Federico Chueca… ¿en 2024?

Madrid

26 / 02 / 2024 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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chueva madrid La versión de 'El año pasado por agua' del Proyecto Zarza del Teatro de La Zarzuela © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
chueva madrid La versión de 'El año pasado por agua' del Proyecto Zarza del Teatro de La Zarzuela © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
chueva madrid La versión de 'El año pasado por agua' del Proyecto Zarza del Teatro de La Zarzuela © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL

Teatro de La Zarzuela

Chueca y Valverde: EL AÑO PASADO POR AGUA

Proyecto Zarza

Actores y cantantes del Proyecto Zarza 2024. Adaptación del texto: Enrique Viana. Dirección de escena: Marta Eguilor. Dirección musical: Lara Diloy. 24 de febrero de 2024.

El año pasado por agua es una de las obras maestras de Federico Chueca y Joaquín Valverde, y una de las joyas de la lírica española. Debería aparecer regularmente en el repertorio de un teatro nacional como el de La Zarzuela, aunque a falta de eso hay que contentarse, y alegrarse, con que reaparezca en el Proyecto Zarza, el muy meritorio programa de difusión de la zarzuela entre jóvenes, dirigido como está, sobre todo, al público escolar (ver previa en este enlace). También ofrece funciones abiertas a todo tipo de público, como esta que se comenta aquí, con una tipología de asistentes muy variada, desde el de más edad que suele acudir fielmente al coliseo de la calle Jovellanos —como se decía antes, seguramente ya en tiempos de Chueca— hasta familias con niños. Doble reto, nada sencillo, abordado con valentía por los responsables de Zarza y por el Teatro.

"Bien los cantantes, con un excelente Marcelo Solís como Neptuno y una Nuria Pérez que con inteligencia sacó todo el partido posible a un instrumento reducido. La función respetó íntegros los famosísimos números musicales"

El formato obliga a una reducción muy consistente de los efectivos orquestales, bien conseguida por Adrián Arachavala, a cargo de la viola: de una orquesta de tamaño importante, se pasa a ocho instrumentistas, con piano y acordeón. Sea lo que sea, no se pierde la gracia ni la elegancia, y se subraya la transparencia y la extraordinaria ligereza de la partitura. Así lo comprendió Lara Diloy en el podio, con una lectura fina, animada y nerviosa, por mucho que el ruido del escenario tapase a veces —un poco paradójicamente— al conjunto camerístico. Bien los cantantes, con un excelente Marcelo Solís como Neptuno y una Nuria Pérez que con inteligencia sacó todo el partido posible a un instrumento reducido. La función respetó íntegros los famosísimos números musicales y —casi del todo— la letra de estos, con un gracioso chotis añadido para la Cibeles, procedente de Los babilonios, estrenada en 1949 por Ernesto Pérez Rosillo, autor de otra revista titulada El año pasado sin agua. Había que adaptar el texto, claro está, porque la obra pertenece a ese género que ofrecía un resumen satírico, comentado con música, de lo acontecido en el año del estreno, en su caso 1889. Responsable del arreglo ha sido Enrique Viana, espíritu burlón y excesivo que, siguiendo una pendiente propiamente suya, acumuló chistes, guiños y alusiones hasta el punto de hacer difícil de entender lo ocurrido y tener que forzar una y otra vez el aplauso de un público excelentemente dispuesto. Seguramente habría bastado con elegir una línea —por ejemplo la del cambio climático, sin necesidad de embutir una filípica superpolíticamente correcta— para realzar y traer a la actualidad el libreto del gran Ricardo de la Vega. Claro que hoy nadie hace bromas sobre ciertos asuntos…

La dirección de escena de Marta Eguilor cayó en la misma tentación, empujada por la decisión, escasamente imaginativa y teatralmente un poco pesada, de hacer de las campanadas de medianoche el hilo conductor de la función. La muy fácil referencia a Chueca autorizaba, por otra parte, cualquier broma. El Neptuno barbudo aparecía con medias y ligas, el coro —no muy ducho en las artes de Terpsícore— sistemáticamente travestido, y la Chula reconvertida en una vedette, algo que contradice del todo el alma y la naturaleza del personaje, prima carnal de la Menegilda de La Gran Vía.

Función entretenida a ratos, y bien recibida, aunque no está claro si convertir El año pasado por agua en una revista de provincias de los años 70, con el destape como guion estético, resulte de verdad una actualización de la obra a 2024. Algo más de pesquis y de sindéresis no vendría mal.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL