Extraña manera de contar una historia

Lille

15 / 03 / 2024 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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wagner lille 'Tristan und Isolde' en la Opéra de Lille © Opéra Lille

Opéra de Lille

Wagner: TRISTAN UND ISOLDE

Daniel Brenna, Annemarie Kremer, Marie-Adeline Henry, Alexandre Duhamel, David Steffens, David Ireland, Kaëlig Boché, Laurent Bourdeau. Dirección musical: Cornelius Meister. Dirección de escena: Tiago Rodrigues. 13 de marzo de 2024.

 

En esta versión de Tristan und Isolde de la Opéra de Lille, el director Cornelius Meister lanzó el célebre acorde inicial partiendo de un volumen piano casi inaudible. Mantuvo luego una atención indefectible para con sus músicos y se mostró fiel a la partitura sin buscar efectos ni protagonismo. Si por momentos sobrepasó el volumen de las voces –entre otras, no tuvo en cuenta que Brangäne cantaba de espaldas su fabulosa llamada–, en conjunto acompañó a los cantantes con atención y tuvo gran cuidado en no entorpecer el canto de la protagonista. Dos de los solistas instrumentales –corno inglés y clarinete– fueron justamente aplaudidos al final de la velada. El coro de la Opéra de Lille –Louis Gal–, situado en los pisos superiores de la sala, actuó llanamente en todas sus intervenciones.

Vaya por delante que todos los solistas, con la excepción de Annemarie Kremer, cantaron sus roles por vez primera. Algo tardaron los dos protagonistas en mostrar de lo que eran capaces; tras un primer acto del todo acaparado por el director de escena, con los cantantes en la parte mediana del escenario y un segundo en el que solo brilló soberbia la tirada del rey Marke –David Steffens–, Daniel Brenna –Tristan–, amparado por Alexandre Duhamel, insuperable Kurwenal, libró un tercer acto digno de los mejores. Por su parte, Annemarie Kremer –Isolde– aun con una emisión de limitado espectro para el rol, creó un gran momento de emoción redentora en su intervención final.

"Annemarie Kremer –Isolde– aun con una emisión de limitado espectro para él role, creó un gran momento de emoción redentora en su intervención final"

Además hay que destacar la bella prestación de Marie-Adeline Henry, Brangäne expresiva, solicita para con Isolde, con una emisión de ancho espectro y aterciopelado timbre, dramáticamente perfecta. No hay que olvidarse tampoco de David Ireland, impecable Melot y el personaje del Pastor interpretado por Kaëlig Boché, no menos apreciado. Laurent Bourdeau –el Timonel– llevó a buen puerto su cantar.

Tiago Rodrigues, director de teatro de buena reputación, se aventuró por vez primera, con pie firme, en el mundo de la ópera. Pensó que los textos de Richard Wagner, por prolíficos y por herméticos, serían difíciles de comprender al público llano y reescribió la historia a su manera, vale decir con una sintaxis mínima, un contenido poético nulo y aquí y allá, puntos de humor de su cosecha. Para más inri, en sus textos, Brangäne y Kurwenal se convirtieron en amigos de Isolde y de Tristan y el rey Marke en un hombre de poder: una forma sencilla de borrar la monarquía y las diferencias sociales. Más difícil todavía: todos los personajes perdieron sus nombres propios bajo la pluma del improvisado libretista: Tristan se convirtió en el hombre triste y Kurwenal consiguientemente fue el amigo del hombre triste. El director de escena presentó el conjunto de su trabajo (centenares de rótulos) en forma de tiras de cartón o de plástico difíciles de leer por distancia y movimiento, que dos bailarines –Sofia Dias y Vitor Roriz– fueron extrayendo de una inmensa biblioteca. Seguir la romántica historia fue del todo imposible.

Termínese con un bravo sincero por la escenografía de Fernando Ribeiro: la biblioteca mencionada, vehículo usado por los protagonistas para atravesar el mar de Irlanda, fue transformada primero en un jardín y luego en el castillo de Karéol, con retoques de buena ley.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL