Flórez debutó y enamoró en Cap Rocat

Llucmajor

02 / 08 / 2026 - Eugènia GALLEGO - Tiempo de lectura: 3 min

Festival de Cap Rocat Juan Diego Flórez en su debut en el Festival de Cap Rocat © Festival de Cap Rocat / David MUDARRA
Festival de Cap Rocat Juan Diego Flórez en su debut en el Festival de Cap Rocat © Festival de Cap Rocat / David MUDARRA
Festival de Cap Rocat Juan Diego Flórez en su debut en el Festival de Cap Rocat © Festival de Cap Rocat / David MUDARRA

Festival Cap Rocat

Recital JUAN DIGO FLÓREZ

Velada inaugural

Juan Diego Flórez, tenor. Vincenzo Scalera, piano. Obras de V. Bellini, G. Rossini, G. Donizetti, R. Soutullo y J. Vert, A. Pérez Soriano, J. Serrano, E. Lecuona, J. Massenet, C. Gounod, B. Godard y G. Verdi. 31 de julio de 2026.

El entorno amurallado que acoge el Festival de Cap Rocat recibió a uno de los tenores más queridos por el público español, el peruano Juan Diego Flórez, Premio ÓPERA ACTUAL 2011 (ver Primera Fila de ÓA 288, que ha escrito el cantante, también director artístico del Rossini Opera Festival de Pésaro). Con el cartel de «entradas agotadas» colgado desde hacía semanas, la velada prometía un viaje por el Romanticismo vocal europeo. Afortunadamente, en esta edición los elementos meteorológicos jugaron a favor: la total ausencia de viento, sí presente en citas pasadas, permitió disfrutar de una noche apacible. A esto hay que sumar el excelente y minucioso trabajo del equipo técnico, cuya labor en la amplificación del sonido y la iluminación resultó soberbia, logrando un equilibrio tímbrico natural y nítido, todo un reto tratándose de un espacio al aire libre.

El programa, concebido como un recorrido desde la suspensión elegíaca del bel canto hasta el vigor de la zarzuela y la exquisitez del repertorio francés, exigía unas facultades vocales en plenitud. Sin embargo, la velada estuvo marcada por la honestidad del propio Juan Diego Flórez, quien se dirigió al público para disculparse por un inoportuno dolor de garganta. Esta indisposición obligó a realizar ajustes de última hora en el programa: se suprimió la pirotécnica cabaletta rossiniana «Sì, ritrovarla io giuro» de La Cenerentola, así como la prevista intervención del coro.

"Flórez expuso la madurez tímbrica que define su actual morfología vocal, evidenciando una emisión de mayor peso específico propia de su evolución lírica de los últimos años"

Durante la primera parte, consagrada a la atmósfera íntima del salón romántico italiano, Flórez expuso la madurez tímbrica que define su actual morfología vocal, evidenciando una emisión de mayor peso específico propia de su evolución lírica de los últimos años. Si bien el centro de su tesitura ha ganado en densidad armónica y un esmalte más oscuro, la resolución del registro agudo y la coloratura extrema requieren hoy de un mecanismo de compensación técnica diferente a la insultante facilidad de sus inicios. No obstante, su innato sentido del fraseo brilló en las páginas de Bellini («Malinconia, ninfa gentile», «Vaga luna che inargenti»). Haciendo gala de esa «poética de la suspensión», el tenor sostuvo admirables arcos melódicos apuntalados por un legato inmaculado. Le siguió un bloque dedicado a Rossini y Donizetti, donde el canto introspectivo y refinado compensó cualquier limitación fisiológica de la jornada.

En la segunda mitad, el tenor abordó la identidad musical española con nuestra zarzuela. Páginas como «Bella enamorada» (Soutullo y Vert) y la romanza de La alegría del batallón (Serrano) mostraron a un Flórez entregado al brillo teatral y a la dicción impecable, si bien la fatiga vocal comenzaba a asomar. El momento más delicado de la noche sobrevino al abordar el repertorio francés. Durante la interpretación del paradigmático «Pourquoi me réveiller?» del Werther de Massenet, el dolor de garganta le jugó una mala pasada, obligando al artista a detener la pieza; con profesionalidad y el apoyo del público, Flórez retomó y repitió el aria, sacando a relucir su maestría técnica para sortear el bache con un fraseo de exquisita sensibilidad. Tras un luminoso Gounod (Roméo et Juliette), el programa oficial cerró con el lirismo verdiano de «La mia letizia infondere» (I Lombardi), donde el ímpetu dramático se hizo evidente.

Mención especial merece el pianista Vincenzo Scalera, escudero de lujo y profundo conocedor de la respiración del cantante. Su acompañamiento fue un prodigio de ductilidad y apoyo rítmico, brillando además en sus intervenciones a solo con la Mazurka Glissando de Lecuona, la Berceuse de Godard y la ingeniosa bagatela de los Péchés de vieillessede Rossini.

Terminado el programa, la liturgia formal de este recital de debut en el Festival de Cap Rocat dio paso a la fiesta popular. Fuera de programa, Flórez apareció abrazado a su guitarra clásica para regalar una generosa tanda de propinas. Liberado de las estrictas exigencias de la impostación operística, desgranó dos tangos, tres sentidas piezas peruanas y su ya emblemático Cucurrucucú paloma. Fue en ese registro íntimo, a media voz, donde el artista conectó de manera definitiva con un auditorio abarrotado que, puesto en pie, le tributó una ovación rotunda. Un triunfo del oficio, la empatía y, por encima de todo, del indudable carisma de un artista de época. * Eugènia GALLEGO, corresponsal en Mallorca de ÓPERA ACTUAL

.wt-cli-cookie-bar-container { display: none !important; } #etiquetas_noticias_relacionadas, #pf-src-icon, #cabecera_noticia { display: none !important; } #pf-content #pf-header-img { max-height: 100px !important; margin-bottom: 40px !important; } #pf-content img { width: 100% !important; height: auto !important; } #printfriendly img { width: 100% !important; height: auto !important; }