Fatma Said, 'la diseuse'

Barcelona

28 / 05 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Fatma Said Fatma Said © Warner Classics / Josef FISCHNALLER

Palau de la Música Catalana / CNDM

Recital de FATMA SAID

Obras de Ravel, Schumann, Mandelssohn, Abdel-Rahim, Bizet, Poulenc, Obradors, Nin, Serrano y Chapí. Malcolm Martineau, piano. Petit Palau, 27 de mayo de 2021.

Volvió Fatma Said a Barcelona tras un primer recital en octubre pasado en el Festival Life Victoria, ocasión en la que dejó un buen sabor de boca y permitió descubrir a una intérprete singular. Ahora, en colaboración con la Asociación Franz Schubert de Barcelona y el CNDM, se presentó en el Petit Palau, sala que, pese a las actuales circunstancias, prácticamente llenó el aforo, algo inusual en un recital de Lied de una joven en los inicios de su carrera.

Y es que todo lo que rodea a Said tiene cierto componente de fenómeno. La intérprete, más allá del aparato mediático, tiene un carisma y un magnetismo innegable, tanto escénico como vocal. Su origen egipcio y su reivindicación desde una perspectiva de mujer empoderada aporta, sin duda, un plus de interés a su figura. En este mismo recital se escucharon frases extemporáneas de apoyo desde la platea con ramo de flores de una fan entusiasta, incluido. En definitiva, lo que puede resumir el fenómeno es que el mundillo ya se refiere a ella y la reconoce como Fatma a secas, distinción habitualmente otorgada a las grandes.

Si su primer recital en Barcelona estuvo centrado en su debut discográfico, El nour, en el que combinaba música española, francesa y oriental, en este caso el interés era escucharla en un repertorio liederístico. El programa previsto inicialmente incluía, entre otras obras, el Liederkreis Op. 39 de Robert Schumann, inscribiéndose el recital en un proyecto a largo plazo propuesto por la Asociación Franz Schubert centrado en el diálogo entre la obra de Schumann y la música de origen o influencia mediterránea. Finalmente, al parecer por problemas de ensayos debidos a las limitaciones para viajar, Fatma Said y Malcolm Martineau cambiaron el programa por otro que ya habían interpretado. Así, el ciclo de Schumann fue sustituido por un bloque de cinco canciones del compositor seguido de tres piezas de Mendelssohn.

"Lo que más destaca en Fatma Said es la belleza y personalidad del timbre, así como una  amplísima paleta de dinámicas y colores, especialmente entre el piano y el pianissimo"

El recital arrancó con fuerza, pues las Cinq mélodies populaires grecques de Ravel se adaptan como un guante a la personalidad y vocalidad de la soprano. La sensualidad del timbre y su adecuación estilística, así como una expresividad natural y, sobre todo, una gama de colores y de nuances amplísima pusieron de manifiesto que, en este repertorio, Said se encuentra como pez en el agua. La voz no posee gran volumen, aunque gana en armónicos en el registro agudo. Lo que más destaca es la belleza y personalidad del timbre, así como una  amplísima paleta de dinámicas y colores, especialmente entre el piano y el pianissimo, que la soprano domina con maestría técnica. Todo ello se pudo apreciar tanto en el Ravel inicial como en las piezas de Bizet y Poulenc posteriores en las cuales la cantante se reveló como una gran diseuse, desgranando los textos con intención y expresividad. Sin duda fue lo mejor de un recital que tuvo en Martineau el complemento ideal. El pianista escocés, uno de los mejores en su especialidad, dio una lección de cómo se debe respirar y acompañar a una cantante aportando siempre expresividad y energía desde el teclado. La compenetración entre ambos intérpretes fue absoluta y clave en el éxito del recital.

Con el bloque dedicado a Schumann, pese a su innegable calidad, la soprano mostró más limitaciones. Por un lado vocales debido a cierta falta de contundencia en el centro, como se puso de manifiesto en «Widmung«. Por otro, estilísticas. Said se formó en la escuela alemana de El Cairo y el dominio del idioma es evidente y absoluto, pero su marcada personalidad vocal no parece sentirse tan ad hoc y no brilla tanto en un género tan riguroso a nivel estilístico como el Lied. Cantó tanto Schumann como Mendelssohn con elegancia (excelente «Andres maienlied»), porque tiene clase y es incapaz de cantar mal, pero su enfoque antepone el virtuosismo tímbrico a la palabra como vehículo de expresión. Todo ello plantea la cuestión de hacia qué territorios querrá llevar su trayectoria una cantante que no tiene inconveniente en proclamar que no está interesada en una carrera operística al uso.

El recital concluyó con música española, un repertorio por el que la soprano ha proclamado más de una vez su amor incondicional. Interpretó «Del cabello más sutil«, «Minué cantado» de Nin, «Marinela«, de Serrano y «Canción de Pastora«, de Chapí. Su acercamiento a estas piezas, una vez más, destacó por el juego tímbrico y un amplio abanico de matices que aportan gran expresividad. La pronunciación está trabajada aunque se percibe que no habla el idioma en el tratamiento de la prosodia de algunos pasajes. Pese a ello, gracias a su innata capacidad comunicativa, consiguió emocionar en pasajes de «Marinela«, algo sin duda inusual. Culminó con una brillante interpretación de «La tarántula» muy bien articulada y plena de gracia, y una exquisita «Les chemins de l’amour» entre el entusiasmo de un público que se quedó con ganas de más.