Éxito apoteósico en el regreso de Alagna a La Scala

Milán

17 / 10 / 2022 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 4 min

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fedora-operaactual-scala Una escena de la nueva producción de 'Fedora' © Teatro alla Scala / Marco BRESCIA y Rudy AMISANO

Teatro alla Scala

Giordano: FEDORA

Nueva producción

Sonya Yoncheva, Serena Gamberoni, Roberto Alagna, George Petean, Caterina Piva, Cecilia Menegatti, Carlo Bosi, Devis Longo, Andrea Pellegrini. Dirección musical: Marco Armiliato. Dirección de escena: Mario Martone. 15 de octubre de 2022.

Fedora volvió al Teatro alla Scala tras las funciones de 2004 y con ella lo hizo Roberto Alagna, tras el incidente de la función de Aida del 11 de diciembre 2006. Éxito apoteósico para el tenor ítalo-francés, al que los melómanos milaneses esperaban con ansia. Asimismo, hubo aislados abucheos a la protagonista, la soprano búlgara Sonya Yoncheva, y más numerosos a los responsables de la vertiente escénica: Mario Martone, regista, Margherita Palli, que firma el decorado, Ursula Patzak, responsable del vestuario, Pasquale Mari (iluminación) y Daniela Schiavone, coreógrafa.

El drama de Sardou, que cedió a las presiones de Giordano tras el éxito que este obtuvo con el precedente Andrea Chénier, escrito para Sarah Bernhardt en el que triunfó Eleonora Duse, no se presta a las actualizaciones. ¿Que se trata de un cromo Liebig? Puede ser, pues, pertenece a la época en que se inventó ese cubito de caldo. Es una pieza que de ese perfume Art Nouveau precisamente respira y necesita. En ella se cruzan princesas rusas, condesas, espías, pianistas polacos, trineos, nihilistas –ya que los bolcheviques aún no existían– y el atentado al Zar, este si real, en el que fue asesinado Alejandro II un 13 de marzo de 1881. Empezar la ópera con una tele en la que se retransmite un partido de futbol, o inspirarse a los cuadros de Magritte, Los amantes y El asesino amenazado, este reconstruido en la escena final, no dejan de ser banalidades la primera y un inútil ejercicio intelectual el segundo. Por no hablar de otros detalles incoherentes, porque en lo que se refiere a la actuación de los intérpretes todo fue de lo más rutinario.

"Roberto Alagna es uno de los pocos artistas que hoy llegan a emocionar, siendo su llanto casi contagioso y su participación tan entregada y realista"

En los dos roles di fianco, en medio de una multitud de pequeñas partes, eso si todas expuestas, han destacado la brillante Olga de la soprano Serena Gamberoni, la que cantó con perfecta musicalidad y excelente línea ya las breves frases de “Vi presento Lazinsky” y el arietta del champagne de la Viuda, demostrándose también hábil ciclista en el último acto, y el buen hacer del barítono George Petean, De Siriex que ha compuesto una divertida “La donna russa”. Mención merece el mezzosoprano Caterina Piva en el episódico rol de Dimitri en el primer acto, así como la entonada voz blanca de Caterina Menegatti, el pequeño saboyano que canta “la montanina”.

Sonya Yoncheva está dotada de gran temperamento para interpretar este rol paradigmático de gran actriz dramática, pero eso no es suficiente, ya que la voz, fácil en el agudo, sufre de entubamiento y resulta gutural en la zona medio-grave, que suena artificiosa, amén de una dicción mejorable, lo que no le ayuda a definir claramente la palabra cantada. Seguramente su Fedora irá creciendo a lo largo de las siguientes funciones.

Pero motor trajinante de estas funciones, todo hay que decirlo, ha sido Roberto Alagna. Cumplidos los 59 años se encuentra en una fase vocal y física espectacular. No fue solo por su “Amor ti vieta”, que por ser el aria más famosa de la ópera volcó el teatro en un primer ruidoso aplauso, porque también encandilaron sus frases en los dúos con Fedora, el primero con acompañamiento de piano (este en el foso, en escena un figurante) y los otros dos en el final del segundo acto y en el dramático final de la ópera. Este artista es uno de los pocos que hoy llegan a emocionar, siendo su llanto casi contagioso y su participación tan entregada y realista. Bravo por él y bentornato alla Scala.  * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL