Excelencia musical en el 'Rigoletto' de la discordia

Bilbao

19 / 02 / 2024 - Nora FRANCO MADARIAGA - Tiempo de lectura: 3 min

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rigoletto bilbao Sabina Puértolas (Gilda) cantando el aria "Caro nome" © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL
rigoletto bilbao Amartuvshin Enkhbat como Rigoletto junto a la Gilda de Sabina Puértolas © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL
rigoletto bilbao Ismael Jordi como Duque de Mantua © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL

ABAO Bilbao Opera

Verdi: RIGOLETTO

Amartuvshin Enkhbat, Sabina Puértolas, Ismael Jordi, Carmen Topciu, Emanuele Cordaro, Fernando Latorre, Marifé Nogales. Dirección musical: Daniel Oren. Dirección de escena: Miguel del Arco. Palacio Euskalduna, 17 de febrero de 2024.

El revuelo que produjo este Rigoletto de Miguel del Arco en el Teatro Real el pasado diciembre había animado, sin duda, la expectación por verlo en Bilbao. Algunos lo esperaban con los cuchillos afilados y la mayoría con simple curiosidad, pero, como suele pasar con estos escándalos en diferido, el público salió del estreno con la sensación de que no había sido para tanto el alboroto como el que se montó en Madrid. Y es que unas mujeres desnudas y unos movimientos procaces –sicalípticos, como bien definió José María Marco en esta misma publicación (ver crítica en este enlace)– ya no escandalizan a casi nadie.

También es verdad que, en el caso de ABAO Bilbao Opera (ver previa en este enlace), la calidad musical fue tal que hubiera eclipsado cualquier puesta en escena, por muy llamativa que fuese. De hecho, uno de los protagonistas más destacados de la velada fue Daniel Oren, quien desde el podio consiguió no solo una versión muy coherente y cohesionada de la ópera, sino que escogió unos tiempos muy acertados, controló en todo momento cuanto pasaba en foso y escena, manejó equilibrios y obtuvo una riqueza musical extraordinaria. La Bilbao Orkestra Sinfonikoa le respondió con maestría, firmando una velada de altura.

También lo hicieron todos los cantantes que pisaron las tablas del Euskalduna, desde el coro masculino, empastado, enérgico y resuelto, pasando por todos los pequeños papeles –entre los que hay que destacar la voz gentil y serena de Marifé Nogales como Giovanna, el brillo de José Manuel Díaz como Marullo y el cálido lirismo de Fernando Latorre como Conte di Monterone– hasta llegar a los roles principales.

"El tenor jerezano Ismael Jordi encarnó al Duque de Mantua con una voz natural, elegante y rica en colores; con mucha inteligencia, aprovechó las sutilezas orquestales de Oren para conformar un canto ligero"

Emanuele Cordaro presentó un Sparafucile de voz algo más clara de lo que suele ser habitual en este papel, pero que interpretó con credibilidad y resolvió adecuadamente esas esperadas notas del extremo grave. La mezzosoprano rumana Carmen Topciu sorprendió con una Maddalena compleja y bien construida dramáticamente, de voz corpórea, registro homogéneo y oscura belleza. El tenor jerezano Ismael Jordi, por su parte, encarnó al Duque de Mantua con una voz natural, elegante y rica en colores; con mucha inteligencia, aprovechó las sutilezas orquestales de Oren para conformar un canto ligero, libre y cómodo que le permitió pianos y filados de exquisito gusto, además de un registro agudo sin aristas.

Y si hasta aquí todo habían sido aciertos, donde se destapó el frasco de las esencias fue con el padre y la hija de este drama. Sabina Puértolas cantó una Gilda inmaculada, de espléndida actitud teatral y delicioso canto; además de su personal timbre, sobresalió su esmerado fraseo, su delicada línea y su desbordante talento, dejando para el recuerdo un emocionante “Caro nome”. El barítono mongol Amartuvshin Enkhbat convenció desde su primera nota con una voz oscura, timbrada, de técnica impecable y apabullante dominio del rol; de presencia escénica algo fría, lo compensó con creces con una voz de enorme expresividad y una esmeradísima prosodia que deleitó al público bilbaíno.

Redondeó la velada la escenografía de Sven e Ivana Jonke, que funcionó a las mil maravillas y aportó novedad, interés y funcionalidad a partes iguales. Lástima no poder decir lo mismo de las once bailarinas –de intachable y profesional trabajo, vaya por delante– con su soez y espasmódicos movimientos que, si bien ya no escandalizan, tampoco suman.  * Nora FRANCO MADARIGA, corresponsal en Bilbao de ÓPERA ACTUAL