Éxito rotundo en el MET de la mano de Philip Glass

Nueva York

10 / 12 / 2019 - Rebeca BLANCO PRIM - Tiempo de lectura: 3 min

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AKHNATEN El contratenor Anthony Roth Costanzo como Akenatón © The Metropolitan Opera / Karen ALMOND
AKHNATEN Akenatón, Nefertiti y la Reina Tye en el trío final © The Metropolitan Opera / Karen ALMOND

The Metropolitan Opera

Glass: AKHNATEN

Estreno en América

Anthony Roth Costanzo, J’Nai Bridges, Dísella Lárusdóttir, Aaron Blake, Zachary James. Dirección: Karen Kamensek. Dirección de escena: Phelim McDemortt. 7 de diciembre de 2019.

Tras su exitoso estreno de 2016 en la English National Opera de Londres, el Metropolitan de Nueva York no podía dejar fuera de su repertorio esta exquisita producción de Phelim McDemortt. Aunque Philip Glass es uno de los compositores más conocidos y respetados de la actualidad; su música siempre ha sido difícil de encuadrar en la escena de los grandes teatros del mundo. El Met ahora puede decir con orgullo que acertó al incluir esta producción entre sus aclamadas Bohème o Manon, siendo una de la más taquillera de los últimos años y dejando en Sold Out sus taquillas casi desde el minuto de salida de sus entradas. Probablemente será de lo mejor y más novedoso que pueda verse por un largo tiempo en su escenario.

"'Akhnaten', ópera en tres actos, se basa en la vida y en las convicciones religiosas del faraón egipcio Akenaton, quien rechaza la idea del politeísmo instaurado en Egipto"

Según Glass, esta ópera es la culminación de una trilogía que incluye Einstein on the Beach y Satyagraha, que se inspiran en la vida de Einstein y Ghandi respectivamente. Después de hablar de ciencia y política el compositor decidió terminar con la historia del promotor y pionero del monoteísmo. Akhnaten, ópera en tres actos, se basa en la vida y en las convicciones religiosas del faraón egipcio Akenatón, quien rechaza la idea del politeísmo instaurado en Egipto y pretende durante su reinado que Atón, dios de la vida en la tierra representado por el sol, se convierta en el dios único.

Akhnaten no es fácil de llevar a escena y no sigue las estructuras narrativas convencionales al contar con demasiados ritmos y estructuras repetitivas. Así, McDermott hace uso de unos malabaristas de circo que actúan como eco de las líneas de lo que ocurre en el foso e ilustran visualmente notas ascendentes y descendentes para los espectadores. Además, el director de escena decidió combinar una pulcra sencillez con elementos altamente llamativos en su escenario. Colores rojizos y naranjas que contrastan con los desnudos de los malabaristas y de sus pelotas de playa incoloras. Los magníficos trajes de Kevin Pollard mezclan la pulcritud del estilo egipcio con la ostentosidad dorada victoriana.

El primer acto ya impacta con la aparición de Anthony Roth Costanzo desnudo en el nacimiento de Akenatón; el contratenor ofreció una noche maravillosa con una voz extremadamente femenina que le hace único y que se adapta al papel a la perfección. Su voz es liviana pero de gran proyección y su técnica vocal increíble, lo que le permite llenar el teatro sin ser excesivamente llamativo en el volumen. Destacó especialmente J’Nai Bridges en el papel de Nefertiti; la mezzosoprano, que hacía su debut en el teatro, no solo acompañó perfectamente a Constanzo, sino que le complementó con su redonda y apoyada voz oscura. La soprano sella Lárusdóttir como Reina Tye también supo acoplarse en el trío final; acertada para el papel, fue la pieza que culminó el puzzle.

El tenor Aaron Blake brilló como Gran Sacerdote de Amón a pesar de tratarse de una difícil tesitura. Por último cabe destacar a Zachary James en el papel de Amenofis III, el padre de Akenaton, quizá una de las mejores intervenciones de la noche: su complexión majestuosa y su imponente resonancia vocal dieron al personaje la importancia que merecía. Aunque su papel no goza de grandes arias sino que tira de recitativos en su totalidad, acaba siendo un protagonista más.

El Coro del Met tuvo una de sus actuaciones más monumentales, no solo cantando en una variedad infinita de idiomas si no ofreciendo un Funeral of Amenhotep III” emocionante y pletórico. Desde el podio, Karen Kamensek artífice de todo lo ocurrido en este regalo del Met, supo hacerse cargo de la orquesta adecuadamente. Aunque descompasada en algunos momentos –Glass requiere ser como un metrónomo–, fue por el contrario equilibrada en color, fluida y mantuvo durante toda la noche un sonido cálido.