Figaro se casa entre la sordidez de la mafia

Salzburgo

19 / 08 / 2023 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 4 min

Print Friendly, PDF & Email
nozze salzburgo Una escena de 'Le nozze di Figaro' en Salzburgo © Festival de Salzburgo / Matthias HORN
nozze salzburgo Una escena de 'Le nozze di Figaro' en Salzburgo © Festival de Salzburgo / Matthias HORN
nozze salzburgo Una escena de 'Le nozze di Figaro' en Salzburgo © Festival de Salzburgo / Matthias HORN

Festival de Salzburgo

Mozart: LE NOZZE DI FIGARO

Nueva producción

Andrè Schuen, Adriana González, Sabine Devieilhe, Krzysztof Bączyk, Lea Desandre. Dirección musical: Raphaël Pichon. Dirección de escena: Martin Kušej. Haus für Mozart, 17 de agosto de 2023.

 

Toda comedia, como Le nozze di Figaro, tiene su trasfondo oscuro que puede ser explorado de múltiples maneras. Para Martin Kušej en su nueva producción para el Festival de Salzburgo se trata de una historia sórdida sobre el deseo sexual, tan irrefrenable como continuamente insatisfecho, de una panda de mafiosos armados hasta los dientes y adictos a cualquier sustancia que tengan a mano. En el centro, como catalizador, hasta cierto punto inmune a la decadencia de su entorno, está Cherubino, figura ambigua que hará las delicias de los exegetas de los discursos sobre identidad de género tan en boga en la actualidad.

La puesta en escena descarnadamente contemporánea del director austriaco ofrece una mirada nada complaciente sobre las relaciones humanas y la guerra de sexos, pero su mirada glacial dinamita gran parte del mensaje, en el fondo conciliador, del primer fruto de la colaboración entre Mozart y Da Ponte. Por supuesto, Kušej lleva a término su propuesta a conciencia, con soluciones que parecen en más de una ocasión que son elegidas solo para zarandear al espectador. No faltan a la cita cádaveres que no se sabe de dónde aparecen mientras que una cohorte de muchachas ensangrentadas golpean los cristales durante el coro de campesinos del primer acto. ¿Víctimas del Conde? Significativo que en los sobretítulos desapareza toda referencia nobiliaria y solo se cite a Almaviva y Rosina. Por su parte, la Condesa aborda “Porgi amor” delante de una reproducción de El origen del mundo de Courbet mientras una doble se baña sensualmente.

El decorado de Raimund Orfeo Voigt es el marco gélidamente clínico de la acción, incluso cuando las luces de Friedrich Rom ofrecen algo de color, mientras que el vestuario de Alan Hranitelj apuesta por tonos sombríos. La trama parece desarrollarse en un rascacielos, desde el bar hasta el aparcamiento de la planta -7, con preponderancia de una multiplicidad de espacios neutros que favorecen otro de los problemas de la puesta en escena: la fragmentación de la narración. Kušej se empeña en romper la continuidad de escenas consecutivas con fundidos en negro o bajadas de telón rellenadas por el supuestamente atmosférico diseño de sonido de Max Pappenheim o los soliloquios del fortepiano de Pedro Beriso. El efecto es catastrófico en medio del final del segundo acto, aunque también es triste comprobar cómo el público de Salzburgo con sus aplausos a destiempo no sabe cuándo acaba este acto.

El ambiente urbano da paso, en el cuarto acto, a una naturaleza frondosa, un campo cubierto de hierbas altas ideales para las idas y venidas de los personajes, un espacio para dar rienda suelta a los instintos más primarios, como el director muestra con escasa sutileza con un grupo de muchachas correteando y un grupo de muchachos cargando sus presas cazadas. La reconciliación final, como era de esperar, es solo un espejismo y todos los personajes vuelven a la misma posición que ocupaban en el retablo inicial durante la obertura.

"El Cherubino de Lea Desandre fue una de las interpretaciones más destacadas, con un físico ideal para la buscada ambivalencia del personaje y un canto que saboreó con fruición texto y música en sus dos arias"

La partitura, además de los tradicionales cortes de las arias de Marcellina y Basilio, ha sufrido algunos retoques, como algunos recitativos eliminados, con probabilidad por razones dramatúrgicas validadas por la dirección musical. Quien esperase que la presencia de Raphaël Pichon en el podio aportase una relectura a fondo en clave historicista de la música de Mozart se llevaría una sorpresa. Cierto, hubo ornamentación ocasional de las líneas vocales, el fortepiano se mostró hiperactivo más allá de los recitativos y las texturas eran más aireadas, los detalles de las maderas más prominentes y los acentos del metal más marcados, sin que por ello la Filarmónica de Viena renunciara a su tradicional hedonismo sonoro. Un hedonismo que le fue de maravilla al director francés para subrayar la sensualidad de muchos pasajes, dentro de una versión de tiempos en general moderados. Pichon buscaba en todo momento que el gesto musical complementara el sentido último del texto, aún a riesgo de hacer peligrar la arquitectura global del discurso. En todo caso, su debut con la mítica orquesta fue auspicioso.

Figura central del montaje, el Cherubino de Lea Desandre fue también una de las interpretaciones más destacadas, con un físico ideal para la buscada ambivalencia del personaje y un canto que saboreó con fruición texto y música en sus dos arias. Era del todo comprensible que la Condesa y Susanna cayeran rendidas a sus pies en “Voi che sapete”. La Rosina de Adriana González brilló gracias a un timbre carnoso y un arte consumado del canto en pianísimo. La dignidad del fraseo de la soprano guatemalteca se complementaba a la perfección con la voz aterciopelada de un Andrè Schuen más cómodo aquí como Conde que como Figaro hace dos años en Aix-en-Provence. El carácter petulante del personaje nunca estuvo en duda y cabe aplaudir, además, su sangre fría: no era nada fácil cantar su aria mientras era vestido, de los pies a la cabeza, por la prostituta con la que acababa de retozar Almaviva.

La pareja de criados fue más contrastada, tanto a nivel físico como vocal. Krzysztof Bączyk fue un Figaro truculento, un sicario de voz engolada frente a la Susanna cristalina de Sabine Devieilhe. La soprano francesa continúa con su evolución hacia papeles más líricos, y aunque el centro aún puede ganar peso, su “Deh, vieni, non tardar” fue delicioso. Kristina Hammarström (Marcellina algo ajada), Peter Kálmán (Bartolo rotundo), Manuel Günther (Basilio insidioso), Andrew Morstein (Don Curzio histriónico), Serafina Starke (Barbarina de sonido algo fijo) y Rafał Pawnuk (episódico Antonio, un personaje con quien la producción no sabía qué hacer) completaron con corrección el reparto. Para explorar el trasfondo oscura de esta folle journée, también con tiempos musicales moderados, la versión de Claus Guth y Nikolaus Harnoncourt hace más de dos décadas en el mismo festival continúa siendo una referencia imbatible.  * Xavier CESTER, corresponsal en Salzburgo de ÓPERA ACTUAL