Fiesta drag en la nueva producción de 'Die Fledermaus'

Múnich

27 / 12 / 2023 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 4 min

Print Friendly, PDF & Email
fledermaus múnich La nueva producción de 'Die Fledermaus' de Barrie Kosky en Múnich © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL
fledermaus munich Georg Nigl y Diana Damrau en 'Die Fledermaus' © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL
múnich fledermaus La nueva producción de 'Die Fledermaus' de Barrie Kosky en Múnich © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL

Bayerische Staatsoper

Strauss: DIE FLEDERMAUS

Nueva producción

Georg Nigl, Diana Damrau, Martin Winkler, Andrew Watts, Sean Panikkar, Katharina Konradi. Dirección musical: Vladimir Jurowski. Dirección de escena: Barrie Kosky. Nationaltheater, 23 de diciembre de 2023.

Para las fechas navideñas muchos teatros de ópera deciden adoptar un modo más festivo y ligero, incluyendo el género para nada menor de la opereta en sus programaciones. Es el caso de la Bayerische Staatsoper, que puede lucir una larga historia con una de las piezas señeras, Die Fledermaus de Johann Strauss, incluyendo un montaje con el legendario Carlos Kleiber. Para la última nueva producción del año, la compañía bávara ha contado con un director de escena de reconocida experiencia en el ámbito de la opereta, incluyendo la recuperación de títulos olvidados durante su etapa al frente de la Komische Oper de Berlín.

Sin buscar tres pies al gato, Barrie Kosky firma en la Ópera bávara un montaje colorista, ágil y, en definitiva, muy entretenido, con apuntes interpretativos que, sin ser desarrollados a fondo, evitan caer en una excesiva literalidad. Todo arranca como una pesadilla para Eisenstein, perseguido por un grupo de murciélagos bailarines por las calles de una Viena decimonónica, recreadas a través de diversas fachadas de edificios de la capital austríaca situadas en módulos móviles. De hecho, el propio decorado de Rebecca Ringst participa del baile general, mostrando en la parte posterior todo su artificio teatral. La fiesta en el palacio de Orlofsky se convierte en un gran espectáculo de drags y otros personajes travestidos (momento en el que reluce el vestuario de Klaus Bruns), con las diferentes piezas de la partitura transformadas en números de revista con su vibrante y, en ocasiones, insinuante coreografía (a cargo de Otto Pichler). El tono se relaja en el momento de comunión que es Brüderlein, antes que el decorado se despoje de las fachadas y deje a la vista su carcasa de escaleras y plataformas. Una manera con la que el director también nos indica que tras la fachada despreocupada de los personajes se esconde una realidad menos complaciente, en este caso construida sobre la mentira.

"Diana Damrau debutaba como Rosalinde, con la impecable musicalidad de siempre, aunque el agudo se ha endurecido y el centro no siempre tenía la consistencia ideal"

En este marco laberíntico para la prisión del último acto, el sentido del humor de Kosky, hasta entonces algo obvio, aunque efectivo, brilla con más fuerza. El carcelero Frosch se multiplica por seis, el primero de los cuales, Max Pollak, recibe la ovación más generosa de la noche de estreno gracias a un impagable número de claqué y percusión corporal sobre la Pizzicato-Polka, mientras que el Frank de Martin Winkler, ataviado solo con un tanga plateado y zapatos de tacón, protagoniza un hilarante momento de comedia física. Y es que tras la fiesta viene la resaca, como bien recuerda un Kosky que mueve bien los hilos de una trama, en el tercer acto, bien endeble hasta la reconciliación final de Eisenstein y Rosalinde.

Vladimir Jurowski no es un novato en Die Fledermaus, partitura que ya dirigiera cuando era el director musical del Festival de Glyndebourne. El actual titular de la compañía muniquesa elimina cualquier exceso de grasa o de crema sonora para ofrecer una lectura esbelta a la vez que chisporroteante de la opereta de Strauss. La batuta del músico moscovita aplica una extrema lucidez tanto a las texturas sonoras (con una madera deliciosa descollando en una orquesta excelente) como a la pulsión rítmica de la obra, consiguiendo pasajes de una energía bien focalizada, combinadas con momentos de bienvenida elegancia. El coro se disfraza y baila más que canta, pero tuvo el buen nivel que se espera en este teatro.

El reparto en muchas ocasiones primó la energía escénica y la rotundez del texto a la estabilidad de la línea canora, sin que ello afectara el resultado global. Buen ejemplo fue el hiperactivo Eisenstein de Georg Nigl, único vienés del cast, barítono de repertorio amplísimo (del Barroco a la creación contemporánea) cuyo timbre claro era ideal para el papel. Diana Damrau debutaba como Rosalinde, con la impecable musicalidad de siempre, aunque el agudo se ha endurecido y el centro no siempre tenía la consistencia ideal. El atlético Alfred de Sean Panikkar derrochó simpatía y gallardía tenoril, Katharina Konradi desplegó agilidad y picardía como Adele, Markus Brück fue un notable Falke y Kevin Conners un ajustado Dr. Blind. En el contexto drag del segundo acto, era lógico asignar el papel de Orlovsky a un contratenor (decisión que no es inédita), en este caso Andrew Watts, quien llevó con aplomo el voluminoso vestuario a su cargo, incluida una enorme falda con miriñaque en el final. La adecuación vocal, con registros desiguales y un agudo estridente, es otra cuestión, que no empaña el carácter festivo de la representación.  * Xavier CESTER, crítico de ÓPERA ACTUAL