente.

"Enea Scala debutaba el papel de Enée con un canto franco y un agudo brillante; sin duda hallará más matices en un personaje del cual posee todos los resortes vocales"

Un reparto equilibrado, en buena parte con miembros de la compañía de la Ópera de Colonia, tuvo en la Cassandre de Isabelle Druet su mejor baza; con una voz algo ligera para el papel, la mezzosoprano francesa deslumbró por la variedad de colores y acentos con los que construyó una encarnación de un irresistible aliento trágico. Con un grave poco consistente, Veronica Simeoni fue una Didon correcta en líneas generales, in crescendo a lo largo de la representación hasta una escena final bien delineada, ya que no trascendente. Enea Scala debutaba en el papel de Enée aportando un canto franco y un agudo brillante; sin duda en futuras producciones hallará más matices en un personaje del cual posee todos los resortes vocales, que no es poco. Insik Choi fue un Chorèbe de timbre claro, Giulia Montanari sacó buen provecho de las escasas oportunidades de Ascagne, Adriana Bastidas-Gamboa se rehízo de un arranque dubitativo para ofrecer un canto más cálido en el dúo de Anna con Narbal, un eficaz Nicolas Cavallier, mientras que tanto Dmitry Ivanchey (Iopas) como Young Woo Kim (Hylas) pecaron de exceso de énfasis en sus respectivos números.

Johannes Erath ya ha demostrado con anterioridad que sabe jugar con las restricciones de una Staatenhaus que no tiene la capacidad técnica de un teatro. Para Les troyens, la escenografía de Heike Scheele (con la colaboración de Norman Heinrich) sitúa una plataforma giratoria alrededor de la orquesta, con un gran rostro quebrado al fondo, como los restos de una estatua hallada entre las ruinas de una de las dos ciudades donde se sitúa la trama. La plataforma permite agilidad en la entrada y salida de elementos de atrezzo y de personajes, entre los cuales se encuentran los dioses del Olimpo. Vestidos de forma extravagante por Scheele, juegan de forma caprichosa con los ciudadanos de Troya, pero en Cartago son desposeídos de su poder, reducidos a un grupo inane que deja paso en el final a un Enée que asciende entre estrellas. Este es uno de los dos ejes temáticos expuesto por Erath, el otro es el destino común, fatal, de Cassandre y Didon, las dos refugiándose en una bañera con el velo de novia que no podrán lucir, incluso encontrándose de forma fugaz en el último acto. Dos hilos argumentales que Erath no acaba de unir y que, además, están perjudicados por una excesiva dispersión del montaje. Las buenas soluciones escénicas (el suicido de las troyanas) tienen como excesivo contrapunto caracterizaciones discutibles (Didon aparece borracha, leyendo de mala gana la loa a su pueblo), recursos risibles (las coreografías de musical de los cartagineses) y un distanciamiento irónico que aporta bien poco. Por suerte quien ocupaba el centro de la escena era François-Xavier Roth y su orquesta.  * Xavier CESTER, crítico de ÓPERA ACTUAL