Tragedia y folclore de la mano de Mireille

Metz

09 / 06 / 2022 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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mireille-operaactual-metz (1) Imagen de la puesta en escena de Paul-Émile Fourny de 'Mireille' © Opéra Théâtre Metz / Luc BERTAU
mireille-operaactual-metz (1) Imagen de la puesta en escena de Paul-Émile Fourny de 'Mireille' © Opéra Théâtre Metz / Luc BERTAU
mireille-operaactual-metz (1) Imagen de la puesta en escena de Paul-Émile Fourny de 'Mireille' © Opéra Théâtre Metz / Luc BERTAU

Opéra Théâtre Metz

Gounod: MIREILLE

Nueva producción

Gabrielle Philiponet, Julien Dran, Pierre-Yves Pruvot, Régis Mengus, Vikena Kamenica, Ana Fernández Guerra, Aline Le Fourkié, Ornella Bourelly, Bertrand Duby y otros. Dirección musical: David Reiland. Dirección de escena: Paul-Émile Fourny. 7 de junio 2022.

 

Paul-Émile Fourny propuso una puesta en escena de Mireille con su mirada puesta en la acción de los personajes, respetuosa del lugar y de la época fijados en el libreto, con pocos medios materiales muy bien empleados por Benito Leonori y un notable vestuario de Giovanna Fiorentini. Dividió su trabajo en dos partes, realista la primera, con alusiones directas al folklore occitano, y simbólica la segunda, como lo demandaban el libretista y el compositor: Mireille, hija de un rico hacendado occitano se enamora de Vincent, joven de condición modesta. Ramon, el padre de la muchacha se interpone. Interviene Taven, la bruja del lugar, y bascula la historia terrenal, banal hasta cierto punto, en otra en la que se exacerban los sentimientos para proseguir con conceptos metafísicos –el perdón, el arrepentimiento, la gracia divina–, que desembocan en la muerte de la infeliz protagonista y una espeluznante apoteosis que la eleva a la gloria. La continuidad entre las dos partes se encarnó en el vestido rojo en la primera escena y llevado por Mireille en la escena final.

David Reiland acompañó desde el podio las intenciones del director de escena con inteligencia y con gran sensibilidad. Tradujo el frenesí festivo y despreocupado de los arlesianos en una intervención folclórica de buen gusto, y supo dar la vuelta a la tuerca y transportar casi sin transición, la alegría popular a un mundo onírico, de extrema violencia física y mental, siguiendo siempre fielmente las pautas trazadas por el compositor. Concluyó con la apoteosis final sin escatimar pathos ni decibelios una velada musical de grandes vuelos.

"Gabrielle Philiponet (Mireille) logró transformar una joven ingenuamente enamorada de un hombre sin tener en cuenta los muros sociales del lugar y de la época"

Gabrielle Philiponet –Mireille– asumió la parte más dura de la velada; estuvo presente constantemente (o casi) en el escenario e interpretó con arte y ciencia los múltiples estados anímicos de la protagonista. Logró transformar a una joven ingenuamente enamorada sin tener en cuenta los muros sociales del lugar y de la época (Fourny no se equivocó al mantener el espacio y el tiempo dictados por los autores) en un personaje trágico y capaz de afrontar situaciones extremas. Una transición vocal y dramática, expuesta y difícil, bien lograda por la soprano con voz firme, de agudos brillantes, timbre atractivo y constante y perfecta prosodia francesa.

Julien Dran –Vincent– expresó por igual sus sentimientos hacia ella en alardes vocales de buena escuela. Pierre-Yves Pruvot –Ramon, el padre de Mireille–, Régis Mengus –Ourrias el pretendiente rechazado– y la soprano española Ana Fernández Guerra –Vincenette, la hermana de Vincent– fueron muy justamente aplaudidos. Vikena Kamenica no aprovechó suficientemente la oportunidad que le brindaba el fabuloso papel de la bruja Taven para brillar a la misma altura de sus compañeros.

El coro dirigido por Nathalie Marmeuse y el ballet de la casa –en una coreografía de Aurélie Barré– aportaron la presencia festiva del pueblo arlesiano y la dimensión espiritual característica, indispensable, en la segunda parte de la ópera.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL